Capítulo 15

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Mierda, mierda, mierda, era lo único que pensaba. Delante de mí, el señor Thompson, padre de Noah, me miraba con recelo.

Me levanté lo mejor que pude, cuidando que el mareo no me tirara a un costado y pasara una vergüenza más de las que normalmente me suceden. 

Mis tacones altos no me ayudaban mucho.

—Un placer, señor Thompson —mi voz salió torpe, pero al menos pude formular algo. Supongo que él entiende que todavía estoy aturdida por el incidente que casi colapsa su edificio.

El hombre, aún más imponente que su hijo, me dedicó una sonrisa de lado, justo como las que Noah me regalaba en un principio, solo que esta vez cargada de una frialdad mucho más profunda.

—Al parecer usted descubrió algo grande, Eva —señaló con su mano a todos los lesionados o sucios, como supongo que estoy yo en parte—. Espero que valga la pena haber destruido parte de mi empresa y mi gente.

Miré a mi alrededor y tenía razón. Estaba todo hecho un desastre, las personas aturdidas, sentadas en los puntos de atención médica. Podrían haber muerto por yo estar metiendo las narices en asuntos de alguien que considera que mis investigaciones no son muy pertinentes.

Esto era una locura.

Los ojos se me cristalizaron. No pude evitar sentir rencor por el señor que estaba delante de mí. Sus palabras eran como dagas, directas a mi orgullo.

—Aunque supongo que nadie cometería un crimen así por gusto. De hecho, la intención era que murieras en el intento y destruir las evidencias en tu computadora, para luego borrar los servidores del sistema de seguridad donde se estaba guardando la información que se te envió. Astuto. Supongo que nos va a tomar más de tres días y aproximadamente tres millones para solventar todos los gastos en daños del día de hoy. Espero que la información que me dé supere esta cifra.

Ni siquiera tenía lo que pedía a la mano. Todo estaba frito, igual que las cosas de mi oficina.

—Me temo que no había llegado al final —una chispa se encendió en mi cabeza—. Pero... si supongo que la información valía la pena, si no, no se hubieran tomado tanto trabajo.

El teléfono en mi bolsillo comenzó a sonar. Uff, salvada por la campana.

La pantalla mostraba el nombre de Noah, con un copo de nieve y una corona de laurel simbolizando mi poco acertado apodo de Dios griego del hielo.

Le susurré un permiso y me aparté un poco.

—¿Sí?

—¿Estás bien? ¿Te pasó algo, Eva? ¡Si te pasó algo, el maldito hijo de puta que hizo esto me las va a pagar! —se escuchaba molesto.

Suspiré. Todavía tenía los ojos cristalizados. Todo me daba ganas de llorar (seguro era la conmoción) y, con el nudo en el estómago, mi voz seguía un poco quebrada a pesar de que quería aparentar calma.

—Tranquilo, estoy bien. Estaba en el baño en esos momentos. Por suerte, el Universo no me quiere muerta todavía —solté una pequeña risa para alivianar el ambiente.

—No bromees con eso, por favor. Ya le ordené a mi piloto la salida en menos de una hora, estoy alistándome para ir al aeropuerto —estaba tenso.

—No hay necesidad. Yo me sé cuidar sola y, además, ya la policía comenzó a actuar —unos oficiales pasaron frente a mí, dándome una buena excusa.

—¿Sabes que estuviste a segundos de morir, verdad? ¿Crees que me voy a quedar de brazos cruzados viendo cómo te intentan asesinar por esa puta investigación?

Rodé los ojos. Tenía un punto, pero no quiero ser la damisela en apuros y joderle sus negocios.

—Ya te dije que no necesito niñera. Si quieres, puedes probar fuerza.

—Eres un... uff —estaba frustrado.

—Tienes cosas que hacer allá todavía. Te prometo que me puedo encargar de esto.

—¿Vas a dejar que mi padre te cuide, al menos? Esa es la única forma en que no voy a viajar hasta allá.

Rodé los ojos nuevamente. Mejor le decía que sí, y ya vería cómo me quitaba al señor Thompson de encima.

—Está bien, pero solo hasta que se solucione el problema en la oficina.

—De todas formas, intentaré acortar mi viaje.

Un toque de melancolía me aprisionó en esos momentos. Era confuso. A veces lo quería matar, a veces lo odiaba, lo amaba... y ahora lo extrañaba.

—Estaré ansiosa porque pase esta semana —tampoco me dejé en evidencia; no soy tan fácil de mostrar mis sentimientos y tengo una historia bastante oscura que no quiero desvelar al respecto.

—Yo te extraño más.

Le colgué. Me iba a poner a llorar y no quería. Nadie nunca me había dicho que me extrañaba, menos alguien como Noah.

El señor Thompson padre se acercó a mis espaldas y posó su mano en mi hombro. Cuando me di la vuelta, tendió una taza que contenía té, ya no tan humeante. Al instante de corresponderle y agarrar el líquido, su teléfono le sonó.

Ambos sabíamos quién era.

Me alejé, en espera de noticias. Los paramédicos se acababan de llevar a Martha y a otro hombre trajeado. Según los que la atendieron, las quemaduras eran de segundo grado, producidas por el café, y había inhalado mucho humo, así que estaba propensa a padecer algo en las vías respiratorias.

Aproveché y me senté con ellos para que me revisaran. A este punto estaba tan nerviosa y frustrada que prácticamente no sabría decir si me dolía algo. Por suerte, estaba todo bien conmigo, al menos físicamente.

El señor Thompson, luego de terminar su llamada, se acercó. Parecía imposible, pero se veía más sombrío y helado. Ya entiendo cuáles son las actitudes que imita Noah; es que parecen ambos dos gotas de agua, a excepción de que la vejez hizo que su padre engordara mucho y que su cabello se pintara de canas plateadas.

—Necesito que recojas tus cosas. Hasta que llegue Noah, vivirás con nosotros.

Al principio pensé que no hablaba conmigo, porque ni siquiera me miró a los ojos, pero no había nadie más. Estaba sola y ese hombre me estaba arrastrando a su mansión.

—Creo que hay una equivocación. Yo no pienso ir con usted.

—No quiero discutir el asunto, Eva. Vienes conmigo y punto. Ya tengo demasiado estrés para que alguien como tú —recalcó esto último— venga a provocarme más.

Zanjó, y por su cara supe que no podía negarme más.

—Al menos permítame recoger algunas de mis cosas.

—Yo me voy a quedar. Mi chofer te llevará a tu casa por tus pertenencias y luego a la mansión. Una cosa más —intervino en mi marcha, al lado de Sam, que ahora sé es el chofer de la casa—. Tú y mi hijo...

—No —le interrumpí—. Nosotros solo nos conocemos del trabajo.

—No era eso lo que iba a preguntar, pero por ahora me conformo. Anda, y por ningún motivo salgas. Los policías irán hasta allá para tomar declaración.

Asentí y caminé detrás del hombre que se veía igual de cansado de esta vida que yo.

Cuando pensé que las cosas iban a mejorar, dan un vuelco de 360 grados. Me quedaba una última pieza bajo la manga y no iba a dejar que las vidas de tantas personas se hayan sacrificado hoy por gusto.

La persona que me intentó matar... me las va a pagar.

Un Imperio De Hielo Y Lunas AzulesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora