Ha sido un buen año.

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El 10 de junio estaba a la vuelta de la esquina, y no podía evitar la presión. El primer aniversario con Alejandra se acercaba, y yo... no sabía qué hacer. A veces sentía que no podía estar a la altura de lo que ella merecía. Había planeado algo, pero no estaba seguro de que fuera lo suficientemente bueno. Algo sencillo, algo que tal vez ni siquiera tuviera importancia para ella, pero era lo único que se me ocurría.

Aquel día quedé con Nelson para jugar una partida de tenis. Necesitaba despejarme, organizar mis pensamientos. Al llegar a las canchas de tenis en las Fuerzas Armadas, me di cuenta de que estaba solo. Miré alrededor, pero no vi a nadie.

¿Lo habrá olvidado? pensé. Miré mi reloj, había llegado a tiempo. La inseguridad me invadió por un momento, y entonces escuché su voz.
• Llegas tarde. - La voz de Nelson me hizo girar, y justo en ese momento, una pelota voló hacia mi cara.
• ¡Auch! Eso dolió! - Exclamé, frotándome la mejilla mientras veía a Nelson reírse.
• Hace mucho que no jugamos. - Dijo mientras se acercaba con la raqueta en la mano.
• Lo sé. - Respondí, sacudiendo la cabeza para despejarme. Algo tan simple como el tenis me estaba ayudando a alejar los pensamientos de la cabeza, aunque seguía sintiendo que algo no estaba bien.

Empezamos a jugar, el sonido de las pelotas rebotando contra el suelo llenaba el aire mientras conversábamos.
• Ya será un año después de aquello... - Comentó Nelson, mirando al horizonte.
• Jamás tuve tiempo de agradecerte... - Dijo, y mi mente se desvió a esos primeros días en que conocí a Alejandra, a la confusión, a la incertidumbre.
• La conozco gracias a ti. - Dijo con una sonrisa, y yo simplemente me encogí de hombros.
• No tienes que agradecerme, ya lo sabes. - Respondí, pero en el fondo me sentía culpable. No sabía si estaba haciéndolo bien, si lo que le ofrecía a Alejandra era suficiente.

Nelson sonrió burlonamente, y la siguiente pregunta me hizo reír a pesar de mi ansiedad.
• ¿Cómo toleras a una niña caprichosa? - Preguntó, con una sonrisa picaresca.
• No te distraigas. - Le respondí, pero el golpe de la pelota a su nariz no fue mi intención, aunque no pude evitar reírme mientras él se frotaba el rostro.

Nos sentamos al final del partido, y el aire fresco del atardecer me hizo pensar.
• ¿Qué piensas regalarle? - Preguntó Nelson, sacándome de mis pensamientos.
• Trataré de sorprenderla... - Respondí, aunque no estaba seguro de cómo sorprenderla. Quería que el día fuera perfecto, pero algo dentro de mí me decía que no estaba preparado.

08.07.11.

El 10 de julio se acercaba rápidamente, y aunque mi vida era algo rutinaria con mi trabajo de medio tiempo en McDonald's, no podía dejar de pensar en ese día. ¿Sería suficiente lo que estaba haciendo? A veces me sentía fuera de lugar, dudaba de mí mismo.

Decidí hacer algo simple, llevarla a comer a su lugar favorito, después dar un paseo por el parque, algo que nos permitiera estar tranquilos. Solo yo y ella. No necesitaba más.

10.07.11.

Finalmente, el día llegó.

Fui a su casa para buscarla, como siempre. Cuando la vi, me detuve un segundo. Su presencia me golpeó como un tsunami. Estaba hermosa, como siempre. Llevaba una camiseta de Guns N' Roses, con pantaloncitos cortos y medias de red. Parecía tan sencilla y tan perfecta al mismo tiempo.

Fuimos a nuestra pizzería favorita, "La Romana", donde solíamos ir a charlar sobre todo, pero hoy las palabras no fluían. A veces, cuando las palabras se vuelven innecesarias, el silencio se convierte en la compañía más cercana. Así fue esa tarde. Nos sentamos, comimos, pero cada uno estaba sumido en sus propios pensamientos.

Luego, fuimos a la heladería "París", como siempre. Pero esta vez, las palabras seguían faltando. Estábamos ahí, pero a la vez, estábamos en otro lugar. Yo quería hablar, quería decirle tantas cosas, pero algo dentro de mí me lo impedía.

Al final del día, la dejé en su casa, como siempre. Me despedí con un beso en la mejilla, no porque no quisiera besarla, sino porque algo en mi interior me frenaba. Sentía que algo no estaba bien, que había algo que no le estaba dando lo que necesitaba.

La vi entrar a su casa y me marché, pero el peso de la incertidumbre me acompañó. ¿Sería este el tipo de aniversario que ella esperaba? ¿Estaba haciendo lo correcto? Las dudas me azotaban, pero no sabía cómo enfrentarlas.

Distancias.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora