XXXIII

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— Mikey, me aplastas — comentó la fémina al sentir un dolor agudo en su abdomen, aún sensible por la herida

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— Mikey, me aplastas — comentó la fémina al sentir un dolor agudo en su abdomen, aún sensible por la herida.

— ¿Eh? ¡Lo siento! — exclamó Manjiro, saltando hacia atrás como si hubiera tocado fuego. Sus ojos se abrieron desmesuradamente, llenos de pánico. — ¿Te duele mucho? ¿Debo llamar al médico? ¿Estás sangrando? ¿Te morirás? — La bombardeó con preguntas mientras sus manos se movían nerviosas, sin saber si tocarla o huir.

— Solo quítate, gordo — musitó Draken entrando a la habitación, seguido de cerca por Emma, quien cargaba una bolsa con comida. — Ahogarás a la paciente antes de que se recupere.

— ¡No estoy gordo, Ken-chin! — protestó el rubio cenizo, hinchando los mofletes en un puchero exagerado. — Es puro músculo ¿Verdad que es músculo, (Nombre)? — Buscó desesperado la validación de la chica, acercando su rostro al de ella.

La nombrada no pudo evitar reírse, a pesar del dolor. — Sí, sí, todo músculo — respondió, jugueteando con un mechón de su cabello rubio. —Pero sigue siendo pesado. —Expresó comenzando a sudar por el dolor punzante instado en su abdomen.

El líder de la Tokyo Manji puso cara de ofendido, pero no se alejó. En cambio, se sentó con más cuidado en el borde de la cama, tomando su mano con una suavidad que contrastaba con su usual energía destructiva.

— Bueno, al menos estás bien — murmuró Draken, cruzando los brazos. Rendido como siempre ante la actitud de Mikey con una sonrisa sutil. — Nos asustaste, (Nombre). No vuelvas a hacerlo. —Vociferó mirándola aliviado.

— Lo siento — dijo ella, bajando la mirada. — No fue exactamente mi plan. —Bromeó la fémina al recordar.

— Fue culpa de ese idiota de Hanma — interrumpió Emma, dejando la bolsa de comida sobre la mesa de noche. — Estoy tan aliviada de que Takemitchy te haya salvado —Comentó la rubia dándole un suave abrazo a su amiga.

— ¿Y cómo está Takemicchi? — preguntó preocupada (Nombre), recordando de repente la caída, la sangre, y la desesperación del Hanagaki.

— Está bien — respondió Ryuguji con una media sonrisa. — Está en la habitación de al lado, comiendo pudín y quejándose con Hina de que le sacaron demasiada sangre. —Se burló un poco —Lo usual.

— Me alegra que esté como siempre, después de todo le debo una — musitó (Nombre) cerrando los ojos con una sonrisa.

— ¡Nos debes una a todos! — corrigió Manjiro, apretándole la mano. — ¡Especialmente a mí! Yo fui el que más sufrió. —Renegó él.

— ¿Tú? — Su hermana arqueó una ceja al escucharlo. — ¿El que se comió todos los malvaviscos de consuelo que traje para (Nombre)? —Lo delató la menor.

Mikey se tensó levemente sintiendo las mejillas calientes. — ¡En mi defensa eran muy tentadores! Y además, yo soy su... su... — Tragó saliva, de repente nervioso al pensar en que quizás ella ya sabía de sus sentimientos.

Caramelo || Sano Manjiro x LectoraHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora