4. Andén Nueve y Tres Cuartos

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﹏Nuevo hogar, nuevas aventuras﹏

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Las últimas semanas de vacaciones con mis abuelos fueron muy divertidas. 

La pasábamos divirtiéndonos en el lago o simplemente nos sentábamos en el muelle viendo el atardecer. Si no estábamos haciendo algo divertido, simplemente ayudaba a mi abuelo con algunas pociones o a mi abuela con las criaturas. Pero aún con muchas cosas que hacer y deshacer... seguía pensando en lo que el señor Ollivander me había contado. No podía sacarme de la cabeza sobre la hechicera-hada y mi antecesora. 

La última semana antes de ir a Hogwarts, me la pase como ratón en la biblioteca del quinto piso, buscando sobre alguna pista de esa tal hechicera mitad hada o alguna mezcla entre ambas especies. Obviamente no encontré nada. Era tal como había dicho el señor Ollivander, nadie sabía nada sobre ella. O simplemente en los libros que busqué era un poco más actualizados. Mi abuela me había dicho accidentalmente que teníamos libros viejos de hace 100 años, pero no he encontrado ninguno. Algo me decía que estaban aquí, en La Casa del Lago, pero no sabía en dónde.

Suspiré y seguí revisando mi baúl por si olvidaba meter algo con una sonrisa emocionada. 

Hoy por fin era el día. 

Hoy me iba a Hogwarts

Me había levantado mucho antes que mis abuelos para revisar que no se me hubiese quedado nada y por suerte todo estaba en orden. Bueno, no todo. Aún faltaba llevarme algo. Ayer les había dicho a mis abuelos que me iba a llevar a Mekht conmigo -si decían que no, de igual manera me lo iba a llevar dentro de mi baúl. Por suerte no objetaron y estuvieron más que de acuerdo. 

Mis abuelos sabían que ambos éramos inseparables. No nos gusta para nada estar separados. Siempre cuando salía con mi abuela hacer un recado y tardábamos más de la cuenta, Mekht aparecía en la puerta del establecimiento en el que estábamos o en la fuente, esperándonos. Era un milagro que no se lo hubieran llevado. Era un gato muy precioso. Pelaje sedoso y brillante. Unos ojos amarillos y mirada seductora -según mi abuela- y serena que te devolvía la mirada cada vez que lo veías a los ojos. 

Miré a Mekht, que estaba sentado en mi cama, observando cada uno de mis movimientos con curiosidad. Reí entre dientes al ver sus pupilas agrandarse y ponía cara de tristeza. Me acerqué a la esquina de mi habitación y saqué una pequeña jaula que mi abuela había comprado ayer para él en el pueblo muggle.

- ¿Pensabas que te iba a dejar? -inquirí, alzando una ceja. Reí entre dientes cuando quito su carita de lástima e intentó meterse a la jaula- Posiblemente tenga aventuras en Hogwarts y no quiero que mi mejor amigo se las pierda.

Mekht hizo un tipo de maullido ronco y en cuanto abrí la jaula, se metió rápidamente en esta. Negué con la cabeza divertida y le cerré la pequeña puertita. Ya todo estaba listo. Agarré mi baúl, mi mochila y la jaula de Mekht con algo de dificultad. Empecé a bajar con cuidado las escaleras. No quería tropezarme el día en que iría a Hogwarts.

Cuando por fin llegué a la planta baja, vi a mis abuelos sirviendo el desayuno.

- ¡Buenos días! -salude, dejando mi baúl, mi mochila y la jaula en la sala.

- Buenos días, cariño -saludó mi abuelo, leyendo el periódico

- ¿Lista para este año en Hogwarts? -preguntó mi abuela, sirviendo mi desayuno y dándome un vistazo- Esa ropa me recuerda vagamente a alguien.

La miré sin entender y me miré. Iba con unos jeans negros sueltos por debajo de las rodillas, una camisa blanca de Nirvana metida en los jeans y mis inseparables Converse-las botas decidí guardarlas en mi baúl. Alcé la vista y miré sin comprender a mi abuela. Mi abuelo también me miraba y pude notar una pizca de nostalgia y tristeza en ellos.

𝙰𝚖𝚊𝚛𝚒𝚜 𝙷𝚎𝚕𝚕𝚖𝚊𝚗 𝚢 𝚕𝚊 𝙿𝚒𝚎𝚍𝚛𝚊 𝙵𝚒𝚕𝚘𝚜𝚘𝚏𝚊𝚕Donde viven las historias. Descúbrelo ahora