El castaño abrió sus verdosos ojos a las diez en punto de la mañana, teniendo un reloj electrónico que vibraba cuando esta hora llegaba. No hacía ruido, pero el movimiento producido por las vibraciones bastaba para despertar al fornido castaño. Se encontró un una cabellera rubia descansando en su pecho y no pudo evitar que sus ojos viajaran al rostro y el cuerpo del menor. Tenía los labios más hinchados al estar aún en los brazos de Morfeo, sus largar y rubias pestañas, que parecían trasparentes por su claridad, creaban sombras en los redondos mofletes sonrosados del adolescente, que se removió murmurando cosas incomprensibles en el torso de Eren, acariciando con suavidad su abotonada nariz, como si algo le molestara. El cuerpo de Armin estaba destapado, dejando ver sus piernas y su delgada figura envuelta por una camiseta negra del adulto, que lo había cambiado al el de ojos zafiro haber vomitado sobre ambos. La prenda le quedaba más que grande, llegando hasta la parte baja de sus muslos, pero el castaño debía admitir que le encantaba ver al menor en su ropa, le producía una satisfacción inexplicable.
Eren elevó su brazo con cuidado, llevándose la muñeca donde descansaba su reloj a los ojos, observando de cerca y con serenidad la hora que era y saber si iba muy tarde. No quería moverse y despertar al rubio que había envuelto sus pequeños brazos al rededor de su pecho y, como si quisiera que el moreno se quedara, colocado una pierna sobre las de el de ojos esmeralda.
Mientras que los dedos del adulto se pasearon por la cadera del adolescente, sintiendo como la prenda de ropa se arrugaba un poco, la mano se movía de arriba a abajo, creando unas suaves caricias que hicieron que un suspiro contento se escapara de los labios del menor, aunque éste continuaba en un profundo sueño.
Sintió como, por efecto de sus caricias, Armin inconscientemente se apegó más a su cuerpo, enterrando su cabeza en el cuello del de piel aceitunada, haciendo que los vellos del último se elevaran cuando sintieron la suave respiración del rubio hermoso.
Sin previo aviso, una música no muy alta, pero lo suficiente para molestar a los que estaban cerca del aparato de donde provenía, comenzó a resonar por toda la habitación, haciendo que Eren saltara alarmado en la cama, murmurando maldiciones junto a malas palabras, pidiéndole a Dios que Armin no se hubiera despertado. Pasó su dedo por la pantalla táctil de su móvil y atendió la llamada, hablando en susurros, sintiendo su corazón tranquilizándose notoriamente cuando se percató de que el rubio no se había inmutado.
—Eren, bro —escuchó la molesta voz de Jean a través de la otra línea del teléfono móvil.—¿Dónde estás? La reunión comienza en menos de diez minutos, imbécil —escupió enfadado y nervioso el de cabellos arenosos y el castaño supo que al otro lado se estaba mordiendo las uñas con ansiedad.
Con un inaudible 'Mierda' pronunciado al haberse olvidado de aquella reunión, se quitó de encima con el máximo cuidado al rubio, posando su cuerpo muy suavemente en la cama y tapando las partes que antes no estaban siendo calentadas por las sábanas.
—Estaré allí en veinte minutos, distráeles —susurró con tono autoritario el castaño, abriendo las puertas blancas que había incrustadas en la pared y entrando en el enorme armario, escogiendo una camisa blanca como las nubes y unos pantalones a juego con la chaqueta negra. La corbata la eligió de un color apagado, sin darle mucha importancia, ya que se la quitaba a los cinco minutos y luego se la volvía a poner. Era extraño.
—Imbécil, no puedes estar todas las noche con una tía diferente, al final siempre llegas tarde y tengo que cubrirte yo el culo —farfulló con el ceño fruncido al otro lado de la línea el caracaballo, caminando con zancadas grandes y rápidas yendo hacia la sala de reuniones.
—No es mi culpa que yo consiga tías y tú, no —dijo Eren. Le encantaba recordarle a Jean que él era mil veces más atractivo y el de cabellos arenosos siempre se picaba.
—Vete a la mierda, capullo —espetó muy molesto el más alto, colgando la llamada de malas maneras.
Eren rio divertido y guardó su teléfono en el bolsillo interno de su chaqueta, donde llevaba un pañuelo de seda pura y un bolígrafo con su nombre grabado en oro y sonrió para sí mismo, intentando hacer el mínimo ruido para no despertar al hermoso rubio que dormitada en su cama.
El adulto posó sus ojos en su figura a través del cristal del espejo que descansaba en la pared, haciendo juego con las gris y blanca decoración. Peinó su cabello hacia un lado con su mano, desistiendo cuando vio que algunos mechones no obedecían y apuntaban hacia todos lados. Se hizo su usual moñito en la parte trasera de la cabeza, permitiendo que algunas tiras chocolates se derramaran por su frente, libre de arrugas o marcas de acné. Justo cuando terminó sus ojos viajaron a su mandíbula y pectoral derecho, aún no tapado por la blanca tela de la camisa, ya que se estaba abrochando los últimos botones. Unas marcas entre moradas y rojas descansaban en a morena piel del más alto, que abrió los ojos con sorpresa y llevó una de sus manos a aquel tejido, ahora coloreado de tonalidades oscuras. Sus dedos pasearon por la tez con asombro, sin esperar que el inocente rubio hubiese llegado a marcarle no solo una, sino dos veces.
Eran chupetones.
Sonrió de medio lado, terminando de abotonar la prenda que envolvía su torso y brazos. Para sorpresa del castaño, este mismo se encontraba amando aquellas marcas.
<<La próxima vez seré yo quien le marque>> Pensó con picardía. Y el pensamiento de una próxima vez hizo que los pantalones comenzaran a ser demasiado agobiantes para su parte baja.
Suspiró con cansancio y se pasó una mano por la cara, agarrando su teléfono de último modelo y abriendo sus mensajes con Jean.
"Caramierda"
Alemán suicida adicto al sexo: Tardaré un poco más, invéntate algo.
Eren pulsaba las teclas del teclado digital con rapidez, sin ni siquiera mirar las letras de lo memorizado que lo tenía.
La respuesta fue casi inmediata, haciendo que el moreno riera por lo bajo mientras se introducía en el cuarto de baño, cerrando la puerta con pestillo una vez estuvo dentro.
Caramierda: Eres un puto cerdo, Jaeger, deja de follar de una vez y cumple con tus responsabilidades
Alemán suicida adicto al sexo: No hables como si no te hubieras follado a Marco en mi despacho mientras yo no estaba. Hay cámaras, animal.
Caramierda: Eso fue solo una vez y no llegamos a hacer nada, gilipollas.
Alemán suicida adicto al sexo: Fueron siete, y las grabaciones me permitieron ver que, efectivamente, se la metiste hasta la garganta.
Caramienda: ¿Viste las grabaciones? Estás enfermo.
Alemán suicida adicto al sexo: Porno gratis.
Caramierda: ¡Que te follen, Jaeger! Necesitas ayuda, enserio.
Alemán suicida adicto al sexo: ¡Tú eres el enfermo! Follaste en el despacho de tu jefe, Kristein. No pierdas más el tiempo y ponte a trabajar.
Caramierda: Enserio, Jaeger, que te folle un puto pez.
Alemán adicto al sexo: Prefiero follarme a tu madre.
Caramierda: Capullo.
Eren no respondió al último ataque, sabiendo que a Jean le molestaría aún más que le hubiera dejado en visto. Ahora sí, con un poco más de tiempo comenzó a liberar toda la tensión acumulada en su entrepierna, proporcionando leves caricias, apretones y masajes. Su respiración se entrecortó y lo único que su mente veía era a Armin; tan intoxicante. No tardó mucho en terminar y, cuando salió el cuarto de baño, con las manos lavadas y sintiendo su piel en llamas, se encontró con el rubio en la cama totalmente despierto y con las mejillas coloradas observando al castaño de arriba a abajo.
¿Habría escuchado como Eren gemía su nombre entre forzosas respiraciones?
[···]
Olaa
Aquí dejo otro cap, perdón por las actualizaciones lentas, estoy en periodo de evaluación.
Perdón por las faltas de ortografía, os amo muchísimo y...
¡Hasta el próximo capítulo!
1310 palabras.
ESTÁS LEYENDO
Desire || Eremin
RomanceArmin es el mejor amigo de Sasha. Sasha tiene un papá viudo llamado Eren. A Armin le atrae Eren. A Eren le atrae Armin. No hay nada más simple que eso, pero las cosas se empiezan a torcer cuando el deseo que sienten el uno por el otro acaba vencien...
