Por fin mi primer día de trabajo había llegado y al parecer entré por lo grande en la empresa -que no era ni la mitad del T&Y Companys- porque el chofer de mi nuevo jefe me escoltaba. Y no sé por qué, pero este último había venido expresamente, desde New York a Florida, con la expresa idea de darme la bienvenida y tratar conmigo en persona.
Lo cual me parecía lo suficientemente extraño para desconfiar, más aún cuando lo vi esperándome, parado, recostado de el que sería mi nuevo escritorio con un ramo de flores- No es ético hacer esperar a un escolta, menos si te va a llevar a tu primer día de trabajo y también llegar tarde.
Sus ojos azules me escrutaron de arriba a abajo y mi cabeza gritó peligro mientras se acomodaba su corbata. -Lo siento, tenía unos asuntos que arreglar en casa.
-No me dijiste que irías con alguien más, de hecho, pensé que vivías sola, es por eso por lo que localicé una casa con una sola habitación.
Puse una mano enfrente de mí y negué- Estamos bien, de hecho, ya hizo demasiado por nosotros, se lo agradezco.
La mano que aún estaba delante de mí se estiró, ofreciendo un saludo de la forma más natural que pude porque la verdad es que me incomodaba su presencia aquí. -Un placer conocerlo en persona.
Tomó mi mano en un apretón y cuando terminó colocó el ramo de rosas en ella. -El placer es mío. Permítame corregirme, pero debería llamarla ahora ¿Moon o Rey?
-Rey está bien por favor.
-Supongo que esa es una historia que me podrá contar luego- Me retó con una sonrisa.
-Supongo que no, no me gustaría divulgaciones de mi vida privada con mi jefe. Estoy aquí para ayudarlo a crecer las finanzas de su empresa no para que conozca todo de mí.
Una sonrisa burlona salió de su garganta. -Ya veo, tiene mucha reputación de eso.
Metió sus manos en los bolsillos de los pantalones, dejándome una vista a sus músculos marcados incluso por encima de su traje y a su esbelta figura y sin decir más salió por la puerta principal.
¿Qué había sido aquello?
¿Acaso nuevamente tendría un jefe coqueteando conmigo? ¿O había sido una ofensa?
Esta vez no podía dejar que pasara a mayores después de la última historia, en primera porque estaba embarazada y en segunda porque seguía profundamente enamorada de Noah. Aunque estoy segura de que debo cuidarme de él, en especial porque tiene el mismo prototipo de hombre que he seguido durante años, cabello negro, ojos azules y aire misterioso.
Y aunque obviamente es incomparable con Noah, hay que admitir que mi nuevo jefe es todo un Dios griego.
La pequeña compañía en expansión estaba localizada en una zona de varios edificios pequeños y empresas y en el fondo por mi ventana se podía ver un gran conjunto de árboles separándonos del ruido citadino, muy diferente a lo que me había acostumbrado en New York, aunque esto era muchísimo mejor que la gran manzana para tener a mi bebé. Nacería en el mismo lugar que su madre, aunque a diferencia de ella, este si tendrá una madre que lo ame.
Vagas imágenes pasaron por mi cabeza, para ser específicas eran de mamá en mis cumpleaños, los cuales nunca la vi soplar una vela junto conmigo, tampoco estuvo presente en mi primera a actuación escolar, ni en ninguna de las actividades que le secundaron, mamá nunca me dio el beso de buenas noches, ni me aconsejó que hacer y que no, incluso mi primera palabra fue ''papá'', quién si estuvo ahí en todos esos momentos.
Pero mi más grande decepción es que nunca se ocupara de averiguar por qué el cadáver de su hija no estaba en aquel vehículo. Hasta la madre más mala que he conocido se preocuparía por saber si su hijo estaba vivo o no, por saber si come o si no le ha pasado nada malo.
Con la cabeza llena de pensamientos y el estómago hecho un revoltijo me quedé dormida en mi escritorio, y no sé cuánto tiempo pasó luego de eso, que solo me vine a despertar cuando una mano se posó en mi hombro y me sacudió lentamente. -Pensé que estabas muerta, normalmente cuando mis empleados se quedan dormidos y viene el jefe dicen que están rezando o algo así después de despertarse de golpe. -Se burló- Pero tu ni siquiera me escuchaste las 200 veces que te llamé.
Estrujé los ojos maldiciendo mi suerte. -Lo siento señor Wallas, debí de ser un poco más cuidadosa.
No estaba de ánimos para nada, y él parecía tener humor para todo, una sonrisa sádica se posó en su rostro, ese hombre daba miedo en ocasiones. -Vamos, estoy aquí para invitarte a comer.
-Lo siento, pero ahora que veo que me quedé dormida voy a tener que terminar todo el trabajo atrasado.
Me negué, la última vez que mi jefe me invitó a una cena terminé siendo follada en el asiento de atrás de su coche rentado y recordar todo aquello, no hizo más que molestarme un poco más.
-No tienes opción Eva, tu jefe te está pidiendo una cena de negocios, necesitamos hablar.
No me quedó más remedio que resignarme y asentir.
-Te espero en 30 minutos en la entrada, no demores, no me gusta esperar.
Después de esto, se perdió detrás de las puertas de mi oficina y a mí me tocó correr con todas las cosas que tenía atrasadas que por suerte no eran muchas y arreglarme el cabello lo mejor que pude en el baño para poder estar al menos 5 minutos antes.
Aunque para mi mala suerte, él era mucho más puntual que yo- Así me gusta Eva.
Le hizo una seña al hombre detrás de mí para que cargara mi bolso y a mi otra para que lo siguiera al flamante Mercedes que estaba estacionado en el frente.
El bebé dentro de mi venía pidiéndome mariscos hace una semana atrás y no podía cumplir el capricho por lo caro que era, así que cuando me pidió sugerencia para comer algo, fue en lo primero que pensé. - ¿Podemos comer Langosta?
-Genial, mejor nos apuramos, tengo una propuesta para ti que no puede esperar.
ESTÁS LEYENDO
Un Imperio De Hielo Y Lunas Azules
RomanceEva es una chica linda y llena de secretos, pero rota por dentro ya que carga con la culpa de quitarles la vida a las personas que ama. Por cosas del destino encuentra un trabajo como secretaria del CEO de una de las empresas más grandes de New Yor...
