El fantasma de la ópera

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El frío me pega hasta los huesos, definitivamente mi juventud ya se fue, los inviernos no son los mismos y menos desde que mi bella Enid se fue. Estoy acompañado por mi amigo Xavier, es un viejo cascarrabias la edad lo ha alcanzado igual que a mí.

—¡Vamos, Ajax, se me congela la verga! —apresuro mi caballo lo suficiente para darle un golpe en la cabeza y al mismo tiempo lograr adelantarme para entrar antes que él al cementerio.

Una vez dentro hago el recorrido que se me de memoria hacia la lápida de mi amor. Antes de acercarme lo suficiente siento como Xavier llega por detrás y me regresa el golpe que le di antes.

—Así me agradeces que te acompañe, ingrato.

—No puedo permitir que hables así enfrente de mi esposa.

El idiota solo gruño y miro la tumba.

—¿Qué es eso? —pregunta señalando un objeto que está a un lado de la piedra, me acerco y mi memoria rebobina hecho de hace tanto tiempo, tanto que no creí volver a revivirlo. Finalmente me animo y tomo el objeto; una rosa negra con un listón negro igualmente atado al moño un anillo de compromiso.

—Que descaro —dice Xavier —dejar un anillo de compromiso a una mujer casada.

Yo no respondo, varios recuerdos azotan mi memoria y sonrío hacia la tumba de Enid.

—Sigue viva, Enid.

—¿Quién? —pregunta Xavier enseguida —¿de qué hablas?

Subo a mi caballo e invito a mi amigo a seguirme.

—Aun no te conocía, la verdad es que Enid y yo tuvimos muchos problemas cuando nos comprometimos.

—¿Algún rival?

—Algo así, si te soy sincero, aunque Enid la hubiera preferido a ella me hubiera dolido, pero sé que ella la abría amado con locura.

—¿Era una mujer?

No pude evitar sonreír.

—Era un fantasma.

Mi amigo solo se rio, pero mi mueca le mostro que no estaba jugando, así que finalmente decidí contarle una parte de la historia que no era mía y de Enid, sino que era de Enid y un fantasma.

—Hace 20 años, en el año 1870, regresé a la ciudad donde me encontré nuevamente con Enid, solo que no solo me topé con ella sino también con una serie de eventos extraños.

Noto que Xavier quedo prensado de la historia, eso me hace feliz, no lo escuchare balbucear en un rato.

—Enid era la suplente de un papel importante en la ópera de Garnier, todo iba bien, hasta que la chica, la protagonista, sufrio un misterioso accidente y Enid tomó su lugar, si me preguntas a mí fue lo mejor que pudo haber sucedido en ese entonces porque Enid con su canto rompió la muralla entre ángeles y mortales, y no entrego un espectáculo que jamás olvidare. Aunque, no fui el único que se conmovió con su canto, en ese entonces se hablaba mucho del fantasma de ópera, decían que se trataba de una sombra que acechaba la ópera, otros que era una persona que anónimamente decidía quien participaba en las obras y quien no, como sea, no tenga idea como, pero Enid se topó con él, de esa parte no se mucho, lo que si se es que en uno de los espectáculos apareció con la intención de llevarse a Enid.

—¿Y qué sucedió?

—Enid se resistió, terminamos en su guarida, por poco y muero debajo del edificio, pero Enid me salvo, supongo que hizo entrar en razón al fantasma, le devolvió el anillo de compromiso que ya la había dado, entonces ella y yo nos casamos.

—¿Y tú esperas que yo te crea todo eso?

—Realmente no me importa, no sé por qué Enid se quedó conmigo y nunca quise preguntar, lo que, si sé, es que el fantasma la amaba... tal vez un poco más que yo.

...

A unos kilometros de ahí, en lo profundo de la ópera Garnier, una figura empapada en oscuridad, recordaba a su amada, su canto, su tacto, su amor que en algún momento le perteneció, aun podía escuchar la voz de su ángel.

La silueta, imponente y femenina se escurría entre los escombros de la cueva, paso por la cama donde la coloco aquella noche cuando ella la siguió pensando que se trataba de un ángel de la música, sin imaginar que debajo de la mascará que portaba se encontraba el rostro de un monstro.

Y sonrió a la nada, porque sabía que dentro de su ser y del misterio encarnado que era ella aun con esos defectos había sido amada, amada por su musa, por su Enid, aun con sus engaños, con sus acciones arrebatadas, Enid la había amado y si se había ido no era por su apariencia, sino que Enid sabía que una persona que no se ama a sí misma no puede amar a otra persona. Ahora después de tantos años, el fantasma de amaba, Merlina Addams se amaba, ahora podía reunirse con su amada.  

October Change WenclairHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora