CAPITULO XVIII

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ᴇʟ ᴘʀᴇsᴇɴᴛᴇ...

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—Eres delicioso, Pablo —le decía la mujer mientras besaba su pecho y bajaba por su abdomen.

—Sigue así, sigue así —le exigió Pablo con gesto demandante, y trataba de concentrarse.

La mujer acogió con la boca el miembro ya totalmente erecto. Pablo le aprisionó la cabeza con ambas manos, y le impuso su ritmo. Flexionó de nuevo las caderas, lo quería en lo más profundo de la garganta de ella. Eso no representó ningún problema para la mujer de boca ávida.

Pablo intensificó las embestidas, una vez, dos veces, tres veces y… Ahhhhh, explotó finalmente gimiendo por lo bajo una y otra vez.

Saciado, se removió y se separó de ella.

Se sentía culpable.

Desde que había vuelto de su cautiverio se sentía culpable cada vez que intimaba con alguna mujer. Lo achacaba al secuestro, a todo lo vivido, pero en el fondo de su corazón sabía que había algo más…

Algo que se le escapaba.

No podía conectar con ninguna mujer. Cada vez le resultaba más difícil. Bueno, tampoco es que fueran muchas.

En las casi tres semanas que llevaba liberado, solo había estado con tres mujeres. La primera, en el complejo vacacional en Las Bahamas al que se fue durante cinco días. Era una francesa que había coqueteado con él durante dos días, hasta que se decidió a dar el salto.

La segunda era gerente de un banco. La había conocido en una exposición a la que lo habían arrastrado unos amigos. Con ella estuvo solo una vez y no fue nada memorable.

Consuelo fue la tercera. Era una activa empresaria del mundo de la moda. Tenía veintiocho años y estaba separada. Era atractiva, sin embargo, con ella tampoco había logrado conectar.

Deseaba una relación fuera de las sábanas, pero algo le impedía intimar con una mujer.

De pronto es mejor dejar las cosas así, pensaba abatido, mientras le miraba el cabello a Marilyn. Tenía el cabello rubio oscuro, ojos verdes y unas curvas generosas.

No era hermosa, pero era una mujer muy atractiva y sabía acentuar sus encantos.

Después de los chequeos médicos y de intensas reuniones con especialistas, llegaron a la conclusión de que no había sido un golpe el causante de su amnesia. Los médicos pensaban que era estrés postraumático debido a la situación de peligro en que se encontró durante tanto tiempo.

Le ordenaron terapia. Y él contrató a la mejor.

Al sentir nuevamente las caricias de su amante, hizo el amague de levantarse. Pero ella lo retuvo.

—¿Te vas tan pronto? —preguntó ella sorprendida.

Pablo sabía que estaba algo molesta al darse cuenta de que con él de nada servía presionar con pucheros de niña malcriada.

—Lo siento, mañana tengo que madrugar —contestó él contundente.

—Pues madruga aquí —le contestó ella con mirada seductora. Bajó la sabana y Pablo contempló sus senos desnudos. No lo tentó— . Desayunaremos juntos.

Pablo se sentía ahogado, quería salir corriendo. El perfume que usaba Marilyn y que más temprano lo había excitado, ahora le fastidiaba.

Levantó la camisa que había dejado tirada encima de una silla. Los pantalones estaban enredados en el edredón de color blanco a un lado de la cama. Nunca pasaba la noche completa con una mujer. Además tenía un partido de tenis en la mañana. Estaba ansioso por el juego y por la primera cita para iniciar la terapia.

• De vuelta al amor || Pablizza •Donde viven las historias. Descúbrelo ahora