XXXIV

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La luz del atardecer teñía de naranja y rosa la habitación hospitalaria de Takemicchi

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La luz del atardecer teñía de naranja y rosa la habitación hospitalaria de Takemicchi. (Nombre) se asomó por la puerta entreabierta sujetando su abdomen al caminar y lo vio sentado en la cama, mirando por la ventana con un pudín a medio comer en las manos.

— ¿Se puede? — preguntó ella suavemente.

Hanagaki se giró, sorprendido, y una sonrisa inmediata iluminó su rostro magullado. —¡(Nombre)-san! ¡Claro, pasa! ¿Cómo estás? ¿Y tu herida? ¿No deberías estar acostada? —La inundó de preguntas en un segundo.

— Ya estoy bien, más o menos — entró la fémina riendo, sentándose con cuidado en la silla junto a su cama. — Comparado con lo que pasaste tú, mi herida es un rasguño. —Bromeó.

— ¡No digas eso! — protestó el teñido, poniéndose serio. —¡Fue algo muy grave! —Reiteró él.

La contraria sonrió, conmovida por su preocupación. — Por eso mismo estoy aquí, Takemicchi. Para... para darte las gracias. — Su voz se quebró ligeramente.

— Me salvaste la vida, literalmente. Si no hubieras saltado tras de mí... — La fémina no pudo terminar la frase. Bajó la mirada hacia sus manos, que jugueteaban nerviosas con el borde de su bata de hospital.

Takemicchi se ruborizó hasta la punta de los pelos. — ¡N-No fue nada! ¡Cualquiera lo hubiera hecho! ¡Mikey-kun lo habría hecho! ¡O Draken-kun! ¡O incluso Baji-san! — negaba con las manos, agitado.

— Pero fuiste tú quien lo hizo — insistió (Nombre) bajando la vista para mirarlo a los ojos. — Fuiste increíblemente valiente. Y... — una sonrisa cómplice se dibujó en sus labios.

— ...aparentemente, también eres mi tipo de sangre oficial. Así que técnicamente, ahora que tu sangre corre por mis venas seremos casi hermanos, ¿no? —Articuló la misma con un dejo de diversión.

La cara del rubio se transformó en un tomate humano. — ¡¿Q-Qué?! ¡N-No digas eso, es muy vergonzoso! — Se tapó la cara con las manos, pero se le escapaba una sonrisa tonta entre los dedos.

(Nombre) rió suavemente. — Lo siento, lo siento. —Pausó un momento su risa bajando su tono —Pero en serio... gracias. Nunca podré pagarte lo que hiciste. —Vociferó para luego dedicarle al contrario una de sus mejores sonrisas.

— No tienes que pagarme nada — dijo él, bajando las manos, ahora con una expresión más serena. — Sólo... prométeme que serás más cuidadosa. Y que no dejarás que Mikey-kun tome el mal camino. —Pidió Hanagaki ensanchando su sonrisa.

— ¡Oye, se supone que soy yo quien cuidará de ella! — protestó con diversión una voz familiar desde la puerta.

Ambos giraron la cabeza para encontrar a Manjiro apoyado en el marco, con las manos en los bolsillos y una sonrisa juguetona. Pero sus ojos, suaves y agradecidos, estaban fijos en Takemicchi.

Caramelo || Sano Manjiro x LectoraHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora