once - parte uno

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Trece años

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Trece años. 

Tenía trece años cuando salió de su casa cargando una mochila y enfundado con el iluso sueño de su vida, el de convertirse en una estrella que iluminara desde lo más alto del universo. A esa edad, la edad de un adolescente temprano, debería estar disfrutando de la secundaria, conviviendo con compañeros y teniendo probablemente sus pininos en las relaciones amorosas e interpersonales. 

Sin embargo, Jungkook ya estaba luchando por hacerse un lugar en una empresa de entretenimiento, madrugando, fatigándose y sufriendo en salas de ensayo rentadas, destrozándose la garganta con clases de canto, cansándose los pies y manos hasta destrozárselos luego de ensayar mil y una veces alguna coreografía. 

Cuando llegó a Big Hit, una empresa que poco a poco se caía a pedazos, entró con la ilusión de conocer en persona a aquel rapero que se hacía llamar Rap Monster, eso, aunado a la promesa de convertirlo en toda una estrella famosa y reconocida. Pronto, esa promesa comenzó a tomar forma, los integrantes comenzaron a llegar uno por uno, hasta que el grupo completo debutó y salió a darse a conocer al mundo del entretenimiento coreano. 

En algún punto de la vida de Jungkook, trabajó en sus miedos, trabajó en desarrollarse como persona, trabajó para hacer de sí mismo su mejor versión. 

Jungkook, el de veinticuatro. No el de diecisiete. 

El Jungkook de diecisiete aún era un extraño perdido en el enorme bosque que representaba el mundo del espectáculo y el equilibrio que debes llevar para ser un humano saludable sin perderse entre los millones de senderos que existen allí. Llevaba apenas unos cuantos años en el mundo del espectáculo y no había experimentado ni un cuarto de todo o que le tocaría experimentar a futuro. 

No tenía ni una mínima idea de todo lo que vendría con la fama. Todo lo horrible que esta podría llegar a ser, ni todo lo que esta le costaría. 

Cuando Jungkook se acercó a la sala de juegos, llegó con toda la valentía del mundo, dispuesto a decirle unas cuantas verdades en la cara de ese niño odioso que fue en algún punto de su existencia. 

En primera instancia, dejarle en claro la relación que existía entre él y Jimin y luego, ponerle un alto a la manera con la que se comportaba con su hyung. Cada que le hablaba en un tono despectivo o le miraba de mala manera, Jungkook sentía como su sangre hervía de manera furiosa, ansioso de gritarle unas cuantas cosas al mocoso infernal que era su versión menor. Sobre todo por la manera tan grosera en la que se dirigía a Jimin, porque siempre andaba por allí gritándole y haciéndole sentir mal. ¡Hacer sentir mal a Jimin! A ese bonito pelinegro que solo era un ángel enviado a la tierra. 

Eso era lo que le tenía más que encolerizado en esos momentos. El hecho de que Jimin sintiera que de alguna manera su acercamiento le molestaba. No podía estar en paz con el mero hecho de que su pareja se sintiera triste pensando que su toque le disgustaba y todo por culpa de ese niño cabezón. 

Jungkookie | kookminHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora