Capítulo 29

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Todo en casa estaba empacado, el vuelo salía en exactamente dos horas, y las pocas maletas con mis cosas descansaban en la sala, mientras le entregaba la llave del departamento a la señora Ana, la cual por la forma en que me mira siempre, sé que me tiene lástima, y eso me hacía querer odiarla casi. De mala gana puse mis juegos de llave en el mueble más cercano y le deposité en sus manos un sobre con el último de mis pagos que estaba atrasado.

-Espero encontrar a algún otro inquilino como tú, este es el único maldito apartamento que no está destrozado o con olor a hierba.

Sonreí comprendiendo y gesticulé un adiós cuando salió por la puerta, hoy era uno de esos días donde no tengo ganas de hablar absolutamente de nada y lo que mejor hago es dejarme llevar como si la vida fuera la corriente de un río casi tan bravo como el Amazonas.

Bela me ayudó a llevar todas nuestras cosas hasta el taxi, y el joven muy amable las cargó dentro. Iba al menos con una pequeña alegría dentro porque una vez allí ya tendríamos un departamento donde quedarnos, mi jefe nos había llamado esta mañana porque había resuelto un apartamento para una persona, porque ni se imaginaba que viviría con alguien más, pero bueno, al menos un tiempo en lo que nos acomodamos estaba perfecto.

Porque si todo salía bien, iríamos a vivir a la casa de mi familia para antes de que nacieran los niños, porque a estas alturas ni siquiera habían encontrado a mi tío y eso me daba una gran ventaja legal.

Y esas dos eran otra de las preocupaciones, me moría de miedo de que Bela le contara algo a Noah, tendría que pensar mucho para ver como la convencía y por otra parte salir de mi escondite e intentar quitarle todo a mi tío quizás me dejaba en una posición demasiado expuesta.

Tenía que analizar a partir de ahora cada paso que daba para en mi nueva vida no volver a cometer errores.

El aeropuerto John F. Kennedy estaba repleto y era mi primera vez viajando en avión desde hace más de 10 años, ni siquiera recordaba cómo era uno por dentro. Y al contrario de lo que me imaginé estaba tranquila, a diferencia de Bela que sudaba mucho y los golpes, que estaban casi imposibles de esconder se estaban haciendo llamativos, tuvimos que entrar al baño un par de veces en lo que esperábamos para retocar su maquillaje, todo porque era una niña buena y tenía miedo de que la descubrieran.

Por suerte era un vuelo local y los controles eran escasos y nos preocupamos poco por la apariencia de Bela que no parecía mejorar a pesar de las horas que habíamos gastado coloreando cada rincón.

El avión se elevó en los aires con algo de dificultad por el viento del comienzo del otoño, y con él todas mis esperanzas de nuevo, a pesar del miedo que sentía por la nueva vida que crecía dentro de mí la cual tenía que proteger hasta la última fuerza que me quedara y porque a mi lado iba una niña inocente confinada a un futuro incierto, por las malas decisiones de su familia, la cual no logro evitar que cada vez que me mire con sus grandes ojos azules me recuerde al amor de mi vida el cual me apuñaló por la espalda y que justo en ese momento se estaba casando con alguien más sin saber que llevaba conmigo un pedacito de él, el cuál nunca conocería.

El MCO en Orlando me recibía con una oleada de calor, algo muy típico de Florida y en la salida un hombre con un cartel rezando mi nombre me esperaba. -Mucho gusto, soy Brandon el chofer encargado de llevarla a su hogar. -Estiró su mano en señal de saludo y la apreté a penas sin ganas, llevaba un bajón de energía. Sus ojos se desviaron a Bela que acababa de pararse detrás de mí -Lo siento, no sabía que vendría acompañada.

-Un placer conocerte, si, ella es Amanda -Dije recordando con dificultad su ''nuevo nombre''.

Bela extendió la mano cortés y le saludó, el hombre se quedó unos instantes mirándole el rostro, su ojo hinchado era imposible de esconder, más con las muecas que le provocaba el dolor, pero por suerte hizo caso omiso y se agachó para cargar las maletas y las llevó hasta un GMC de 9 capacidades que estaba parqueado al frente, donde se supone que los carros no pueden estar más de 15 minutos.

El trayecto fue en silencio, Brandon no nos volvió a dedicar la palabra y lo agradecí, porque así podía concentrarme en mirar las calles de mi ciudad natal de la que no recordaba absolutamente nada, aunque supongo que las cosas en casi 10 años cambian mucho.

El departamento estaba ubicado a los alrededores del Millenial Mall, y tenía una vista excelente a los jardines, el chofer nos ayudó a bajar las maletas para luego marcharse después de decir adiós y yo le agradeciera.

Bela tuvo que depositar lo poco que habíamos comido en el aeropuerto, en cambio yo lo primero que hice fue localizar a un abogado que me recomendaba Internet y llamar para crear una cita cuanto antes, porque según era uno de los ''mejores'' de la zona.

León Buffet, rezaba el letrero verificado en la llamada y yo rezaba porque pudiera ayudarme, por suerte agendé una cita para el día siguiente.

Cuando terminé me pude enfocar en visualizar mi departamento, tenía una sala pequeña con vistas a la cocina y un espacio donde había una pequeña mesa de comedor, un pequeño baño y una habitación lo suficientemente espaciosa para dos camitas personales y un closet. Gradecí el detalle así no tendríamos que dormir juntas.

Cuando di el recorrido, salí a la terraza a admirar las estrellas, aquí en Florida el cielo es más claro, hacía mucho tiempo atrás que no veía tantas juntas, de hecho, me recordé de las noches con mi padre en el invernadero, él y mamá tenían una obsesión insana por la astrología y con 6 años ya conocía la mayoría de las constelaciones y las estrellas que la forman.

Cuando entré Bela se encontraba durmiendo en una de las camas y yo no tardé en tomar un baño y ocupar la segunda, no sin antes depositar un beso en su frente magullada y arroparla con la colcha.

El día de mañana sería mucho más duro y lleno de desafíos, por lo tanto, hoy solo nos quedaba acostarnos y entregarnos a Morfeo.

Un Imperio De Hielo Y Lunas AzulesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora