Jungkook había pasado los últimos días en una calma tibia, como esa que queda después de la lluvia: húmeda, pero necesaria. Aunque Taehyung seguía distante a su manera, había pequeños gestos que lo hacían sentir más cerca. Le hablaba sin que él tuviera que iniciar la conversación, cenaban juntos, y cada mañana, al despedirse, recibía un beso en la frente y un "trataré de llegar temprano" que, aunque no siempre se cumplía, lo hacía sonreír todo el día.
No era exactamente un romance de novela, pero era lo más cercano que Jungkook había sentido al cariño cotidiano. Eso lo hacía sentirse... importante. Querido, incluso.
Tan querido que en secreto, había empezado a llevar a su habitación una camiseta de Taehyung, de esas que el alfa ya no usaba pero que aún estaban impregnadas de su olor. Jungkook la apretaba contra su rostro cuando se encerraba, solo por unos minutos, como si así pudiera tenerlo más cerca. Le avergonzaba lo mucho que necesitaba ese aroma. Pero no podía evitarlo.
Esa mañana se sentía especialmente animado. Afuera, el jardín olía a tierra mojada y lavanda recién regada. Se estiró en la entrada con la delicadeza que madame Choi, su estricta pero distinguida tutora de etiqueta, había logrado arrancarle a fuerza de lecciones y correcciones. Desde aquella cena con Namjoon y Jimin —tan incómoda como reveladora—, Jungkook se había propuesto mejorar.
Quería estar a la altura. Aprender a usar los cubiertos como un omega refinado, tomar el vino sin atragantarse... comportarse como un omega de clase, no como un niño jugando a ser adulto.
Ese día, sin saber exactamente por qué, caminó por los pasillos de la mansión con paso lento y seguro. Observó cada rincón con atención, deteniéndose en los detalles, como si recién se permitiera habitar realmente ese espacio. Por primera vez, se sentía merecedor de lo que tenía: los zapatos de diseñador, la ropa elegante que aún no se atrevía a usar del todo, la casa que ahora sí podía llamar suya.
Los empleados lo saludaban con reverencias leves al verlo pasar. Jungkook respondía con una sonrisa suave, sintiendo esa mezcla entre pudor y orgullo que aún no sabía manejar del todo.
— Buenos días, joven Jeon. Adelante. —saludó el guardia de la entrada con una leve inclinación, abriéndole la puerta.
— Buenos días —respondió Jungkook, elegante y sereno.
Sintió de inmediato un olor leve, apenas perceptible pero lo suficientemente distinto como para hacerlo fruncir apenas el ceño. Un aroma alfa que no era el de Taehyung, aunque tampoco tan fuerte como para hacerle daño. Probablemente era algún trabajador que no usaba del todo bien los supresores. Lo ignoró.
—¿Necesita algo, señorito?
—No, solo saldré un momento. Estoy esperando a un amigo.
—Muy bien. Adelante.
Jungkook salió a la parte delantera de la casa, un espacio que rara vez transitaba. Se sentó cruzando las piernas con elegancia en una banca de mármol blanco, justo desde donde podía ver el movimiento del personal: choferes, jardineros, guardias y asistentes entrando y saliendo. Soltó un suspiro contento, era un lugar silencioso y a la vez vivo.
No pasó mucho antes de que lo viera aparecer a lo lejos. Hoseok corría desde la entrada agitando una mano en alto con una iPad bajo el brazo. jungkook se levantó enseguida, iluminando su rostro con una sonrisa enorme.
— ¡Hoseok! —lo llamó alzando la mano con una sonrisa.
— Dios, casi me mato corriendo, pero tenías que ver esto.— dijo llegand, le plantó un beso en la mejilla y se dejó caer a su lado con un suspiro largo.
— ¿Y esa tablet? ¿Qué traes? —preguntó Jungkook, curioso.
— Algo importante. Y no, no puedes arrebatármela todavía —se adelantó a decir, alejando la iPad cuando Jungkook intentó tomarla.
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housewife. tk
FanfictionJungkook, un joven omega criado en una familia que valora las antiguas tradiciones, ha sido preparado toda su vida para ser el compañero ideal de un alfa. Su destino está sellado: convertirse en un esposo sumiso, ejemplar y dedicado, capaz de asegur...
