Una imagen se reprodujo como una alucinación delante de mí mientras caminaba por el mismo lugar de hace 7 años atrás, yo ya tenía unos 13, y me estaba muriendo de frío, era pleno enero y las temperaturas habían bajado a menos de 20 grados Fahrenheit, hacía varios minutos atrás unos jóvenes drogados me habían quitado hasta el último centavo que había ganado ese día, por lo tanto, no comería.
Me acurruqué en el banco intentando que el poco calor que me brindaba la sudadera que había encontrado en la basura semanas atrás me cubriera y esperé a que el sueño venciera la batalla contra mis tripas.
No habían pasado ni tres horas cuando una mano hizo movimientos algo bruscos en mi hombro -Niña, ¿Estás bien?
Mis ojos se encontraron con un hombre de alrededor de 30 años, bastante agraciado y parecía de dinero por el traje elegante y el olor tan rico que desprendía. Moví la cabeza de arriba a abajo un par de veces.
- ¿Tienes hambre?
El hombre seguía haciendo preguntas que parecían demasiado obvias, no lo culpo, dicen que las personas mientras más dinero más tontas se vuelven.
-Vamos, te voy a comprar algo para que comas.
Lo vi extender una mano y dubitativa la acepté, este tiempo viviendo en la calle me había enseñado que tenía que desconfiar hasta de mi sombra.
Habíamos ido a uno de los puestos de comida baratos en la avenida, y me había comprado una cantidad exagerada para mi sola, mientras que él solo se sentó delante de mí a ver como devoraba todo aquello. Según yo, el Universo me había dado un respiro esa noche. -Hace mucho frío, voy a pagar una habitación de motel para ti esta noche, o vas a morir congelada.
Negué con la boca aun llena, no podía permitir que ese hombre siguiera siendo amable conmigo, las cosas nunca se hacen de gratis, pero me sirvió de poco, siguió insistiendo, hablando de muertes y probabilidades de temperatura, hasta que me vi siguiéndolo mientras jalaba mi mano hasta el interior del lugar de mala muerte.
La recepcionista nos dio las llaves y él las entregó en mis manos y ambos me indicaron donde iba a estar la habitación, me despedí de él dándole las gracias y me encaminé al cuarto número 4 que estaba en lo último de aquel lugar.
El hombre había sido muy amable conmigo, a pesar de que me daba muy mala espina y me reprendí un poco por ser tan desconfiada, la habitación estaba calientita y la cama, aunque fuera dura y con sábanas manchadas para mí que había dormido en ese banco de piedra por meses era una bendición.
No habían pasado ni 20 minutos cuando me desperté del sueño que había comenzado a tener. El llavín se estaba moviendo, como si intentaran abrirlo lentamente desde afuera y asustada me acurruqué debajo de las sábanas, como si eso me protegiera de la pesadilla que se encaminaba hacia mí.
-Ya casi me iba, pero se me había olvidado cobrarte el favor, espero estés lista pollito, porque esta va a ser una noche inolvidable.
...
Las lágrimas me corrían como locas y tuve que caminar por al menos 3 horas más para poder sacar de mi cabeza todo aquello, cuando tuve la fuerza suficiente, tomé el autobús y me encaminé a casa. No podía dejar, por mucho que me doliera que mamá o mis pesadillas me atormentaran, no más, ahora tenía a alguien en el estómago que tenía que cuidar con la vida. Y por muy destruida que estuviera yo era alguien fuerte, que había sobrevivió a mucho, como para dejarme vencer ahora que tenía el mejor motivo del mundo para luchar.
Bela estaba en casa como imaginé, y al igual que yo tenía los ojos rojos, supongo que el destino no nos quiere a ambas, nos miramos por unos segundos, pero ninguna hizo ningún comentario al respecto. En cambio, yo suspiré profundo y me decidí a soltarle la bomba.
-Hay algo que tengo que decirte Bela.
La niña me miró con ojos vidriosos aun y tomó asiento en el lugar más cercano a mí, abrazando su estómago que apenas se veía un pequeño bulto y mirándome fijamente como si no tuviera ganas de decirme el ''Te escucho '' que yo interpreté a través de sus ojos.
-Hace unos días atrás, cuando el mundo se me vino abajo por culpa de tu hermano salí a caminar al parque y me desmayé, me llevaron inconsciente al hospital y me hicieron un montón de análisis. -Sus ojos me escrutaban en silencio aún. - Estoy embarazada. -Mi vista se dirigió al suelo y esperé su respuesta.
- ¿Embarazada? ¿Estás embarazada de mi hermano? - Una chispa le surcó los ojos.
Justamente lo que me esperaba, si se descubría la verdad me iba a odiar por siempre- De hecho, no, tengo más de seis semanas y a penas llevo 4 saliendo con tu hermano, el bebé es de alguien más que prefiero no mencionar, de todas formas, no lo conoces.
- ¿Es de tu ex? - Arqueó una ceja -Me dijiste que te había engañado y se había ido a España hace más de un año.
Negué, era una buena excusa para al menos no parecer una vagabunda que va de cama en cama. -Estuve con él, pero prefiero no hablar al respecto.
Asintió y el ánimo volvió al estado que ya estaba -Entonces ya somos dos panzonas en esta casa -Su intento de broma me levantó mi energía y le regalé una sonrisa. -Esta mañana apliqué para un trabajo online, voy a recibir llamadas desde casa para una línea caliente. -Sus mejillas se tornaron de rojo -Yo sé que no es lo más ético no me juzgues, con esta nueva identidad fue lo mejor que pude conseguir y me muero de vergüenza porque ni sé que voy a hacer, aunque supongo que tengo algo de práctica fingiendo esa clase de cosas. -Una sombra le oscureció la mirada como si esas palabras le hubiesen sacado uno de sus demonios.
- ¿Quién crees que soy yo para juzgarte? no te preocupes, una vez que comience a trabajar voy a tener un salario lo suficientemente decente para mantenernos a los cuatro.
-No quiero ser una carga Eva.
Mi mano se deslizó a su barbilla y la alcé encontrándome con sus dos grandes lunas azules haciendo que mi corazón se estruje recordando a su hermano. -No digas eso, yo te prometí que te iba acuidar y lo voy a cumplir, nadie merece pasar por lo que tú y yo pasamos y no voy a permitir que la historia se repita.
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Un Imperio De Hielo Y Lunas Azules
RomanceEva es una chica linda y llena de secretos, pero rota por dentro ya que carga con la culpa de quitarles la vida a las personas que ama. Por cosas del destino encuentra un trabajo como secretaria del CEO de una de las empresas más grandes de New Yor...
