Capitulo 16.

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Iván Archivado Guzmán.

Que esperas, wey, ve siguetela — me dijo Ovidio cuando Camila cerro la puerta principal detrás de ella.

— Pa' que se la va a seguir? — pregunto Serafín.

— Acá mi carnal que ya se le va a declarar a la princesa.

— Cállate, pendejo.

— Di que no estás que te mueres por la Camila.

— Estás pero si bien pendejo, Ovidio.

— De que pinches estás hablando?

— Relájate, Carnal. Ya no hay que meternos entre estos dos, todos sabemos que tarde que temprano van a acabar juntos.

— También tu?. Bueno, me van a decir que putas se traen o que vergas?.

— Nada, Será, relájate. No les hagas caso, están pendejos los dos.

— Ya cállate y lárgate atrás de la Camila, ándale.

— De aquí nadie se mueve hasta que me expliquen que pinches se traen ustedes.

Vicente le explicó tranquilamente lo que había pasado horas atrás y Serfin de quedó en silencio con su vista fija en mi.

— Quieres a mi hermana?.

— N...

— Si dices que no te meto un putazo — me interrumpió Alfredo.

Me quedé un momento en silencio.

— La neta si, Serafín. Me muero por tu carnala — deje caer la cabeza sobre el respaldo del sillón.

Al notar que no respondió nada levanté la cabeza y lo vi. Estaba con una sonrisa en la cara, lo cual hizo que la confusión entrara en mi.

— Hasta que por fin lo aceptas. — se relajo en el sillón.

— No te vas a enojar? — pregunté.

— Pa' qué? Ya tiene un chingo que todos lo sabíamos. Tu eras el único que no lo aceptaba.

— Bien sabes el por qué.

— Mi apá es el único que no quiere, pero la Camila ya está lo suficiente grande como pa' decidir con quién se mete.

— No sabemos si Camila sigue sintiendo algo por mi.

Recordé hace unos días que entró a verme al cuarto del hospital. La preocupación notoria en sus ojos. El ceño ligeramente fruncido. El tenue tono de su voz.

— Esa morra está igual o más clavada que tú. Nomás que igual que tú se hace pendeja negándolo.

— Ya corre siguetela, hombre — me dijo Serafín con una sonrisa en la cara.

Apreté los labios reprimiendo una sonrisa y me pare del lugar donde estaba sentado, salí de la casa con rumbo a las caballerizas para pedir que me ensillaran un caballo.

Cuando me lo entregaron pregunté para donde había ganado Camila y cuando me dijeron salí de ahí con toda la intención de seguirla.

Quise subirme al caballo pero con una sola mano no podía ejercer la suficiente fuerza para ayudarme a subir. Pero uno de los vatos que trabaja aquí me ayudó y por fin pude agarrar camino.

Mentiría si dijera que no me molestaba el hombro, pero los pequeños brincos que me hacía dar el caballo hacian que un dolor punzante comenzará a crecer.

Comencé a dudar si de verdad era una buena idea ir con Camila, al fin de cuentas no sabía si quería hablar conmigo o no. Pare un momento el caballo y estuve a punto de regresarme cuando a lo lejos se escuchó un disparo.

La Princesa | I.A.G.SDonde viven las historias. Descúbrelo ahora