Capitulo 11.

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Centro de Culiacán, Sinaloa. México.
Abril 13. 01:14 a.m.
Camila Zambada.

— Es todo, Señorita. Puede regresar a la sala de espera — me dijo la enfermera poniéndome un pequeño parche donde momentos antes había una aguja extrayendo sangre de mi brazo.

— Podría ver a Iván un momento? — pregunté.

— Por el momento no está permitido, lo siento...

— Por favor, solo unos minutos — pedí.

La enfermera dudo un poco.

— De acuerdo, pero que sea rápido, por favor — accedió para espués darme un traje quirúrgico, que constaba de una bata azul desechable, gorro, cubrebocas y guantes. — póngase esto y sigame.

Me puse el traje como pude, ya que el brazo de dónde me saco la sangre lo sentía algo adolorido.

Salimos del cuarto donde estábamos y me guío por el mismo pasillo hasta donde estaba Iván.

Al ir caminando pronto pude distinguir el cuarto donde se encontraba, pues Jesús estaba resguardando la puerta.

— Disculpe señor...

— 20, voy a pasar — interrumpí a la enfermera y Jesús solo asintió con la cabeza haciéndose a un lado para que pudiera entrar.

Le di las gracias a la enfermera y entre cerrando la puerta tras de mi.

— Iván... — hable en voz baja viéndolo.

Estaba recostado en una camilla con una mascarilla de oxígeno sobre su nariz y boca y los ojos cerrados. Tenía la parte del torso descubierta dejando a la vista el vendaje que tenía sobre el hombro derecho.

Avance lento hasta quedar a un lado de él y después roce levemente su mano.

— Archi... — volví a hablar.

No sabía exactamente que decir, o si debía decir algo, no tenía ni idea de si podía escucharme o no. Al final decidí quedarme callada, observándolo, poniendo atención a cada pequeño lunar que adornaba su rostro, paseé mis ojos sobre sus largas pestañas, sus cejas pobladas y ese mechón de cabello que siempre estaba sobre su frente.

Inconcientemente un recuerdo llegó a mi.

Flashback.

Sierra de Badiraguato, Sinaloa. México.
Diciembre 24. 6:30 p.m.
7

años atrás.

Era noche buena  y mi familia y yo nos encontrábamos en el rancho de don Joaquín. Mi papá había decidido pasar un par de días aquí para distraernos un poco del ambiente tan pesado que había en casa.

Hace unos meses mis papás asistieron al cumpleaños de uno de los tantos socios de mi papá, habían decidido no llevar tanta seguridad pues al ser cerca la dichosa fiesta no lo vieron tan necesario.

Pero ese fue su más grande error, cuando iban de regreso al rancho un convoy les cerró el paso y los acorraló, cuando la gente de mi papá comenzó a caer él decidió bajar para comenzar a disparar también, pero no se dio cuenta cuando mi mamá tomo una pistola que estaba en la guantera y por su cuenta comenzó a soltar un que otro disparo, lamentablemente gracias a la inexperiencia de mi madre, cuando se le terminaron las balas a la pistola no supo que hacer y en ese momento alguien disparo en su dirección y le pego a un costado de la frente ocasionando su muerte instantánea.

En esa ocasión mi papá pudo librarla, pero la muerte de mi madre fue un golpe muy grande para la familia, mis hermanos, a pesar de que no era su mamá biológica siempre le guardaron un gran cariño.

La Princesa | I.A.G.SDonde viven las historias. Descúbrelo ahora