"El radio que reunía a la familia"
Hoy se dice que la tecnología separa a las familias. En mi época, en cambio, las reunía.
Yo crecí con el radio. Era el encargado de despertarnos con el programa de Cri-Cri, el grillito cantor. Entre canción y canción nos hablaba como si fuera un maestro en casa: —¿Ya te vestiste? —¿Ya te lavaste la cara? Recuerda que tienes que lavar tus orejas para escuchar muy bien a la maestra. —¡Córrele, empieza a desayunar! Tienes que estar fuerte para jugar en el recreo. —¿Ya desayunaste? Corre a lavarte los dientes, que se te hace tarde. —¿Llevas tus libros, tus libretas, tu lápiz, tus colores? Revisa bien tu mochila. Todo listo, vámonos a la escuela.
Y entonces sonaba la canción Caminito de la escuela, que nos acompañaba hasta la puerta.
Las estaciones de radio ofrecían gustos para todos. A mi papá le gustaba el box y la música romántica. Mi mamá descubría fácilmente cuando él traía un nuevo amor: bastaba verle la cara que ponía al escuchar ciertas canciones. Ella sabía perfectamente que ya le había "adornado la frente".
A mi mamá le gustaban las canciones rancheras. Cuando hacía las tareas de la casa, nos deleitaba con su linda voz, cantando como segunda voz de los artistas del radio. También disfrutaba las radionovelas. Los narradores eran tan buenos que arrancaban lágrimas, risas y hasta coraje contra los villanos.
"La radio del pueblo"
La radio era la mensajera de los habitantes del pueblo. A través de sus anuncios se enteraban todos de las noticias más urgentes y personales.
Se escuchaba: "Se le avisa al señor Ricardo Valenzuela, que vive en la población de Etzatlán, Jalisco, que su hermano Poncho llega de Estados Unidos el cinco de mayo en el camión de la corrida de las diez de la mañana. Favor de ir a recogerlo a la central camionera, porque viene muy cargado..."
O bien: "Se le avisa a la familia Sandoval, que vive en el Rancho San Pedro, que su madre está muy grave. Si la quieren alcanzar antes de que fallezca, vénganse inmediatamente..."
La radio no solo transmitía música o programas, era el hilo invisible que mantenía unido al pueblo, llevando mensajes que podían cambiar el rumbo de un día o de una vida.
Reflexión:
La radio era el puente de comunicación más directo y democrático: todos escuchaban, todos se enteraban. Era la voz que anunciaba alegrías, urgencias y tragedias. En un tiempo sin teléfonos en cada casa, la radio era el latido del pueblo, la forma en que las noticias viajaban y se compartían con rapidez.
"El telegrafista"
El telegrafista era el encargado de mandar los mensajes urgentes... aunque de urgentes no tenían nada. Era el medio de comunicación que las personas que vivían fuera utilizaban para enviar sus giros de dinero y ayudar a sus familiares en el pueblo.
Con su oficio, el telegrafista se convirtió en una figura clave: sentado frente a su aparato, traducía las palabras en signos y los signos en noticias. Cada telegrama era esperado con ansias, porque significaba apoyo económico, noticias de los migrantes o avisos que podían cambiar la rutina de la familia.
Reflexión:
El telégrafo fue un puente silencioso entre el pueblo y el mundo exterior. Aunque hoy parece lento y rudimentario, en su tiempo fue la herramienta que mantenía vivas las conexiones familiares y la esperanza de quienes dependían de la ayuda enviada desde lejos. El telegrafista era, en cierto modo, el guardián de esos vínculos, el hombre que transformaba la distancia en cercanía.
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Pasajes de mi infancia
No FicciónIntroducción: Pasajes de mi infancia: Tipo de historia (versión literaria): "Esta es una obra de memorias, un viaje autobiográfico que se adentra en la vida cotidiana de un pueblo mexicano en los años cincuenta. Su género es narrativo y costumbris...
