V E I N T I S E I S .

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Capítulo 26

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Capítulo 26. «Anorexia».

Saqué las llaves de mi mochila y pude escuchar voces dentro de la casa de mis padres; mamá aún estaba ahí, lo que me sorprendía; aun así no me quejaba de eso, me gustaba tener a mamá cerca de nuevo, aunque fuera temporal, porque sabía que ella volvería a irse. No era tonto y a mamá le gustaba mucho su vida en el extranjero para simplemente ignorarla o eliminarla para siempre.

Abrí la puerta con cuidado ante la discusión.

—¡No podemos quedarnos así! ¡Tenemos que decirle algo antes de que le vuelva a dar otro ataque! ¡¿Qué pasa si esta vez sí tiene efecto en su corazón?! —gritó mamá.

Así que estaban hablando de mí.

—Lo sé, pero ya es un adulto, uno por lo general responsable, hasta que eso pasó; sé que ya no confiamos que se quede solo o salga, pero... Debemos abordar esto bien, Alana.

—Prefiero que no haga nada estúpido; lo hago por su seguridad, Richard.

Perfecto, yo solo me concentraba en mis tareas y no confiaban en mí para estar solo siquiera; puede que me lo hubiera buscado, aun así pensaba que exageraban.

Aunque la verdad, la ansiedad me había consumió; estuve demasiado tiempo trabajando para mantener el legado de otros, para cumplir los plazos, para avanzar en la carrera, para mejorar jugando y seguir con la beca.

No me sorprende que me haya desmayado de estrés; llevaba meses trabajando sin detenerme; lo único que me molestaba es que mi cuerpo no se haya adaptado a eso.

Vale, tal vez me estaba sobrepasando, tal vez.

Aunque sería un buen momento para vacaciones, lo quería desde hacía algún tiempo, por más que me incomodaran las vacaciones forzosas que tuve que tomar por culpa de mi estancia en el hospital.

En especial porque el entrenador no quizo saber nada de mí hasta que esté completamente bien.

Aún quería seguir con mi rutina; era asfixiante, sí, pero por algo no la había dejado. Era más que deber; aún me gustaba, me hacía sentir importante; la ansiedad era solo un pequeño detalle, el estrés era algo minúsculo, molestó, sí, tal vez más de lo que me gustaría admitir, pero había soportado bastante con él, lo dominaba y quería seguir haciendo todas las cosas que hacía.

No sé cuántos minutos pasaron hasta que finalmente abrí la puerta.

Estaba un tanto incómodo por la conversación que escuché, así que saludé a todos con poco ánimo. Mamá me abrazó y pude sentir algo de preocupación en ella; me sentía mal por ser la causa de ese sentimiento.

Finalmente me liberé del abrazo de mamá y fui junto a Hollander que está sentado en uno de los sillones con su teléfono; nos entretuvimos un rato viendo vídeos de bromas y riendo de ellos, aun así pude sentir cierta tensión en el aire, incluso emanando de mi hermano menor.

Fausse NoteHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora