▪︎°☆º•º || Un atrapante aroma que la enredaba entre sus manos, dando calidez a su corazón con dulces.
[Capítulos Cortos]
» Manjiro Sano x Lectora
Anime: Tokyo Revengers
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— Ya llegamos princesita — dijo aquel chico, del cual desconocías el nombre, mientras te quitaba la venda de los ojos y la mordaza de la boca.
— ¿Quién eres? — cuestionaste molesta en cuanto pudiste hablar.
— ¡Qué mirada más filosa, dulzura! — comentó riéndose al cual recibió un levantamiento de ceja de tu parte — Soy Hanma, el hombre de tus sueños — se presentó coqueto mientras guiñaba.
— El ogro de la historia, diría yo — respondiste soltando una risa irónica.
— Me lastimas, princesa — fingió dolor dramáticamente.
— ¿En serio? — preguntaste sarcástica.
— Eres dura de conquistar ¿Eh? — acercó su rostro hacia ti.
— Yo soy papa casada — hablaste mientras alejabas su rostro del tuyo con tu pie.
— Hasta donde yo sé, Mikey y tú no son novios — articuló dejando un beso en tu tobillo.
— Te gusta el chisme al parecer, estás muy bien enterado de la vida amorosa ajena — hablaste bajando tu pierna — si fuera tú me preocuparía más por la propia — levantaste tus hombros mientras colocabas una pierna sobre la otra.
— ¿Acaso eso es una invitación para una oportunidad contigo? — sonrió intentando acercarse a ti nuevamente.
— Ni en tus sueños recibirás un ofrecimiento así por mi parte — te carcajeaste en tu asiento haciendo la cabeza hacia atrás impidiendo que se acerque.
— ¿Será porque soy muy alto? — te preguntó — he visto que te gustan enanos — sonrió — Y si es así entonces no tengo oportunidad - se apartó levantando los hombros pesaroso.
— ¿Tan rápido te rindes? ¿Creí que querías una oportunidad conmigo? — esta vez fuiste tú quien se acercó un poco.
— Claro que quiero, dulzura — se acercó aún más a ti, quedando a centímetros de tu rostro.
— Encógete entonces — dijiste esbozando una pequeña sonrisa mientras sujetabas la cabeza del contrario y la empujabas hacia abajo, alejándote de él.
— Eres buena - sonrió nuevamente - Me gustas - musitó levantando la cabeza.
—Tú no aprendes, ¿cierto? — preguntaste en tono de molestia, mientras volvías bajar su cabeza esta vez con tu pie.
— Si haces eso me gustas más — confesó aún con la cabeza baja.
— Olvídalo — cansada te giraste dándole la espalda, iba a ser una noche larga.
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