Capítulo 18

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Dicen que cuando las personas están al borde de la muerte, antes de tocarla, una luz blanca las ciega y luego van al cielo. En mi caso, sentí un disparo, sin ningún dolor, y aún no veía nada delante de mí. Había calma y paz... hasta que el ruido de unas sirenas me aturdió.

Abrí los ojos de golpe. Ahí estaba, con mis manos creando una especie de pared entre la realidad y yo, mientras Sam tiraba el arma al suelo y levantaba las manos. Delante de mí, nuestros dos atacantes yacían: uno con una bala en la sien y el otro con golpes y sangre por todo su cuerpo.

Las lágrimas me invadieron y comencé a llorar como loca. Alguien colocó una manta sobre mi espalda, haciéndome dar un brinco. Como si fuera mi soporte emocional, me apreté contra ese cuerpo y dejé que me llevara cargada hasta una de las ambulancias que tenían las puertas abiertas detrás de mí en el callejón.

—¿Estás bien? —la voz de un paramédico me sacó de mis ideas.

Solo asentí, mientras comenzaba a examinarme.

A lo lejos, Sam le explicaba a la policía toda la historia. Era obvio que estaba preparado para este tipo de situaciones, pero aun así, era muy valiente.

Una vez terminó el interrogatorio, nos montaron a ambos en la misma patrulla y nos dirigimos al rascacielos. Aún teníamos una tarea que terminar.

Los escasos minutos se hicieron eternos. Sam preguntándome a cada rato si estaba bien me incomodaba. Era obvio que no estaba bien. Yo estaba rota, y estas cosas solo debilitaban más la poca salud mental que me quedaba. Aunque por fuera me mostrara neutra y calmada.

—¿Cómo logras cargar con la culpa de matar a alguien? —la pregunta salió casi en automático.

Lo vi pensar por unos segundos.

—No cargo con ella. Simplemente le quité algo que no merecía tener.

Una lágrima solitaria se escapó por mi mejilla. Decidí olvidar toda clase de dolor que desprendía mi alma, porque de otra forma, no estaría cuerda aún.

La patrulla se estacionó frente al edificio y Sam me ayudó a bajar. El señor Thompson estaba de pie en la entrada y le dio un abrazo a su chofer. Cualquiera diría que eran viejos amigos, por la familiaridad con la que lo hicieron. Parece que tampoco el padre de Noah es el témpano de hielo que aparenta.

—Me alegra que estén bien —se dirigió hacia mí—. Acabo de recibir todos los documentos que me enviaste. He levantado una denuncia y mañana procederé con la demanda formal con mis abogados. El señor Rey tiene que pagar por su traición a la firma, a su contrato como accionista y a la ley.

Asentí, orgullosa de mi trabajo.

—¿Ya puedo ir a casa? —pregunté. Max me esperaba, seguramente hambriento.

—Me temo que estamos en la fase más peligrosa. Rey sigue suelto y va a intentar vengarse. Los oficiales y yo lo discutimos y lo tenemos muy claro. Nunca pensé que uno de mis viejos amigos fuera capaz de todo esto, pero ya vemos que no todo es como creíamos.

Asentí y me quedé al margen de lo que pasaba. Mi tarea ya estaba completada.

Una hora después, di todas las declaraciones respecto a la bomba y al último atentado. Fue tedioso. Al final, terminé firmando los récords de todo lo que había investigado, para proceder con la demanda.

El señor Thompson y yo estábamos en la parte trasera de un Uber de lujo que alquiló para llevarnos a su casa. Este hombre no se montaba en nada que no tuviera condiciones de realeza. Sam iba en el asiento delantero, al lado del conductor. Todavía no le había dado las gracias por haberme salvado.

—Noah quiere hablar contigo —me dijo el padre de mi "algo", tendiéndome su teléfono después de solo unos minutos de viaje.

Acepté tímida.

—Hola.

—Preciosa —se escuchó del otro lado de la línea—. A partir de hoy tienes prohibido volver a escarbar en los asuntos de la empresa. Si hubiera imaginado esto, prefiero que me sigan robando.

—Noah... —le regañé—. No digas eso.

—Es la segunda vez que intentan matarte mientras estoy lejos. Padre va a contratar más seguridad. Y no quiero peros, ya hiciste bastante por nosotros.

—¿Sabes que no voy a dejar que alguien esté todo el tiempo conmigo como mi sombra?

—Pues a partir de ahora, y hasta que yo regrese y vea qué hacemos, no te vas a mover de la casa —su voz daba miedo.

Rodé los ojos, aunque él no pudiera verme. Tenía suficientes problemas en mi vida como para arruinarla más.

—No puedo dejar más tiempo solo en casa a mi perro. Además, tengo cosas que hacer. No me puedes obligar a nada.

Escuché su suspiro pesado al otro lado de la línea.

—¿Por qué eres tan difícil? Mañana Sam irá a buscar a tu perro y a traer lo que necesites del apartamento. Solo él —enfatizó—. Y tú vas a estar en mi casa hasta que localicen a quien intentó matarte dos veces. ¡Dos veces, Eva! —levantó la voz—. Lo siento. La culpa de todo esto es mía.

Decidí interrumpirlo. Odiaba que las personas cargaran culpas ajenas.

—Claro que no. ¡Es mi puto trabajo! Además, nadie sabía que esto sería tan peligroso.

La línea se sumió en un silencio inquietante.

—En cinco días regreso. Por favor, intenta mantenerte a salvo. Hay algo importante que te quiero pedir.

Sí que era bipolar. Ahora sonaba como un niño pequeño rogando por un caramelo.

—Eso haré. Adiós.

Colgué y le devolví el teléfono al señor Thompson, que me miraba con una mueca poco placentera.

—Eva —llamó mi atención, bajando el control de la ventanilla que nos separaba de los asientos delanteros—. Desde un principio sabía que todo lo que me habías dicho era mentira, pero no pensé que lo mantendrías tanto tiempo —una risa ladina se asomó en su rostro—. ¿Acaso me crees estúpido? ¿O alguien que no conoce a su hijo?

—Yo no...

—¡No me interrumpas cuando hablo! —se escuchaba molesto—. Me costó mucho tiempo y dedicación llegar hasta donde estoy. Tuve que hacer muchas cosas para levantar mi imperio y sacrifiqué todos mis años de juventud en su progreso, para que en el futuro mis hijos y nietos vivan cómodamente. Cada uno de ellos cumplirá su parte, porque yo me voy a asegurar.

Lo escuché en silencio, temblando por dentro.

—He visto a Noah muy diferente estos días, y me alegra verlo feliz. Pero tú no eres más que una diversión momentánea que le voy a permitir, porque él tiene que estar con alguien a su altura, formar una familia con una mujer de igual estatus y ayudarme a crecer mi imperio. Así que mi advertencia es que te alejes de él y no te aferres, porque tarde o temprano, Noah te dejará para cumplir mis órdenes.

Una lágrima corrió por mi mejilla.

—Usted no manda en el corazón de su hijo. Además, como le mencioné, nosotros no somos nada.

No repetimos palabra hasta llegar a la mansión. Fue mejor así. Si antes solo eran suposiciones, ahora estaba claro que el señor Thompson no estaba para nada de acuerdo con que Noah y yo estuviéramos juntos.

Supongo que personas como yo nunca logran tener la típica historia de amor cliché.

Un Imperio De Hielo Y Lunas AzulesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora