XIX

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— Ya llegamos princesita — dijo aquel chico, del cual desconocías el nombre, mientras te quitaba la venda de los ojos y la mordaza de la boca

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— Ya llegamos princesita — dijo aquel chico, del cual desconocías el nombre, mientras te quitaba la venda de los ojos y la mordaza de la boca.

— ¿Quién eres? — cuestionaste molesta en cuanto pudiste hablar.

— ¡Qué mirada más filosa, dulzura! — comentó riéndose al cual recibió un levantamiento de ceja de tu parte — Soy Hanma, el hombre de tus sueños — se presentó coqueto mientras guiñaba.

— El ogro de la historia, diría yo — respondiste soltando una risa irónica.

— Me lastimas, princesa — fingió dolor dramáticamente.

— ¿En serio? — preguntaste sarcástica.

— Eres dura de conquistar ¿Eh? — acercó su rostro hacia ti.

— Yo soy papa casada — hablaste mientras alejabas su rostro del tuyo con tu pie.

— Hasta donde yo sé, Mikey y tú no son novios — articuló dejando un beso en tu tobillo.

— Te gusta el chisme al parecer, estás muy bien enterado de la vida amorosa ajena — hablaste bajando tu pierna — si fuera tú me preocuparía más por la propia — levantaste tus hombros mientras colocabas una pierna sobre la otra.

— ¿Acaso eso es una invitación para una oportunidad contigo? — sonrió intentando acercarse a ti nuevamente.

— Ni en tus sueños recibirás un ofrecimiento así por mi parte — te carcajeaste en tu asiento haciendo la cabeza hacia atrás impidiendo que se acerque.

— ¿Será porque soy muy alto? — te preguntó — he visto que te gustan enanos — sonrió — Y si es así entonces no tengo oportunidad - se apartó levantando los hombros pesaroso.

— ¿Tan rápido te rindes? ¿Creí que querías una oportunidad conmigo? — esta vez fuiste tú quien se acercó un poco.

— Claro que quiero, dulzura — se acercó aún más a ti, quedando a centímetros de tu rostro.

— Encógete entonces — dijiste esbozando una pequeña sonrisa mientras sujetabas la cabeza del contrario y la empujabas hacia abajo, alejándote de él.

— Eres buena - sonrió nuevamente - Me gustas - musitó levantando la cabeza.

—Tú no aprendes, ¿cierto? — preguntaste en tono de molestia, mientras volvías bajar su cabeza esta vez con tu pie.

— Si haces eso me gustas más — confesó aún con la cabeza baja.

— Olvídalo — cansada te giraste dándole la espalda, iba a ser una noche larga.

— Olvídalo — cansada te giraste dándole la espalda, iba a ser una noche larga

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Caramelo || Sano Manjiro x LectoraDonde viven las historias. Descúbrelo ahora