☆ Capítulo Dieciséis

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Acomodé con cuidado la chaqueta de cuero sobre mis hombros para esquivar al gélido viento de la noche, que buscaba rozar mi piel, estábamos sentados a las afueras de la tienda en la que nos habíamos encontrado, pues era habitual que en Corea en lu...

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Acomodé con cuidado la chaqueta de cuero sobre mis hombros para esquivar al gélido viento de la noche, que buscaba rozar mi piel, estábamos sentados a las afueras de la tienda en la que nos habíamos encontrado, pues era habitual que en Corea en lugares como este hubiesen un par de mesas con sillas para beber o comer lo que sea que hubieses comprado en la tienda.

Manteníamos una conversación tranquila en la que ambos hablábamos de nuestras vidas, sin profundizar demasiado en los detalles, dado que ambos buscábamos sutilmente asentar las bases necesarias para hablar con comodidad del tema que tanto nos interesaba. La lata de té helado bailaba en mis manos a pesar de que sólo quedaban un par de gotas en ella, tenía que ir pronto a tirarla, pero como en este país era tan raro encontrar un cubo de basura probablemente llegaría con ella a mi apartamento.

Los recuerdos y la inquietante sensación de tener el pecho apretado aparecían cada vez que me detenía un segundo a analizar toda la escena, porque era extraño sin duda, volver a compartir un escenario como este con normalidad, porque aunque él no representaba a un extraño, el tiempo hacía que lo sintiera así, a diferencia de Bada que a pesar de la distancia seguía teniendo una pieza bien encajada en el rompecabezas de mi vida, Howl se sentía como una pieza perdida que al momento de ser encontrada, ya no era necesaria, pero aun así en el fondo la melancolía era incapaz de alejarlo de lo que alguna vez había sido su espacio.

- Quiero otro té helado pero es tarde y demasiado azúcar no me ayudará a dormir más tarde -dije mientras aún sostenía la lata casi vacía.

- El azúcar no suele ser un problema para mí -se ajustó los puños de la chaqueta- la última vez me comí un trozo de tarta antes de irme a dormir y descansé muy bien.

Lo miré un momento y luego resoplé.

- Yo no puedo comer nada dulce al menos dos horas antes de acostarme, porque si no doy mil vueltas en la cama antes de dormirme.

- Lo comprendo, a mi madre le pasa lo mismo -sonreí recordando la cara de su madre.

- Recuerdo que me aconsejó que tomara somníferos para esas ocasiones, porque su médico se los había recetado -solté una risita, a la que él se unió.

- Es verdad, yo estaba allí el día que te dijo eso.

Me distraje unos segundos viendo pasar a un grupo de chicos que, al parecer, buscaban una zona para fumar, o eso había oído de su conversación mientras pasaban junto a nosotros, lamentablemente, ante la supuesta mención de esta acción, las ganas de exhalar el humo de un cigarrillo a través de mis labios se hicieron presentes, así que para desviar mis pensamientos tomé el último sorbo de la lata que tenía en mis manos.

Siendo observada en todo momento por el chico que tenía al lado, que enseguida se dio cuenta de mi repentino cambio de actitud.

- ¿Todavía fumas? -me quedé un momento en silencio pensando qué decir mientras miraba el diseño tan elaborado que mi manicurista había hecho en mis uñas.

𝙄 𝙒𝙖𝙣𝙙 𝙔𝙤𝙪 ▪︎ 𝘽𝙖𝙙𝙖 𝙇𝙚𝙚Donde viven las historias. Descúbrelo ahora