CAPITULO FINAL

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De nuevo era otoño, en el apasionado mes de octubre de 1987. Ese año, los árboles mostraban los tonos amarillos de las primeras heladas. Seokjin se encontraba en la galería de la gran mansión que daba vista al jardín, leyendo un libro de Óscar Wilde y vigilando al pequeño Taehyung de dos años de edad que perseguía a su cachorro pomerania, Yeontan.

—Seokjin —llamó Jaehyun, con voz débil.

El doncel dejó rápidamente su libro y corrió a la habitación continua, lugar que había sido dispuesto para tratar a su convaleciente abuelo.

Jaehyun había perdido mucho peso; tenía un aspecto macilento. Toda su fuerza y vitalidad, que había mantenido con tanta gallardía, se había desvanecido de la noche a la mañana. Sin embargo, cuando Taehyung lo visitaba, Jaehyun dejaba de lado su padecimiento y sonreía abrazando a su bisnieto. 

Seokjin se sentía realmente conmovido por ello.

—Solo te llamé para saber si estabas aquí. Te ordené que salieras de casa y llevaras a Taehyung a jugar al parque.

—No, de ninguna manera —le replico el doncel—. ¿Qué tal y me necesitas?

—Para eso contratamos a una enfermera.

—Prefiero hacerlo yo y fin de la conversación.

El mayor se resigno a la terquedad de su nieto y suspiró rendido. Sus ojos de pronto se mostraron abatidos, tristes, como si en cualquier momento rompería a llorar.

—¿Que pasa? —cuestiono el doncel, sentándose en el borde de la cama y acogiendo las manos del mayor entre las suyas.

—Seokjin, hijo mío, desde hace casi dos años que has sido un enfermero para mi, te has esforzado en brindarme solo alegrías. Pero nunca me curare, podrían pasar días, meses o años para que suceda lo irremediable, y tú te mereces vivir tu vida junto a Taehyung.

—No echo nada en falta, abuelo. Soy feliz como estoy—refuto el doncel, sintiendo un nudo en la garganta.

Jaehyun le sonrió cariñosamente, le tendió los brazos y el doncel se acurrucó gustosamente en su regazo. Disfrutando de las caricias en su azabaches cabellos, que ahora se mostraban más largos.

—Hijo, el tiempo pasa de prisa para mí, para ti y también para Taehyung. Mi bisnieto está próximo a cumplir tres años y no faltara mucho para que empieze a hacer preguntas.

A ese punto, Seokjin comenzó a llorar, sabiendo a dónde se dirigía su abuelo.

—Namjoon ya no está y tú ya le guardaste luto por mucho tiempo, es hora de que sueltes su recuerdo y sigas tu camino —Jaehyun paró su caricias y llevo su diestra a la mejilla humeda del doncel, limpiando las lágrimas saladas de sus penas—. Márchate lejos, venderé la mansión y te haré llegar el dinero para que puedas comprar una casa nueva y acogedora para ti y para Taehyung. ¿Acaso no dejaste inconcluso aquel libro que empezaste a escribir? Toma está oportunidad para terminar de escribir tu novela y comparte tu obra al público, para que el mundo conozca tus historias.

—N-no quiero dejarte solo...

—Y no lo harás, por qué yo siempre estaré contigo.

Un año y cuatro meses después, durante la tarde de un domingo de primavera. Seokjin se encontraba sentado sobre un colchón de hierba verde, bajó la sombra de un codeso de dulzura y color de miel, cuyas ramas estremecidas, apenas parecían capaces de soportar el peso de una belleza tan deslumbrante como la suya; y de cuando en cuando, los cantos de los colibrís en vuelo entonaban notas de una canción sin nombre, sin llanto y sin tristeza.

—¡Papito, papito! —gritó Taehyung, corriendo con sus cortas piernas, acunando algo en sus pequeñas manos; mientras Yeontan lo seguía por detrás.

EL LLANTO DEL COLIBRI (Namjin)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora