XXIII

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Caminabas siendo arrastrada por aquel teñido que tanto repudio provocaba a sus ajenos con tan sólo mirarlo

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Caminabas siendo arrastrada por aquel teñido que tanto repudio provocaba a sus ajenos con tan sólo mirarlo. Este no soltaba tu brazo, dirigió su vista hacia ti por un segundo mientras se mantenía indiferente en los momentos que caías al suelo gracias a que no llevabas la misma velocidad que él.

Qué contraste, pensabas al verlo ahora y compararlo con el muchacho de hace no muchas horas atrás.

— ¿Para qué se supone que me ocupas a mí en todo esto? — hablaste por fin recibiendo una pícara sonrisa por parte suya.

— Eres la carnada — lo miraste sin entender mientras el mantenía la misma expresión ladina — y también eres el producto de trueque — se giró nuevamente para verte, dirigiéndote una filosa mirada.

— ¿A qué te refieres con que soy la carnada? — le cuestionaste aunque ya te imaginabas su respuesta.

— Si Mikey sabe que estás conmigo vendrá por ti — respondió simple levantando el hombro de su brazo libre.

— ¿Y a qué te refieres con que soy el producto de trueque? — Volviste a preguntar, esta vez con genuina curiosidad.

— Pediré la vida de Mikey a cambio de la tuya — te observó siniestro, al percatarte, un escalofrío recorrió toda tu médula, y por primera vez, te sentiste pequeña ante él.

— ¿Por qué quieres arrebatar la vida de Mikey? — cuestionaste una última vez, igualando su malvada mirada.

— Para eliminar a la Tokyo Manji — volvió a mostrarte los dientes, en una retorcida sonrisa.

— Es una cadena — musitó sin que lo cuestionaras — Sin ti, Mikey se quiebra, y sin Mikey, la ToMan se quiebra — mantuvo su expresión — ¡Es un plan perfecto! — elevó sus brazos hacia arriba llevándote consigo, causándote un fuerte dolor en el hombro, al ser levantada del suelo por Hanma y estar sosteniendo todo tu peso únicamente en el brazo que él sujetaba.

— Pensándolo mejor — te bajó un poco para que quedaras a la altura de su rostro — No pediré la vida de Mikey a cambio de la tuya - su sonrisa se volvió aún más tétrica, tú sólo lo observabas sin ceder — Si te mato a ti el resultado también será el mismo — se carcajeó un poco.

— Jugaremos al dominó — te dijo para luego golpear tu nuca y hacer que quedaras inconsciente.

No querías perder el conocimiento, tus párpados iban cediendo en contra de tu voluntad, y lo último que observaste fue su sonrisa ensancharse una vez más. Cerraste tus ojos sin desearlo, mientras tenías un último presentimiento.

Sentiste como si fuera seguro que esa noche morirías.

Sentiste como si fuera seguro que esa noche morirías

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Caramelo || Sano Manjiro x LectoraHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora