▪︎°☆º•º || Un atrapante aroma que la enredaba entre sus manos, dando calidez a su corazón con dulces.
[Capítulos Cortos]
» Manjiro Sano x Lectora
Anime: Tokyo Revengers
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[Noche de Bodas]
El silencio era cálido. No era la clase de silencio incómodo o pesado, sino uno acogedor, como una manta suave después de un día larguísimo y perfectamente agotador. La luna filtraba su luz plateada por la ventana de la suite nupcial del hotel, iluminando motas de polvo que bailaban en el aire como hadas exhaustas.
Los recién casados yacían entrelazados en la cama enorme, todavía con el traje y el vestido puestos. Las chaquetas y los zapatos habían sido abandonados en algún lugar del camino entre la puerta y la cama, en un torbellino de risas y besos torpes. Pero quitarse todo lo demás parecía una hazaña titánica para la que ya no tenían energía.
Mikey estaba recostado contra los almohadones, con (Nombre) acurrucada a su lado, su cabeza descansaba sobre su pecho. Mientras que su brazo la rodeaba con una firmeza posesiva pero gentil, y su otra mano jugueteaba distraídamente con las hebras del cabello ajeno, deshecho ya del peinado elegante.
— Oye — murmuró él, rompiendo el silencio. Su voz era ronca, cansada, pero llena de una ternura que hacía que a (Nombre) se le encogiera el corazón.
— ¿Mmm? — respondió ella, sin abrir los ojos, hundiéndose un poco más en su abrazo. Le olía a jabón, a la colonia que Draken le había obligado a ponerse y a Mikey.
Su Mikey
— ¿Quién lo hubiera pensado, eh? — dijo Manjiro, con un deje de asombro en la voz. — Que el tipo que te robaba los dulces acabaría robándote el apellido. —Bromeó su ahora esposo.
La fémina soltó una risa suave, que vibró contra su pecho. — Fue el robo más predecible de la historia, Manjiro Sano. Tus pistas eran pésimas. —Lo molestó ella con cariño.
— ¡Fue ingenioso! — protestó él, fingiendo ofenderse. — Y además, si no hubiera sido por mí, nunca habrías probado esos bombones caros. O las gomitas edición limitada. O...
— ...o el cereal que usaste de caja — lo interrumpió la contraria, alzando la vista para mirarlo con una sonrisa burlona. — Ese sí que fue el punto más bajo de tu campaña de seducción.
El de orbes marino se rió, una risa baja y profunda que ella sintió más de lo que escuchó. — Funcionó, ¿no? Estás aquí. —Murmuró abrazándola con más fuerza como si fuera su oso de peluche personal.
— Estoy aquí — confirmó ella, suavemente, volviendo a apoyar la cabeza en su pecho, justo sobre el latido de su corazón. Un ritmo constante y tranquilizador. Su ritmo.
Hubo otro silencio cómodo. Mikey siguió acariciando su pelo. — ¿Estás feliz? — preguntó él de repente, su voz era un susurro casi vulnerable.
(Nombre) alzó la vista de nuevo. Sus ojos se encontraron en la penumbra. Los azulados de él brillaban con una intensidad serena.
— Más de lo que las palabras pueden decir — respondió ella, con total sinceridad. — Aunque todavía no me creo que hayas querido manchar mi precioso vestido con tus mocos. —Lo miró con reproche.
— ¡Te dije que era broma! — refunfuñó Manjiro, haciendo un puchero que se veía ridículo y adorable en el hombre que horas antes había recitado unos votos que hicieron llorar a medio Tokio.
— Lo sé — ella sonrió y estiró el brazo para acariciarle la mejilla. — Y fue la broma perfecta, muy nuestra.
El ex rubio cenizo giró la cabeza y dejó un beso en la palma de su mano. — Prometo no hacerlo en nuestro aniversario, a no ser que estés aún más linda de lo que ya eres y me emocione —La miró con cariño y un dejo de diversión.
— Mikey... —Articuló ella ejerciendo presión sobre las sienes del contrario.
— ¡Broma! ¡Broma! —Se rindió él sobándose la cabeza.
Ella sacudió la suya, riendo entre dientes, y se acomodó de nuevo en su lugar. El cansancio empezaba a pesarle los párpados. Podía sentir cómo el cuerpo del contrario también se relajaba poco a poco, hundiéndose en el colchón.
— Gracias — susurró él, cuando ya ella estaba al borde del sueño.
— ¿Por qué? — musitó la fémina, medio dormida.
— Por decir que sí, por quedarte conmigo. —Susurraba Manjiro casi entre sueños —Por ser tú.
La respuesta de (Nombre) fue un murmullo tan bajo que casi se perdió en la tela de su camisa. — Siempre.
No hicieron falta más palabras. Permanecieron así, entrelazados, mientras la luna seguía su camino en el cielo. El vestido de novia quedaría arrugado y el traje probablemente necesitaría una limpieza profesional. Pero a ellos no les importaba.
Ahora solo importaba su respiración acompasada y el sonido de ambos corazones latiendo al unísono. Junto al suave subir y bajar de sus pechos.
Mikey fue el primero en caer, con un último suspiro de contento que le agitó el flequillo sobre la frente. (Nombre) lo siguió segundos después, una sonrisa diminuta y plácida en sus labios, soñando con caramelos de dudosa procedencia y un futuro infinito a su lado.
Allí, en la quietud de la noche, dormían el Señor y la Señora Sano. No el invencible ex líder de la ToMan y la chica escandalosa. Sólo Manjiro y (Nombre). Por fin, en paz. Por fin, en casa.
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