Capitulo 2.

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Seguido se le ve con ropa se sencilla pero eso no quita que sea de las mejores marcas, en su cintura resalta una glock con cachas diamantadas y en sus muñecas unas muy caras esclavas.

Siempre se le ve reservado y alejado del bullicio. Pero también ruleteando desde temprano multiplicando el oficio, asegurándose de que todo marche al 100.

Los lujos para él son necesarios más no es materialista, solo son como un recordatorio de quién es.

Todos saben que es humilde pero también cuidadoso pues la envidia suele ser invisible.

En su casa un león lo acompaña, y una mano amiga nunca le falta, por supuesto que andén en lo mismo y por su puesto que nunca se rajen.

Mucha gente pensó que cuando agarraron al patrón las cosas en el cartel iban a cambiar, pero ahora los menores ya se volvieron mayores, y lo que les sobra es gente.

El Álamo, Sinaloa. México.
Abril 03. 11:30 a.m.
Iván Archivado Guzmán 'El Chapito'

Don Ismael nos guío hasta su despacho, abrió la puerta y nos cedió el paso, cuando mis hermanos y yo nos encontrábamos adentro, entro él y detrás Vicente.

El despacho estaba lleno de fotos, más sin embargo solo una de ellas llamo mi atención, ésta está arriba del escritorio, en ella se encuentran don Ismael y mi jefe, estaban abrasados por los hombros y cada uno con la mano libre que tenían, tenían agarrado un cuerno de chivo, los dos tenían una sonrisa en la cara y se notaba a leguas que se querían como hermanos.

Bueno muchachos — hablo don Ismael haciendo que quitará mi atención de la foto — Los escucho.

— Como sabe — comencé — Desde que cada quien jalo por su lado los socios del extranjero cambiaron de proveedor.

— Estoy al tanto.

— Por eso mis hermanos y yo queremos volver a juntar el Cartel de Sinaloa, nosotros ya tenemos terrenos cubiertos a nuestro mando y con los que ustedes ya tienen podremos superar la producción de cualquier otro Cártel de droga en México y sus alrededores.

— Al parecer ya se les olvidó el por qué nos separamos — recordó don Ismael.

— Lo tenemos más que presente, padrino — hablo Ovidio — Pero a ninguno nos conviene que los gringos se nos volteen.

— Ustedes no dan paso sin huarache — hablo Vicente — Que es lo que quieren a parte de juntar el Cártel?

Iba a responder cuando Alfredo me gano la palabra.

— Queremos que el mando del Cártel quedé dividido en partes iguales entre los Guzmán y los Zambada.

— Que ninguna orden de lleve a cabo a menos de que las dos partes estén de acuerdo — continuo Ovidio.

— Las rutas se van a trazar entre los dos..

— Las rutas están trazadas y no se pueden modificar — me interrumpió Vicente alzando un poco la voz.

— Esas rutas los contras ya las tienen más que ubicadas, o acaso crees que las veces que a habido enfrentamientos cerca son por simples topones — dije y se quedó pensando — Como le decía don Ismael, se van a trazar nuevas rutas y lo vamos a hacer entre los dos y si se trata de nuevos negocios los dos vamos a ir al frente sin excepción alguna.

Don Ismael se quedó en silencio, creo yo pensando en que decidir, después de varios minutos por fin hablo.

— Me parece bien — dijo — Creo que es mejor dividir el mando a que acaben con el imperio, o tú qué opinas, Vicente?

— También creo que es mejor que el Cartel de Sinaloa vuelva a ser uno solo, a nadie con conviene que nos agarren desprevenidos y acaben con nosotros.

— Bueno — dije — Dichas y aclaradas las cosas, mañana vendremos con la mayor parte de nuestra gente pa' decirles a todos como quedan las cosas aquí.

— Por que no de una vez? — pregunto Vicente.

— Tenemos otros asuntos que tratar — respondio Alfredo.

— Además, no se cómo se lo tomara La Princesa, puedo asegurar que no le agrado nuestra presencia aquí — mencioné — Es de carácter fuerte la morra, sin mencionar que tarde que temprano se va a poner al frente del cartel, no me parece correcto que se entere al mismo tiempo que la demás raza.

— Tienes razón, Iván, no sería correcto — concordó don Ismael.

— Sin más que decir nos retiramos — mis hermanos y yo nos pusimos de pie — Y, Vicente — me volteo a ver — me alegra volverlo a ver, compa, pero está vez sin plomo de por medio.

— Nos estamos viendo, compa — asintió con la cabeza.

Desde que tengo memoria Vicente y yo nos vemos cómo hermanos, éramos compañeros de peda y siempre nos apoyamos en el hombro del otro, pero desde que los Zambada y los Guzmán jalaron cada quien por su lado nos dejamos de tratar, y siempre que nos topabamos las balas volaban por doquier.

Nos despedimos y salimos, íbamos en camino a la puerta principal cuando se escuchó una vocesita que venía desde la cocina, se escuchaba algo molesta y nos fue inevitable escuchar lo que decía.

Ya les dije que no me gusta ese wey, antes muerta que llegar a tener algo con el.

No supe de quién estaba hablando ya que al sentirnos pasar se quedó callada.

— No se calle, Camila — dijo Alfredo — Nosotros vamos de pasada.

— Se están tardando para salir, entonces — dijo ella.

— No se ponga fiera — le dije haciendo que se molestará un poco por el término que use — Ya nos vamos.

— Alabado sea...

— Ya mañana nos vemos — la interrumpí.

— De que hablas? — pregunto el Chino, quién no me había dado cuenta de que estaba sentado al frente de Camila.

— Al rato les dicen. Que pasen buenas tardes. — me despedi y salí de la casa junto con mis hermanos.

— Nomás no te cansas de hacer desatinar a la plebilla, ome — se rió Ovidio.

— Y ni me cansaré — dije subiendome a la troca.

De niños, mis hermanos y no pasábamos la mayor parte del tiempo con los Zambada, la gran amistad que tubo mi jefe con don Ismael hizo que casi nos viéramos como familia con todos. Sin embargo, con Camila siempre fue diferente.

Cada que podía le decía que era bien insoportable y que por eso nadie la quería, se enojaba y yo me divertía con eso. Siempre me encantó hacerla desatinar, y a pesar de todo lo que pasó hace unos años  y que la morra ahorita ni me trague siempre me resultará divertido ver cómo sus cachetes de sonrojan del coraje.

— Bueno, plebes — hablo Alfredo — Mucho bla bla bla y poco run run run — dijo dando referencia a que aún no arrancaba la camioneta en la que estábamos — Vamos llendo pal' rancho pa' dar una vuelta por El Dorado.

El llamado Triángulo Dorado es donde tenemos las mayores plantaciones de Mariguana y Amapola, ya tenemos rato que no vamos para allá, ya toca ir a ver cómo andan las cosas por allá.

— Amos pues — dijo Ovidio — Por que mañana va a ser un largo día.

Tiene razón, va ser un largo día dando explicaciones y arreglando que va a hacer cada quien.

— Pa' luego es tarde — dije y agarramos camino..

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Tarde pero seguro.
Pronto subire el próximo capitulo.
👋🏻

La Princesa | I.A.G.SDonde viven las historias. Descúbrelo ahora