Notas perfectas, melodías de aves cantantoras, no desentonan ni desafinan ninguna de ellas, que tortura para los que no sean avecillas, porque el resto de nosotros que si desentona en las mañanas, e incluso en las frías noches con las estrellas cons...
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—Los de fresa son mejores. —Afirmé.
—No, los de naranja son mejores. —Replicó Alex.
No pensé que una salida tranquila se convertiría en una discusión de qué sabor es mejor.
—Los de fresa.
—Los de Naranja.
—Fresa.
—¡Naranja!
Me reí de su expresión irritada y pude ver cómo bufó por eso.
—Tú ganas, los waffles de naranja son mejores.
—¡Gracias! Lo sé, lo son.
Rodé los ojos.
—Los de fresa también son buenos.
Ella se encogió de hombros.
—No son mis favoritos.
—¿Sabes cuáles son mis favoritos?
Pude sentir su mirada curiosa.
—¿Cuáles?
—Los de limón.
—Esos son superdeliciosos.
—Entonces pido dos de esos. —Dije y acerqué el menú hacia ella.
Finalmente, asintió y pedí el desayuno, ambos con jugo de naranja.
Me estaba adaptando un poco a eso de no siempre comer tan sano y comer más, aunque era difícil muchas veces; mi cuerpo también necesitaba de las grasas.
—No pensé que discutiríamos por algo tan simple como el sabor de los waffles.
Me reí; la verdad, era algo que no anticipé, pero sí sonaba como a nosotros.
—Pero nos pusimos de acuerdo, estamos progresando.
Pude ver cómo sonrió, pero esa vez fue una sonrisa dulce y linda, que calificaba como tierna; me hacía pensar que ella era increíble. Ese pensamiento hace que me acerque a ella y coloque mi cabeza en su hombro; como tenía las gafas, no pude ver qué expresión hacía, pero de repente estaba seria.
No pude evitar susurrar...
—¿Qué estás pensando?
Pude sentir cómo se sobresaltó; tal vez me estaba tomando muchas libertades con ella, pero no podía evitarlo, la quería.
—En cómo te ves.
Ladeé un poco la cabeza.
—¿Luzco bien o mal?
Parpadeé en un intento de ser encantador.
—Terrible... —Dijo en un tono suave, se aclaró la garganta y cambió a un tono irónico.— Me pregunto cómo le haces para verte peor cada vez.