୨capítulo ocho୧

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León

Miré con cautela a la persona que se había sentado hace unos minutos al lado mío, que no me ha dicho nada en todo este rato y se ha dedicado a observarme con los ojos entrecerrados.

Lo que se me hace extraño.

¿Por qué me mirai así?—me reí.

—Vo' sabí por qué te miró así.—respondió la Milla, mientras me dedicaba una mirada en forma de reproche.—Me contó el Jorge que hablaste con la Magdalena pa' tu cumpleaños, León.

—Fue hace rato, Milla.—suspiré y me pasé las palmas de las manos por el pantalón.—Hace rato que no hablo con ella, no te preocupí.

—León,—suspiró.—yo sé que soy care' raja al decirte esto, porque en su momento yo igual permití que el Ignacio me hiciera la hueá que él quería.—me miró con cierta tristeza.—Pero tú ya no podí permitir que la mina te manipule de esa forma... Y, quizás te va a doler lo que te voy a decir, pero ya no tení trece años. Ya no erí ese cabro chico que quizás pensaba que salir con una mina más grande le iba a hacer sentir mejor contigo mismo. Ya no erí ese cabro chico que se dejaba influenciar y engañar por todo lo que la mina decía.—habló con firmeza.—Tení que empezar a darte cuenta que erí el León y no "el algo de la Magdalena".

—Si sé, Milla.

—¿Entonces? ¿Por qué siempre volví a caer en sus garras?

—Entiéndeme igual.—bajé la mirada y susurré.—fueron ocho años en los cuales no conocí a nadie más que a la Magdalena. Ella es lo único que me resultaba familiar hasta ahora y la única persona que en algún momento me "demostró" que le gustaba, incluso si no fue real.—la miré y me encogí de hombros.—No es tan fácil salir de ahí.

—No porque te resulte "familiar" significa que es lo mejor.—la Milla llevó su mano a mi espalda y me dio leves palmadas.—Que hayai sentido eso antes no significa que ahora no merecí el amor de alguien más... En realidad, significa que ahora merecí amor en sí, porque créeme que lo que te entregaba esa hueona, no era amor.

Asentí y balbucee:—Si sé.

—Erí terrible inteligente, León, no dejí que las personas que te hacen mal te roben tu brillito especial.—me despeinó y luego miró hacia el frente.

—Gracias, Milla.—le dediqué una sonrisa y luego hablé con diversión.—Vi por ahí que tuviste una cita con el Jorge.

—Me acompañó al dentista.—me miró mal.

Me reí.—Ah, ¿así se le dice ahora?

—Yo me enteré que andai tomando tutorías de un ramo en el que te va la raja.—contraatacó.—Y por ahí me dijeron que usaste las pruebas del Jorge para entrar.

Jorge culiao sapo.

—¿Quién te dijo esa mentira?—fruncí el ceño y hablé con diversión.

La Milla alzó las cejas y ocultó una sonrisa.—¿La Yuli sabe?

—No del todo.—susurré e hice una mueca.—El día que nos conocimos le conté que iba a tomar las tutorías porque los chiquillos me lo habían pedido por ti.—dicho eso, ella asintió.—Pero cree que me van mal en cálculo.

Tutorías pa' enamorar(nos)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora