El Rey Adrick se dirigía con toda su escolta camino a las puertas del Palacio: Un gran grupo de insurgentes tuvieron el descaro de marchar directo hacia la entrada y reclamar su presencia. Adrick no sabía lo que querían con exactitud pero no cedería; puede que ya no tuviera a Alexei de su lado, pero tampoco dependía en entero de él: Era el Rey. Tenía armamento, entrenamiento y hombres a su favor; no necesitó del vampiro para imponer su reinado entre gente que opinaba lo más bajo del heredero que ni siquiera su padre quería. Él solo se posicionó donde estaba y él solo derribaría cualquier obstáculo que se le interpusiera.
Aún con esto en mente, su corazón no evitó detenerse por un segundo al ver que era Seline la que los lideraba. Esa mujer... Debería ser más que moho y huesos enterrados en lo más recóndito del bosque.
―Seline. ―aún así no flaqueó en proyectar confianza― Pero qué sorpresa: Pensé que ahora vivías en un cementerio. ―hasta se burló. Sus guardias se rieron ante su sentido del humor.
Seline también lo hizo, falsa y exagerada.
―Oh, Adrick, divertido como siempre. Y yo pensando que la edad te volvería serio. ―sus marionetas abuchearon al monarca, leales a su titiritera. Adrick frunció el ceño.
―Olvidas que eres tres años mayor que yo. ―comentó receloso. Como por arte de magia, después sonrió, como si hablara con una vieja amiga― ¡Pero bueno! No estamos aquí para contar números. Dime esposa mía: ¿A qué se debe tu visita? Que sea el rey no significa que tenga platos ni comida para tantos. ―señaló a sus insurgentes.
―¡Oh! ¿Qué no tienes suficientes aperitivos dices? Yo veo suficientes justo a tu lado. ¿No lo creen muchachos? ―sonrió maliciosa, enseñando a propósito sus colmillos en lo que miraba a las decenas de guardias y sus marionetas hicieron lo mismo.
Los defensores de Adrick se pusieron rígidos. El Rey no esperó más para desenvainar una espada dorada cuyos rubíes incrustados amenazaron de un destello a manchar el metal del mismo color que el de las gemas.
―Sal de aquí Seline. ―amenazó apuntándole. ―No lo repetiré otra vez.
―¡Pero si aún no has oído mi oferta! ―replicó Seline alzando sus manos en una falsa señal de venir en paz.
Adrick alzó una ceja escéptica.
―Como veo que valoras tanto a tus hombres como para amenazar a una vieja amiga te propongo esto: No habrá enfrentamiento. Nadie saldrá herido y mis muchachos se mantendrán al margen si me das una sola cosa a cambio.
―¿Qué? ―Adrick intensificó el agarre en su florete y la severidad en su timbre.
―Tu Reino claro. ―Seline lo dijo como si fuera lo más insignificante para pedir. Adrick no pudo evitar reír divertido.
―Ni en sueños.
Contrariamente a lo esperado, Seline sonrió complacida.
―Sabía que dirías eso. ―lanzó un objeto al aire y el Capitán al mando de Adrick lo atrapó, la consternación nubló su mirada al ver lo que era y se lo enseñó inmediatamente a su señor. Adrick enfureció de inmediato al ver que se trataba de la gargantilla favorita de su hija.
―¡Dime qué le hiciste! Si la lastimaste, te juro que...
Seline lo calló con chasqueos de su lengua.
―Querido, calma, calma. Ella está a salvo... Por ahora.
El fuego en los ojos dorados de Adrick pedían a gritos consumir a su enemiga con sus llamas.
―Dame el control del Reino y prometo devolvértela a salvo.
Adrick se tensó y titubeó. El Capitán Konstantine temió verlo ceder: Su Rey nunca flaqueaba, pero si se trataba de su hija...
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Midnight
VampireEl padre de la princesa heredera al trono, Li, siempre deja que su querida hija haga lo que guste... Exceptuando ir a "Esa torre en el castillo". Li se pregunta desde temprana edad: ¿Qué es lo que la aguarda en esa torre?
