﹏Aquello que no debí olvidar﹏
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Miré mi reflejo en el espejismo ondulante del lago. Mi rostro no era la una niña de 11 años, sino una de cinco años.
Mis mejillas redondas y rosáceas habían vuelto, al igual que mi tamaño de pulgarcita, que combinaba con mi piel blanca. Mis ojos eran lo más extraordinario: de un celeste intenso con pequeñas motas avellanas que parecían que brillaban con luz propia. Aquellos ojos que siempre se burlaban o temían los otros niños muggles del pueblo cada vez que me veían. Los adultos decían que mis ojos eran los más bellos que hubieran visto en su vida. Mientras que los ancianos decían que estaba maldita y alejaban a los demás niños de mí.
Mi abuelo aborrecía aquellos ancianos. Decía que eran una tanda de idiotas al hacerle eso a una niña, que siempre hacían lo mismo a lo que no conocían. Que aún vivían en la edad medieval. Mi abuela no podía hacer nada más que darle la razón a mi abuelo y discutía varias veces con las ancianas del lugar que intentaban alejarme a toda costa o hacerme algún daño. También lo que me había traído problemas era mi cabello rubio. No era mentira que cuando decían que no me parecía a mis abuelos ni a mis padres. Aquellas personas siempre decían que mi madre había engañado a mi padre y que por eso no me parecía a ninguno de ellos. Más de una vez mi abuela tuvo que detener a la fuerza a mi abuelo cuando esté se intentaba abalanzar sobre aquél muggle anciano. Jamás permitiría que alguien me insultará o insultará la memoria de mis padres y mucho menos a mi madre.
Creo que ahora entendía un poco de porque los aborrecía tanto: eran seres insufribles a los que debería darse una lección de vida en la que no se juzga.
Quité mi mirada de mi reflejo y miré a mi alrededor. La Casa del Lago se veía un poco diferente. Había una torre extraña en ella que jamás había visto, pero algo me decía que mis abuelos me habían prohibido entrar en ella. La torre -a diferencia de la casa toda de madera- estaba hecha de piedra. Tenía alguna que otra enredadera con flores que salían de una ventana en lo alto. El techo era de un color azul oscuro y las piedras de un gris claro, casi blanco. Quité mi mirada de aquella torre y miré a mi abuelo. Él estaba en el pequeño muelle, intentando pescar algo en el lago como siempre. Mi abuela estaba sentada en una pequeña hamaca en la terraza trasera, riendo al ver que mi abuelo se enfurruñaba al no poder pescar algo.
Alcé mi mirada hacia el gran azul. Era en sí, un bonito día. Una suave brisa me llegó desde el otro lado del lago. Venía de aquel extraño bosque, como incitándome a ir en él. Caminé alrededor del gran lago, viendo las copas de los árboles moverse con delicadeza por la suave brisa de primavera. Las flores crecían alrededor de estos, dando un toque muy mágico a estos.
- Amaris -la lejana voz de mi abuelo hizo que me volteara y me sorprendí cuando vi que me aleje un poco de donde estaba la Casa del Lago. Lo vi jalar el sedal con cansancio y volver a tirarlo al agua- Mantente alejada de aquel bosque. Es muy peligroso. Hay demasiadas criaturas peligrosas en ese lugar. No bromeo. Muy peligrosas. He visto con mis propios ojos la sombra de una criatura enorme de tres cabezas y una cola de serpiente. Además de que hace un ruido como el de un cuervo a medianoche.
Asentí, sin prestarle mucha atención a lo que decía.
Observé con más detenimiento aquél bosque al que se refería mi abuelo. La verdad que era un bosque muy diferente al que nosotros tenemos en la parte delantera de la Casa del Lago. Las hojas no brillaban por la luz del sol. No era de un verde brillante y cálido. Aquel bosque era oscuro. Las maderas de sus árboles eran casi negras y sus hojas eran de un verde muy oscuro. Como si nunca recibieran la luz del sol. Se notaba mucho la diferencia. Aquél bosque se extendía kilómetros y kilómetros. Parecía que nunca tenía fin.
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𝙰𝚖𝚊𝚛𝚒𝚜 𝙷𝚎𝚕𝚕𝚖𝚊𝚗 𝚢 𝚕𝚊 𝙿𝚒𝚎𝚍𝚛𝚊 𝙵𝚒𝚕𝚘𝚜𝚘𝚏𝚊𝚕
Fanfiction"𝑁𝑜𝑛 𝑒𝑠𝑡 𝑏𝑜𝑛𝑢𝑚 𝑣𝑒𝑙 𝑚𝑎𝑙𝑢𝑚, 𝑛𝑖𝑠𝑖 𝑝𝑜𝑡𝑒𝑛𝑡𝑖𝑎 𝑒𝑡 𝑎𝑑𝑚𝑜𝑑𝑢𝑚 𝑝𝑜𝑝𝑢𝑙𝑢𝑠 𝑎𝑑 𝑐𝑜𝑛𝑠𝑒𝑞𝑢𝑖 𝑒𝑎𝑚" Amaris nunca conoció a sus padres. Murieron cuando ella apenas tenía un año de edad. El mismo día en que fallecie...