cuatro ;; celeste

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cerró los ojos y volvió a suspirar. maldito sea el momento en que se olvidó sus cigarrillos en su habitación. maldito sea el momento en que vio el kiosco de la morocha cerrado. maldito todo.

abrió los ojos encontrandose con unas piernas largas vestidas por una calza negra deportiva.

- hola. - saludó la chica alegre. - ¿estás esperando que llegara? - rió un poco y ladeó la cabeza, haciendo que un auricular se cayera de su oreja. luke se levantó algo arrepentido de haberse quedado en el cordón de la vereda del kiosco.

- sí. - murmuró y se acomodó la gorra hacia atrás. maia se mordió el labio mientras abría la pequeña persiana y miraba la acción del chico. este no se percató de aquella mirada.

- disculpa, salí a correr y se me fue el tiempo. ¿qué necesitas? - se apoyó en la pequeña mesita y lo miró. el chico miró su colgante que ahora tenía una pequeña zapatilla o patín, no sabía bien. - patín, lo practico desde los seis años. música, la forma en la que me expreso. por si te lo preguntabas.

luke abrió los ojos.

- ¿qué clase de música? - la miró ladeando la cabeza.

- cualquiera. puedo escuchar desde green day hasta ed sheeran. - rió. y luke por un momento sonrió con alegría.

- un paquete melbour, por favor.

- maia.

- luke.

- aquí tienes, luke. - la muchacha dejó el paquete sobre la mesita y unos caramelos de menta con chocolate al lado. - sigo creyendo que el azúcar te puede cambiar la mirada.

- gracias, maia. adiós.

- hasta luego.

y aunque luke ya se hubiera ido del parque, maia seguía teniendo presentes los grandes ojos celestes del rubio.




no puedo con sus ojos, disculpen, es una obsesión.

ro x

sweets ;; lrh Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora