Cuidado con lo que deseas al apagar una vela, Jungkookie.
Jungkook le había hecho un desplante a Jimin luego de que este le regalara un pastel por su cumpleaños. Enojado por la situación, ofuscado por el calor del momento, el menor pide un deseo y...
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—¡Qué demonios con ustedes! —había gritado con toda su potencia. Los snacks que llevaba salieron volando, al igual que el pobre Jimin, quien casi cae de la barra de cemento debido al susto que se había llevado. Jungkook reaccionó justo a tiempo para sostenerle y evitar una caída.
—¡Mierda, Jungkook! ¡Carajo! —gritó el maknae versión mayor también, sintiendo como su corazón desbocado casi se salía de su pecho, en primer instancia debido al reciente efusivo beso que había estado compartiendo con su novio, después, el susto que su versión pocket le había dado. Se quedó allí, sosteniendo a Jimin entre sus brazos, ejerciendo presión sin darse cuenta. Los nervios traicionando su cuerpo, claro estaba. Pero tampoco quería mostrarlo, porque sería darle al maldito mocoso odioso una oportunidad de poder en su contra.
Jungkookie... era un demonio andante. Era pedante y odioso. Jodidamente si lo era. Era egoísta y él lo sabía muy bien. Ni siquiera lo salvaba que se trataba de él mismo. Desde el segundo uno que pisó ese lugar, el mocoso no habían parado de gritar y ser grosero con su hyung.
Jeon sabía muy bien lo que pasaba por la cabeza del menor, porque, demonios, él había pasado por exactamente lo mismo, sin embargo, eso no quitaba le hecho de que detestaba la manera en que se estaba comportando en especial con Jimin, quien no había sido más que amable, atento y agradable con el maknae menor.
—¡Por qué se están... se están...! —el aire se quedó estancado en los pulmones de Jungkookie. Todo hubiera estado bien, sino fuera porque ambos, Park y Jeon se dieron cuenta de que el maknae chiquito se estaba poniendo morado debido a la falta de respiración.
Ambos, Jungkook y Jimin corrieron a tomarlo antes de que se desplomara en el suelo, porque evidentemente parecía lo suficientemente afectado como para olvidar que tenía que jalar oxígeno a sus pulmones para poder sobrevivir.
El maknae mayor tomó a su versión pequeña del brazo y lo arrastró para que se sentara en una de las sillas arrinconadas que acompañaban a la barra de la terraza. Jimin se encargó de generar un poquito de aire con sus manos para refrescar al niño que parecía a punto de desmayarse en cualquier momento. Se estaba cuestionando en serio el bajar a la cocina por una botella con agua para darle algo de beber al niño.
—¿¡Qué haces aquí en primer lugar!? ¿¡Por qué están espiándonos!? Niño tonto ¡Respira, te vas a morir! —gritó Jeon grande, desesperado porque su versión menor reaccionara. Lo tomó de las mejillas, frozándole a que abriera la boca al presionarle de ambas.
El menor se forzó a hablar luego de que sintió el agarre de su versión mayor.
—¡Yo pensé que habían dejado la puerta abierta y vine a cerrarla! ¡No pensé verlos aquí... ustedes...! ¡Eso es desagradable! —graznó el chiquillo, tomando después esa bocanada de aire que tanto necesitaba. Comenzó a jadear, buscando que el oxígeno entrara correctamente y que llenara sus pulmones.