Si tu no vuelves

111 20 0
                                        

Su lealtad de lobo la obligaba a esperar su regreso, los mares de lagrimas que había llorado hace unos días ya se habían secado por completo, pero eso no significaba que su dolor haya cesado al fin.

Vivía de recuerdos, se negaba a dejar ir la voz de su amada la cual tenia encarcelada con recelo en su mente, se negaba a dejar ir la imagen de su rostro, negándose a compararla con algo o alguien debido al temor de que se atrevieran a sustituirla. Cada vez su voluntad para vivir se hacía más y más pequeña, sobrevivía gracias a las atenciones de Yoko y Divina, si no fuera por ellas se abría dejado caer en el vacío hace tiempo, sin embargo, la amistad no era suficiente para suplir a su amor.

—Enid —Yoko llegó junto a ella— está oscureciendo y...

—Me quedaré aquí.

—Pero es luna llena.

—Me gusta contemplar la luna cuando soy un lobo, es normal que me quiera quedar fuera.

—Estas en medio de un panteón.

—Es el patio trasero de los Adams —declaró con confianza— para ellos tener un hombre lobo gigante es como tener una mascota.

Yoko suspiro resignada. Sin decir más entro a la gran mansión.

"¿Cuándo volvería ella?" Se preguntaba Enid observando la luna, estaba echada en la árida tierra y el único ruido que la acompañaba era el latir de su corazón.

Recordó que, en muchas ocasiones en ese mismo lugar, había estado ahí con Merlina, ella transformada con Merlina recargada en su costado, disfrutaban eso y más, cada momento con ella era cálido de forma extraña, le regala una paz y tranquilidad que solo con la Adams podía encontrar. El ambiente se llenaba del perfume de la naturaleza sombría que rodeaba a la propiedad, Enid con su olfato más desarrollado lo disfrutaba, era románticamente lúgubre.

"La luna es bonita" pensó Enid en su soledad, era como Merlina, tan bonita, tan grande y sin fin. Porque para Enid Merlina solo tendría fin cuando ya no existiera para ella.

Finalmente llegó su hora favorita de la noche, el cielo comenzó a estrellarse, con esto apareció su estrella la misma que la visitaba cada noche desde que Merlina no había regresado, no era lo mismo, pero le hacía compañía, Enid le contaba su día y cuanto extrañaba y amaba a Merlina, que ella continuaba esperándola aun después de 5 años.

—Amor, amor, amor, estoy aquí —Enid movió su oreja, eso había sido un susurro— estoy aquí, ¿no ves?

Enid se levantó, no podía confundir esa voz, era Merlina estaba segura.

Inmediatamente comenzó a buscar el origen, anduvo entre las tumbas dando chillidos tratando de llamarla, el tiempo comenzó a pasar y sentía que la vida se le iba por no encontrarla rápido, no sabía que hacer y comenzó a aullar ya impaciente, no quería perder la esperanza, no estaba loca ella la había escuchado, no quería volver a caminar bajo la luna sin ella, no soportaría otra luna llena de tristeza, comenzó a sentir gotas sobre su pelaje, tal vez de eso le quería advertir Yoko.

Y entre la humedad que se elevaba, sus sentidos captaron el aroma de su amor, su perfume inconfundible con una fragancia que solo podía calificar como "huele a Merlina".

Entonces, entre tumbas y nieblas vio su figura.

—Estoy aquí —dijo ella.

Enid no lo soporto se echó a correr y la abrazó ahora estaba en su forma humana, y podía sentir el cuerpo de su amada volver a ella, al fin estaba con ella después de tanto tiempo.

—Volviste.

Merlina asintió, próximo le dio un beso helado a su loba.

—¿Debes estar devastada? —dijo Morticia a Yoko.

—Estoy bien. Me alegra que estén juntas ahora.

—No te preocupes, organizaré un funeral digno, y su tumba ira justo al lado de la de Merlina. 

October Change WenclairHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora