Capítulo 20.

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Narrador omiscente. 

Esa noche, parte de los Ántrax y de la Gente Nueva salieron de Culiacán rumbo a San Luis Río Colorado.

Acatando las órdenes de sus jefes, en cuanto aterrizaron salieron del hangar en las camionetas que ya los estaban esperando y comenzaron a destruir todo lo que estaba a su paso. Dejando así el mensaje de que meterse con uno de ellos no era un juego.

Esa noche, fue de terror absoluto para los habitantes de Sonora.

Noticiero.

— La zona norte del estado de Sonora está a punto de ser declarada Zona de Guerra después de que integrantes del Cartel de Sinaloa ayanaran las calles de dicho estado, pues se rumora que uno de los cabecillas del Cartel del Pacifico Sur, tiene en su poder a la menor del clan Zambada, no se tienen detalles exactos.

.....

Claves.

Frecuencias de radio.

Narco bloqueos.

Tiroteos.

Carros y camiones en llamas.

Nadie iba a descansar hasta que La Princesa estuviera de regreso en casa. En la sierra de Sinaloa.

Iván Archivaldo Guzmán.

Que se reporte el 5, que se reporte.

Aquí el 5 reportándose en la entrada de San Luis bien pilas pa' activarnos y entrar.

— Arremanguense, plebes! — dije por medio del radio que me mantenía comunicado con mi gente — Busquen a La Princesa hasta por debajo de las piedras si es necesario. Que no quede ni un puto cabrón de pie. Eso sí, al H lo quiero vivo, a ese lo mato yo.

Como uste' diga, patrón.

En cuanto pisamos el suelo de San Luis todos supieron que íbamos a provocar una pesadilla. Que gracias a los Beltrán Leyva iban a pagar justos por pecadores.

Cuando salimos del hangar nos estaban esperando tantas camionetas que ni las conté. Eran puros empecherados con los rostros tapados, todos con uniforme y bien equipados, en los chalecos traían las siglas de CDS.

Todo era digno de una película de terror. Era de madrugada, unos cuantos gritos se escuchaban a lo lejos mezclados con el sonido de las balas, las calles eran alumbradas por las llamas de los carros que quedaban incendiados a nuestro paso, la tensión en el aire se podía sentir.

Ni siquiera el gobierno trato de detenernos.

Que quede bien claro que con el Cartel de Sinaloa no se juega, y mucho menos con un integrante de la familia.

Me llegaron unas coordenadas y el corazón me comenzo a latir con fuerza.

Aquí el Ratón se escuchó por el radio la voz de Ovidio — Ya tenemos ubicada la casa de seguridad donde la tienen.

Vigilenla hasta que lleguemos todos. Que no se nos vayan a pelar — ordenó Vicente.

La adrenalina la tenía al tope. Sin pensarla le pise hasta el fondo al acelerador y me comenzé a dirigir hacia donde tenían a mi princesa.

Minutos después pude ver a lo lejos como un chingo de trocas comenzaban a rodear una casa de dos pisos algo descuidada, mandé a una parte de la gente que iba atrás de mi a revisar los alrededores. Toda la zona estaba sospechosamente tranquila.

La Princesa | I.A.G.SDonde viven las historias. Descúbrelo ahora