Capítulo 5. El avión

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Era una tarde de verano, cuando un pequeño Kong de casi 6 años, coloreaba con sus recién estrenados lápices de colores. Estaba tumbado en el suelo de su habitación, cuando escuchó la voz de su madre llamarle.

- Kong, tengo que ir a comprar, ¿quieres venir?

- ¡Sííííííí! - Un pequeño moreno gritó contento dejando de lado el dibujo, pues sabía que cuando acompañaba a su madre casi siempre le caía algún pequeño regalo.

Corriendo se dirigió hacia donde estaba su madre y con una hermosa sonrisa, le enseñó el hueco donde antes estaba su diente de leche.

- ¿Listo? – Ella preguntó sonriente. El pequeño asintió. Se cogió a la mano de su madre y ambos empezaron a caminar hacia la tienda más cercana.

- Mamá, ¿por qué la gente se da regalos?

Kong miró hacia arriba contemplando el rostro de su madre, que se quedó pensando un momento, pues sabía que su hijo no dejaría de preguntar hasta que estuviera satisfecho con la respuesta.

- Supongo que porque se quieren. – Kong ladeó levemente la cabeza. Ella sonrió ante la mirada fija de su curioso hijo, entonces continuó hablando. – Por ejemplo, mamá le compró un libro a papá porque le quiere y le gusta leer y papá me regaló un vestido hermoso para invitarme a cenar después.

- Entonces, ¿puedo comprarle un regalo a Oon por qué es mi mejor amigo? – Preguntó el inocente moreno.

- Claro, que sí.

Kong sonrió y se giró mirando serio al frente. – ¿Mamá, que puedo comprarle?

- No lo sé, cariño, cuando lleguemos a la tienda ya miraremos.

*

Poco después llegaron a destino, donde rápidamente el pequeño moreno se dirigió a la sección de juguetes.

- Kong, no te separes mucho. Quédate donde pueda verte.

- Si mae. – Gritó inspeccionando cada rincón.

El tierno pequeño miraba y rebuscaba entre los juguetes, recitando cada uno de ellos para acordarse luego.

- Un tren, un peluche, un puzzle, una cosa que da vueltas, un muñeco que hace luz... - suspiró derrotado al no encontrar nada.

Había recorrido el mismo pasillo cuatro veces, cuando su madre se acercó con una caja en las manos.

- Kong, ¿aún no te has decidido? – El pequeño negó mirándola triste y ella le regaló una sonrisa.

- Mae, no encuentro nada especial, - levantó el brazo con su dedito señaló una Barbie. – Oon no juega con muñecas, y casi todo lo que hay aquí es rosa y para niñas. – Se quejó levemente enfadado.

- Por eso tu mae te ayuda. Mira, he encontrado el superhéroe favorito de Oon.

- Wooow, Mae. Eres la mejor. – Kong sonrió y cogió la caja donde estaba la figura para su mejor amigo.

Suspirando aliviada, Nit cogió la mano de su hijo y le tiró levemente para que empezara a caminar. Kong mientras avanzaba lentamente, mirando al muñeco que le devolvía la mirada fijamente.

Llegaron a la caja donde una muchacha les sonrió cuando se pararon. De puntillas y sujetándose a la mesa, Kong extendió la caja a la chica.

- También es mi superhéroe favorito. – Dijo mirando al pequeño que la miraba fijamente oculto por la cinta transportadora.

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