Capítulo 16. Recuerdos

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Un tiempo después, Arthit deambulada por la facultad buscando a Kong, cuando su móvil sonó.

Chasqueó la lengua molesto cuando vio en la pantalla quién lo llamaba. Ahora no quería hablar.

- Oon hijo, papá me ha dicho que has estado aquí, pero que te has ido como alma que lleva el diablo y ya no has vuelto.

- Tenía algo que hacer y no me acordaba. – Arthit pensó que si su padre no había dicho nada sobre Kong, él tampoco lo haría.

- Hijo, te llamaba para pedirte que hoy te quedes a cenar. Será en casa de Kla y Nit. Ellos tienen muchas ganas de verte.

- No voy a ir. No tengo ganas de verles.

- Pero hijo, ellos te adoran y te echan mucho de menos, Casi me han rogado que te pidiera que te quedaras con nosotros.

Arthit calló, mordiéndose la lengua para no decir ninguna grosería por teléfono, y menos a su madre. Necesitaba hablar con Kongpob. Necesitaba antes que nada, hablar con ese escurridizo moreno. Y justo cuando iba a contestar a Sam, le vio caminar con un libro entre las manos.

- Mamá luego te llamo. Ahora no puedo hablar. – Salió corriendo persiguiendo al moreno. - ¡Kong! ¡Kong! – Pero no se giró. - ¡Moon! – Kong se detuvo y se giró hacia Arthit que llegaba un poco exhausto. – Creo... que hay un... malentendido... - habló jadeante intentando coger el máximo de aire. – Tenemos que hablar. Quiero aclararlo. No quiero más malentendidos entre nosotros.

Kongpob le miró con ojos brillantes y asintió. Empezaron a caminar en silencio. Arthit miraba de reojo a Kong y él con la cabeza gacha, ordenando sus ideas. Se sentía tan avergonzado. Arthit que no paraba de observarlo, con un suave movimiento se acercó y le rozó la mano. Cuando pasados unos segundos, no obtuvo ningún rechazo, entrelazó sus dedos.

- Oon lo siento. – Dijo al notar la calidez.

- ¿Qué quieres decir? ¿Qué sientes? – Arthit paró y le miró. Le dio un leve tirón para que se girara.

- Siento por todo lo que estás pasando. Sé lo mucho que adoras y quieres a tu padre y por mi culpa...

- ¿Tú culpa?

- Kongpob asintió.

- Por mi culpa, tú ahora estás sufriendo y yo no quiero eso. Quiero siempre verte feliz.

Se sentaron en las mesas de piedra que había para comer en uno de los jardines de la facultad y dado que era sábado, no había nadie por allí. Arthit fue el primero en sentarse, mirando a Kong para que hiciera lo mismo. Kong se sentó frente a él. El castaño le tendió la mano y el moreno se la cogió y empezaron a mover los dedos. Acariciándose, dándose ánimos.

- Moon, - le llamó con suavidad – quiero que me lo cuentes. ¡Todo! Quiero saber qué es lo que te hizo. No quiero que pases ningún detalle por alto. – Kong no le miró. – Escúchame, sé que lo que te estoy pidiendo es muy difícil para ti, pero quiero compartir este dolor contigo. Por favor...

Ante las persistentes palabras del castaño, Kong levantó la vista y le miró.

- Te lo contaré si me prometes que no te enfadarás conmigo. Yo no quiero hacerte sufrir y tampoco no me lo perdonaría.

- ¿Qué has querido decir con que nunca te lo perdonarías? – Arthit preguntó acariciándole la mejilla.

- Me dijo que si alguna vez lo contaba a alguien, te haría lo mismo que a mí.

- ¿Qué? – Arthit preguntó incrédulo. Notó como Kong asentía con tristeza.

- Por eso, cuando les conté a mis padres y ellos me echaron, tenía miedo que tu papá te hiciera daño. No podría perdonármelo jamás. Por las noches, cuando iba a dormir, siempre oraba para que no te tocara y te dejara en paz, pero en mis sueños, siempre aparecías y llorando me pedías que te ayudara. Fue horrible.

- Pero...

- Cuando fui creciendo, vi que tenía que hacerlo para protegerte. Así que eso fue lo que me repetía cada vez que venía, pero a la vez, te llamaba mentalmente para que tú me salvaras. – Arthit no dijo nada y con lágrimas en los ojos, se levantó para sentarse a su lado. – Pero ahora ya no pienso así.

- Yo me quejaba, pero realmente has sufrido mucho más que yo. Además, eres tú el que tiene que perdonarme. Me hice llamar tu amigo, pero no supe ver las señales que me mandabas. Fui un idiota.

- No eras un idiota. Eras mi Oon. – Kong apretó con fuerza la mano de Artiht y ambos desviaron la mirada hacia sus manos, quedándose callados un largo tiempo.

Cuando volvieron a mirarse, supieron que el momento había llegado, por lo que Kong empezó a hablar.

***

Hicieron falta más de tres horas para que Kong contara todo lo que había vivido. Ninguno de los dos, se dio cuenta cuando su voz se tornó jadeante a causa de las lágrimas o cuando Arthit se había puesto a llorar también.

Guiado por la ira, el enfado y la frustración, Arthit, se soltó de la mano de Kong y empezó a correr. Al verle, el moreno le siguió, pero se lamentó al no poder seguirle el paso, pues Arthit siempre había sido mucho más rápido que él.

En una carrera constante, Arthit llegó a la casa de los padres de Kong, treinta minutos después de empezar a correr. Jadeando por aire, entró por la puerta del jardín, sobresaltando a todos los mayores.

- ¿Oon, qué haces aquí? – Preguntó su madre sonriente. - ¿Has decidido venir a cenar?

Pero Arthit no contestó, se acercó hacia el sofá, donde estaba sentado su padre, que se levantó sonriente cuando le vio, se puso frente a él y le pegó un puñetazo con todas sus fuerzas rompiéndole las gafas.

- ¡Oon! – Nin gritó llevándose las manos a la boca.

- ¡Arthit! ¿Se puede saber qué te pasa? – Su madre preguntó enojada.

Arthit se giró hasta la puerta abierta, pues Kong acababa de llegar. Jadeante y sudoroso, vio como Arthit pegaba a su padre, haciéndole caer de culo en el sofá. Se llevó las manos a la boca para sofocar un grito.

- ¿A mí? ¿Tenéis la desfachatez de preguntarme a mí que me pasa? – Su tono iba subiendo más así como su ira. - ¡Todos vosotros sabíais lo que pasaba! ¡TODOS! ¿Por qué jodidamente no hicisteis nada? – Arthit miraba a todos mientras pesadas lágrimas caían por sus mejillas. – Sois todos unos indeseables. Lo mejor que le pudo pasar... – señaló a Kong, que volvía a llorar, sin atreverse a entrar - ... es que le echarais de casa. Así no tuvo que pasar de nuevo por ese infierno. ¡10 años! Lo estuvo aguantando durante diez largos y jodidos años... Y cuando lo cuenta, lo echáis de casa... Hasta ahora, está cumpliendo con lo que le dijiste – miró al padre de Kong. – no entra por lo que le dijiste.

- Eso nunca sucedió. – El padre de Kong respondió y Mud sonrió. - ¡Ya le dejé bien claro que yo no tenía hijo!

- ¡Eres un hipócrita! – Gritó el castaño furioso. – Claro que lo sabías... Al igual que vosotras... Pero si no quisisteis saber nada de Kong, tampoco vais a saber nada de mí. A partir de ahora no tendremos padres. Nos las apañaremos solos.

Y dicho esto, Arthit salió del salón, dejando a los mayores sin habla. Cogió a su amigo de la mano y empezó a caminar, sacándole de allí.

- Sabes, ahora entiendo muchas cosas. – Arthit no miró a Kong, pero apretó su mano con fuerza. – Ahora entiendo cuando a veces tenías la voz ronca, cuando llorabas en mitad de los sueños, todas las pesadillas que decías tener... - Paró de caminar para frotarse los ojos con la manga de la sudadera. – Realmente he sido un idiota.

- Oon... - Kong le llamó con tristeza. – No has sido un idiota. Tú me dabas fuerzas.

Arthit sacudió la cabeza.

- Maze tiene razón, soy un cabeza hueca. Tú has sufrido mucho más que yo y encima te he estado presionando mucho para que me lo contaras. Además, ese día casi te fuerzo a besarme. Realmente soy un estúpido...

Y Kong no dijo nada, simplemente le abrazó. 

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