Kenma es capaz de percibir cosas que cualquier ser humano común no puede percibir; decidió tratar de ignorar esa capacidad especial para tener lo que él considera una vida normal. Sin embargo, al ver a un chico con un aura rebosante de positivismo...
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—¿Te encuentras bien? —preguntó Kenma al volver al local de comida a la parrilla, Yahaba estaba sentado en una silla mientras un mesero le vendaba la mano con una gaza, que tenía una mancha de sangre en el centro.
—Sí, solo estoy algo... —murmuró Shigeru al pensar en lo que le dijo Kozume sobre aquel que lo quería muerto—. Asustado...
—Traté de atraparlo, pero se me escapó. Lo siento —se disculpó el médium sentándose a su lado.
Yahaba sentía mucha ansiedad, porque no dejaba de pensar en el acosador de Watari y en como desde que lo descubrieron, empezaron a pasarle cosas raras. Kenma lo miró, y con timidez puso una mano sobre la mano sana de Shigeru, fue entonces cuando visualizó a un joven de piel morena y la cabeza rapada, vestido con un abrigo camel elegante; en la visión le estaba sonriendo a Shigeru con una energía dulce y cálida.
—He visto a ese chico antes... —susurró Kenma, Yahaba lo miró sorprendido.
—¿Hablas del acosador?
—No, al chico moreno, bajito y calvo que está en tus pensamientos —respondió Kozume, Yahaba agitó la cabeza descolocado.
—En serio ¿Cómo sabes lo que estoy pensando?
—No sé qué es lo que piensas, solo sé que al tocar tu aura, puedo ver cosas que se relacionan con tu problema.
—¿De qué estás hablando? Watari no tiene nada que ver con esto.
—¿No? Pero también estaba en los pensamientos del idiota que te hirió la mano —dijo el médium, Shigeru se quedó pálido, escucharlo decir aquello confirmaba su sospecha.
—¿Puedo explicarte como empezó esto?
—Sí, es necesario.
—Estaba, eh... pasando la noche con la persona que mencionas, y nos quedamos dormidos. A cierta hora de la madrugada me desperté, y vi a alguien parado en la puerta de su cuarto; entonces, cuando Watari despertó, el intruso se fue corriendo del departamento. No quise contarle a Watari hasta la hora del desayuno, entonces él notó que una de sus prendas había desaparecido, y me dijo que no era la primera vez.
—Ya veo a dónde nos llevará esto...
—Watari estaba en shock, así que lo ayudé a proteger su hogar, pusimos una denuncia ante la policía pero no fue de mucha ayuda, y fuimos a ver al encargado de su hotel para que cambiara la cerradura de su departamento. Persuadí al guardia y al encargado para revisar las cámaras de seguridad, y descubrimos que el acosador tiene las llaves del hotel y por eso camina a sus anchas hasta el departamento de Watari.
—¿Y sí cambiaron la cerradura?
—Sí, así que espero que él ya no tenga problemas con ese acosador. Pero la historia no acaba ahí, al otro día, después del trabajo, subí al metro, y en una estación sentí que alguien acercó unas tijeras a mi cabello, y que se llevó un mechón; no pude verlo porque salió corriendo fuera del vagón.