Kenma había oído la conversación de un par de chicas de su clase en cuánto volvía de la escuela. No era del tipo que se metía en asuntos ajenos, por supuesto que no. El tema de conversación era curioso a la par que tonto, una de las chicas afirmaba que en todas las relaciones —ya sea de mejores amigos o pareja— una persona tiene una sonrisa dentuda, alegre y de oreja a oreja, mientras que la otra persona, le corresponde una sonrisa tranquila, apenas un movimiento de labios sutil, la jovencita afirmaba que era una especie de fenómeno que veía en todas partes, una cosa pequeña, pero que sucedía.
Al principio, Kenma creyó francamente que se trataba de una verdadera tontería, cómo si las relaciones se determinaran a base de cómo sonríe uno, pero esa tarde, cayó en cuenta lo cierto que era: Bokuto e Hinata eran de sonrisas tan grandes que un fotógrafo se sentiría orgulloso de verlos, y ahí estaban, pegaditos a sus chicos de curvas ligerísimas en los labios.
No podía decir que era cercano a Kageyama, la verdad es que ni siquiera se habían dicho un mero hola, los dos eran malos para hablar, y en el segundo en el que pegaban mirada se apartaban cómo si se les fuera a pegar la peste. No importaba mucho, solo sabía lo básico y lo necesario, que era un chico duro y que aparentemente hacía feliz a Shoyo, y al igual que éste, compartía una pasión ardiente por el volley, lo que les hacía compañeros de equipo, y, compañeros en todo.
Kenma a veces los veía juntos, a veces los veía irse solos a una distancia corta, dirigiéndose hacia la cancha para jugar. Y una vez, descubrió a Hinata apoyando su cabeza anaranjada en uno de los hombros de Kageyama, cuando estaban solos, recuerda haber apartado los ojos, y hacerse el tonto. Porque Kenma era gentil, y no hablaría nada al respecto.
—¡Estoy bien! Solo fue el susto. — Es lo que dice Kuroo relajadamente, cuando Kozume estaba a punto de sermonearlo por soltarse y casi caer al tráfico. Por poco casi tropezaba, por suerte no perdió el equilibrio, dejo salir una risa por los nervios. En cambio, el chico rubio estaba igual de serio, se notó. —Ya, ya entendí. No me vuelvo a soltar. Nunca más. ¡Mira! Ya me estoy acostumbrando a caminar sin ver. — Replicó, pero bien sabía que era una mala mentira, ni él mismo se imaginaba lo dificultoso que era caminar ahora.
—Si te pasa algo, será mi culpa.
Ésta vez sus manos se toman entre ellas, a Tetsuro le da un escalofrío por lo helado del contacto, compara los dedos fríos de su vecino con el piso fresco de su casa. Pero parece funcionar: a los pocos minutos de caminata, sus pasos se sienten más libres y pese a no ser capaz de ver casi nada, el temor a tropezar disminuye despacio. Kenma lo guía con más cuidado de lo que había hecho nunca, mientras que el chico ciego se empeña en caminar derecho. Ante la tranquilidad de tener a su amigo cómo guía, sonríe, Kozume inevitablemente lo nota, no dice nada al respecto, pero extrañamente, por dentro la sensación de calma lo invade a él también, y así, la tranquilidad es mutua, y pese a que la situación era la más normal del mundo, prefieren callar y no decir nada.
Pasa un rato en la que ellos simplemente caminan con algo más de tímidez; Lo único que Kuroo podía advertir del día era que era soleado debido al calor que sentía, además de eso, nada. Todo lo demás era pura oscuridad.
—Oye, Kuroo... — Llama, con una voz de grillo, abandonando el silencio anterior y mirándolo de reojo. Era tan raro y lastimoso verle ahora, con los vendajes cubriéndole los ojos.
—Dime.
—Ésto es temporal, ¿cierto? Porque volverás a ver, ¿no?
El silencio aguarda de nuevo, pero éste emana tensión e inconformidad. Tetsuro titubea antes de contestar, quiere hacerlo, pero es cómo que se enreda. Kenma agradece para sus adentros que en estos momentos su amigo no lo estuviera viendo, la vergüenza de haber preguntado aquello lo atacó y detestaba que lo vieran de esa forma, así, tan avergonzado de sí mismo.
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Fragilidad
RomanceKuroo es un joven de 16 años, popular, inteligente y rodeado de amigos, cualquiera diría que tenía su vida sobre ruedas. Sin embargo, la suerte cambiaría rotundamente para él tras llegar un día donde tras un terrible accidente, pierde la vista de fo...
