Dieciséis.

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Después de aquel incómodo momento, Jungkook se sintió algo aliviado aunque su corazón seguía latiendo rápido, no podía evitar sentir satisfacción al recordar como Taehyung lo presentó como su omega, deshaciéndose de la mujer que había intentado rebajarlo. A pesar de su timidez, algo dentro de él se sentía ligeramente fortalecido. Ahora, en el elevador, con Taehyung a su lado, una mezcla de emoción y nerviosismo recorría su cuerpo, como si por un instante, la situación estuviera bajo su control, aunque no pudiera dejar de sentirse algo inseguro.

Sus manos permanecen unidas, nerviosas, mientras Taehyung posa una en su espalda. La cercanía es incómoda, especialmente mientras el elevador asciende, reflejándolos en el espejo. Jungkook no puede evitar mirarse en ese reflejo, sonriendo tímidamente, el rubor cubriendo sus mejillas. Es una mezcla de vergüenza y algo más, algo que no puede identificar del todo. A su lado, Taehyung parece indiferente, su mirada perdida en un punto muerto, sin que su rostro muestre demasiada expresión, como si nada de eso le afectara.

Cuando el elevador finalmente se detuvo y las puertas se abrieron revelando el piso, Jungkook intentó mirar alrededor con disimulo, sin atreverse a soltarse de Taehyung. Sin embargo, Taehyung continuaba caminando a su lado, sin apartar su mano, como si nada fuera a hacerle cambiar de rumbo.

— Buenas tardes, señor Kim.

— Buenas tardes. — Taehyung respondió a cada saludo con calma, su semblante sereno y una leve inclinación de labios que apenas dibujaba una sonrisa. Su actitud, siempre tranquila irradiaba una presencia imperturbable mientras su mirada se mantenía fija, sin prisa por reaccionar más allá de lo necesario.

Si así se sentía ser el omega del tan aclamado empresario Kim, Jungkook pensó que podría acostumbrarse. Después de todo, era lo que siempre había querido él y su familia. El renombre de los Kim como apellido, con todo el poder y la clase que lo acompañaba, era justamente por lo que tanto se habían esforzado. Ahora, más que nunca, veía el fruto de esos esfuerzos reflejados en su propia vida.

Ahora, allí estaba, el omega al que todos en su familia consideraban lindo pero ingenuo, por no decir insuficiente para conseguir un buen marido, estaba ahí, en la oficina del corporativo Kim, con el mismísimo Taehyung, quien tomaba sus manos con una seguridad que no podía ignorar.

Si alguna vez alguien de su familia lo llamó tonto e inmaduro, ese era el momento en el que Jungkook deseaba con todo su ser que lo miraran. Quería que todas sus tías y primas vieran cómo, finalmente, él había logrado casarse con un alfa puro y poderoso. Aquellas palabras disfrazadas de bromas, aquellas críticas que siempre lo habían hecho sentir inferior, ahora no significaban nada. Él estaba siendo un omega ejemplar, el tipo de omega que siempre habían esperado, o al menos, eso quería hacerles creer.

Aunque en el fondo, sabía que aún no lo lograba por completo.

— Me sentí muy mal cuando la señorita de recepción me miró mal... me dijo que yo no podría estar casado con usted. — Jungkook recordó la situación, su voz quebrada mientras se lo contaba a su esposo, quien lo escuchaba con atención.

Taehyung está sentado frente a él, no le mira directamente pero al notar el tono de voz de Jungkook, su expresión se suaviza un poco, aunque aún manteniendo cierta reserva.

— No tienes por qué sentirte así. Solo tú sabes lo que eres, Jungkook. Y te diré algo... — Taehyung hizo una pausa, como si pensara en cómo decir lo siguiente, luego levantó la mirada hacia él pero no lo miró de lleno, solo fijó sus ojos en su rostro con una expresión tranquila. — Acostúmbrate a lidiar con personas así. La gente es mala. Tú eres un buen omega y eso les molestará a muchas personas.

Jungkook intentó entenderlo pero la respuesta no fue lo que esperaba.

— ¿Por qué? — preguntó confundido, buscando alguna señal en su rostro.

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