Capítulo 52

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Mi madre estaba contenta de ver a la amiga que la había salvado y yo estaba agradecida con ella y su hija que después descubrí se llama Nancy, tanto así que una vez salimos de forma ''anónima'' cancelé completamente su deuda con el hospital y dejé pago cuanto tratamiento la señora necesite. Si ella salvó la salud de mi madre, como mínimo la ayudaría con la suya.

Nos despedimos de las chicas y fuimos directamente hasta la consulta de psiquiatría del hospital, mamá no sabía nada de lo que pensaba hacer, pero iba a seguir el consejo de Nancy, le pagué una suma considerable de dinero al doctor a cambio de que asegurara que mi madre estaba lista para ir a casa ya, y una vez estuvo terminado todo, mandé a mi abogado a que se encargara directamente de actualizar sus papeles, lo cual tomaba solo un par de días y que comprara los vuelos de regreso para esa misma semana en lo que Emma y yo nos encaminamos hasta el centro comercial por algunas cosas de emergencia y para que ayudaran a mi madre con su apariencia.

La mediana cabellera rubia quedó irreconocible, después que la oscurecieran un poco y la cortaran hasta sus hombros. Y su piel y uñas resecas y dañadas fueron hidratadas y arregladas lo mejor que se pudo, mamá estaba casi igual que su hermana de joven, solo que ahora sí podía apreciar las diferencias, en especial hacia su comportamiento hacia mí, el amor de madre era la cosa más impresionante del mundo y la que más añoraba tener.

Terminamos esa noche cenando en un restaurante, donde poco a poco le conté parte por parte las cosas que había pasado en mi vida y a grandes rasgos mi infancia, mi historia con Max, Noah y David y todo acerca de mi tía y tío, quienes estaban ahora además pagando por lo que le habían hecho a ella.

Y a pesar de asegurarle a mami que nada de lo que había pasado ya me afectaba lloramos juntas abrazadas casi toda la noche, como lo había planeado.

....

El sol se levantaba y el reloj en la mesita de noche marcaba después de las 12, habíamos dormido mucho, pero la iba a dejar que durmiera un poco más, de seguro hacía años no probaba un colchón tan suave y sábanas de seda.

En cambio, yo, tomé una ducha fría y salí a terminar de resolver todos los papeles para la liberación de mi madre. Estaba en el edificio de parqueo intentando localizar las llaves de mi carro en todo el desastre en mi bolso cuando alguien me tomó del brazo y me hizo dar una vuelta brusca haciendo que lo mire directamente a sus grandes ojos azules. -Buu.

Tras su juego pegué un brinco, pero no emití palabra alguna, a él no le gusta que hablen siempre de que captura a su presa y yo más que de él, lo era ahora también de mi miedo. -Mira lo que tenemos aquí, y yo que pensaba que el síndrome de Estocolmo era mentira. -Sus ojos que antes no se habían dirigido a otro lugar más que a mis ojos, enfocaron mi cuerpo y se detuvieron en mi barriga- ¡Pero que mierda Eva! ¿Nada más hice irme y ya dejaste que te embarazaran?

Mi bebé.

Un golpe casi se estrella contra mi rostro, pero por suerte fui más rápida que él. No obstante, agarró mi mano derecha como si la castigara por mis actos -Siempre supe que eras una zorra, y tu solita me lo confirmas, ¿Qué mierda haces aquí? ¿Y cómo tienes dinero para rentar un carro tan caro?

Su pregunta quedó en el aire porque no pensaba responderla. -Sabes que me gusta que me miren perra- Por la mano que tenía agarrada mi muñeca me zarandeó como si solo fuera una simple muñeca de trapo para captar mi atención.

Pero yo, a pesar de tener miedo, tomé valor de lo más profundo y agarré discretamente el gas pimienta que guardaba en un bolsillo de mi cartera y le miré directamente a sus ojos desafiándolo -Ya no más. -Derramé el espray en el objetivo y mientras se retorcía de dolor, me monté en el vehículo e intenté escapar, salvo que en mi escapada marcha atrás, su cuerpo fue golpeado con el trasero del carro, dejándolo inconsciente en el pavimento.

Por suerte al auto no le pasó nada y a él tampoco, segundos después comenzó a retorcerse del dolor y yo salí corriendo, no quería saber nada más de él, ni de ese lugar.

Ese día había enterrado a Max y ya no sería el puto ratón que teme no ser atrapado.

Dos días después mientras manejaba con mi madre en el asiento del copiloto hasta el aeropuerto, iba rememorando cada detalle de mi vida con mi primer ex, eran errores que no pensaba repetir, y que para protegerla ni siquiera le conté que los había vivido. Día a día la locura de Max crecía, y con ello sus maniáticas aficiones, por suerte yo ya no era la niña inocente que se dejaba golpear hasta quedar inconsciente cuando Max tenía ganas de llevar a un nivel superior sus ganas de dominante golpeador.

Ahora tenía a mamá y a mi pequeña estrella, tenía que ser fuerte sí o sí, por ellos, por esto hasta el mes siguiente, iba a camino a Florida, a la casa de mis padres, en lo que vencía mi tiempo de regresar a New York a enfrentarme con mi cruda realidad, en especial cancelar mi boda con David.

Un Imperio De Hielo Y Lunas AzulesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora