୨capítulo veinte୧

264 41 25
                                    

⋆ ˚。⋆୨20୧⋆ ˚。⋆
Yuliana

El León me dedicó una mirada inquieta apenas llegamos a la puerta de su casa. Se supone que hoy íbamos a tener nuestra "cita de estudio", pero unos minutos después de que nos juntamos, su hermano lo llamó y le preguntó si podía devolverse.

—No era lo que tenía en mente, Yuli.—musitó cabizbajo.—Disculpa.

—Está bien.—sonreí para ocultar las ganas que tenía de vomitar de los nervios.—No sabía que teníai un hermano, León.

Él me miró de reojo, asintió lento y murmuró apenado:—No suelo hablar mucho de mi familia.

Puedo imaginar por qué.

El León abrió la puerta de su casa y exclamó:

—¡Vichito!—dicho eso, agarró mi mano para entrelazar nuestros dedos y entrar.—¿Dónde estai? Ya llegamos.

—¡León!—escuché, seguido de unos pasos. A los segundos, apareció en mi campo de visión un niño de unos diez años; igualito al León.

—¿Qué te pasó?—el León se puso de cuclillas para quedar a su altura, sin soltar mi mano.

—Me duele la cabeza.—murmuró su hermano cabizbajo. Sin embargo, cuando fijó su mirada sobre mí, abrió sus ojitos con sorpresa.—¿Quién...?

—Es la Yulita.—respondió el León, que me miró y dedicó una sonrisa cálida.—Él es el Vicente, mi hermano.

—Mucho gusto, señorita.—el Vicente me extendió la mano para que la estrechara, cosa que hice.—El León habla todo el día de ti.

—Vicente...—el León se rió nervioso y miró rápido a su hermano en forma de reproche.—No lo pesquí, Yuli.

—Mucho gusto, Vichito.

—¿Son pololos?—preguntó él con cierta diversión tras ver la reacción de su hermano.

—Somos amigos.—respondí, ganándome una mirada ofendida por parte del León y una risita por parte de su hermano.

—Algún día, León.—el Vichito le dio palmaditas en la espalda, dándole ánimo. Ante eso, no pude evitar sonreír con ternura, porque me recordó al Feñito.

Ahora entiendo por qué el León se lleva tan bien con mi hermano.

—¿Estai solito?—el León cambió el tema y se incorporó para mirar a nuestro alrededor.—Pensé que iba a venir la abuela.

—Si está la weli.—susurró y se llevó las manos a las mejillas.—Está con una amiga afuera, pero no quiero estar con ellas porque me pellizcan mucho las mejillas.

El León me miró inquieto:—Ah, Yuli...

—¿Mmh?

—¡Leoncito!—escuché y me asomé por el hombro del León a mirar a la que supongo es su abuelita. Apenas me vio, frunció el ceño y se acercó rápido donde estábamos:—¿Y esta niña tan linda?

—¡Es la polola del León!—exclamó el Vichito, ganándose una mirada de reproche por parte del León.—¡Mentira! Es mi polola.

Tutorías pa' enamorar(nos)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora