Diecisiete.

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Y nuevamente justo cuando Jungkook siente que todo podría estar al menos, medianamente bien, esos pensamientos incómodos comienzan a rondarlo como sombras. Son pequeñas cosas, detalles que se cuelan en su mente y lo hacen tambalearse, que lo llevan a cuestionarse si realmente está cumpliendo con su papel como esposo de alguien como Taehyung.

Se encuentra sentado en el borde de la cama, su tablet en las manos mientras desliza los dedos por la pantalla. En ella, desfilan imágenes impecables de omegas que dominan los titulares: perfectos, encantadores, icónicos. Videos de ellos caminando al lado de sus maridos, siempre con la cabeza en alto, con la gracia de alguien que sabe que pertenece al centro del mundo. No solo eran conocidos por sus alfas, sino que muchos brillaban con luz propia. Jungkook observa cada detalle: sus atuendos perfectamente seleccionados, los gestos refinados, el modo en que respondían a las cámaras con una mezcla de carisma y sofisticación.

Hace una mueca y deja escapar un suspiro de frustración, ¿Por qué no podía ser así? Pensaba que tenía ciertos encantos: su rostro juvenil, con ojos grandes y expresivos que más de una vez le dijeron que eran cautivadores; su cuerpo proporcionado, digno de admiración pero no era suficiente. Todo eso no era nada comparado con la imagen pulida y perfecta de esos omegas que parecían nacidos para ser elogiados.

"¿Qué me falta?" La pregunta se repite en su cabeza, una y otra vez hasta convertirse en una punzada constante. La inseguridad lo toma por completo. Sabe que debería sentirse agradecido, después de todo, está casado con Kim Taehyung, un alfa tan poderoso como respetado y, Taehyung le ha dado todo: lujo, estabilidad, incluso un nombre que llevaba peso por sí mismo pero, ¿De qué servía eso si Jungkook no lograba llenar el vacío que sentía por dentro?

¿Qué estaba mal? ¿Por qué no podía simplemente ser suficiente?

Jungkook cierra la tablet de golpe, arrojándola suavemente al lado de la cama. Siente cómo el coraje se mezcla con una tristeza que no sabe cómo manejar, su pecho se aprieta al pensar en lo que, según él, estaba fallando. Había aprendido desde pequeño que el deber de un omega era complacer, ser el complemento perfecto de su alfa y sin embargo, cada día que pasaba con Taehyung, no podía evitar sentir que estaba fallando en algo.

Su matrimonio.

Jungkook deja caer las manos sobre su regazo, mirando al suelo mientras la habitación permanece en silencio. Lo ve como un desastre, un fiasco que no quiere admitir, por fuera, tal vez se vea bien. Él, el adorable omega casado con el imponente Taehyung Kim, viviendo en una burbuja de lujo que parecía un sueño pero en el fondo, sentía que se desmoronaba poco a poco.

Taehyung era... buen y en su manera distante, nunca le había faltado, le daba todo lo que necesitaba, incluso cosas que Jungkook consideraba innecesarias. Pero lo que no le daba era lo que más anhelaba: atención genuina y afecto.

Y ahí estaba la gran verdad que se negaba a admitir, no era el lujo lo que quería, ni los regalos costosos.

Era a él.

Quería que Taehyung lo mirara, realmente lo mirara como alguien importante, como más que un omega bonito a su lado. Pero hasta ahora, todo lo que Jungkook percibía era que para Taehyung, él seguía siendo alguien con quien compartía un contrato y no un vínculo.

El omega suspira, presionando las palmas de sus manos contra su rostro para evitar que las lágrimas broten. No quería llorar, no otra vez pero su mente no dejaba de jugar con las palabras que lo atormentaban: inservible, insuficiente, invisible.

"Debo esforzarme más" piensa, levantando la cabeza con un atisbo de determinación que se cuela entre su tristeza, "no puedo seguir así, si quiero que él me vea, debo demostrarle que soy digno de estar a su lado."

housewife. tkHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora