la mamá de maia había sido muy atenta y al notar que su hija habla sólo con las palabras necesarias se dio cuenta que estaba haciendo de mal tercio. se fue a penas pudo avisando que iría al kiosco.
luke se sentó en la cama de maia sin fijarse mucho en la habitación. la chica llevó dos tazas calientes, una de café para el chico y una de chocolate para ella. no dijo nada, ninguno de los dos habló hasta que terminaron las tazas por completo. sorbían de a poco, pensando en lo que pasaría a continuación.
- tu casa es linda. - murmuró luke, observando un poco a su alrededor.
- gracias. - sonrió la chica. - para dos personas es muy agradable. - dejó su taza sobre la mesa de luz y tomó la de luke de sus manos. parecían hielo, estaban heladas. - ¿tienes frío? - dejó la taza.
- no.
- luke, háblame, por favor. - maia se quitó los zapatos y se paró en frente de luke. - no soporto verte mal y no poder ayudarte o al menos intentar entenderte. - se arrodilló frente a él, que tenía la cabeza agachada, apoyada en sus manos. acarició con cuidado de no incomodarlo una de las mejillas frías del rubio.
- no. no quiero que me tengas lastima. - se levantó y la hizo a un lado para caminar por la habitación. - todos terminan teniéndome lastima y lo odio. ¡lo odio! - gruñó. maia se reincorporó sin sacarle la mirada de encima.
- ¿cómo pretendes que me sienta? - luke la miró con los ojos celestes que tenía. la morocha sintió flaquear por un momento, parecía un niño al que lo están retando. - mira, hace unas semanas no sabía que podría llegar a entablar una conversación contigo, hace un semana nos besamos y actuaste como si de verdad estuvieras feliz. desapareces de la nada pero solo me hablas por mensaje y en cuanto te vuelvo te veo llorando en la puerta de mi edificio. no me hablas. no me miras pero me pides que te abrace y me besas. me estas volviendo loca y solo te conozco hace un mes. ¡un maldito mes! - gritó la chica y se tomó la cabeza.
el silencio reinó en la habitación. maia respiraba agitada y se frotaba la cara. luke solo se mantenía de pie, mirándola.
- mi madre es alcohólica, maia. - luke murmuró. - mi padre es un hijo de puta que solo la usa. mi hermano mayor está en lo más profundo de las drogas. calum dejó de hablarme hace una semana. y luego tú apareces para demostrarme que no todas las mujeres te hacen la vida imposible. mi ex novia me dejó al saber que mi vida no era de colores y dinero. - maia intentó no abrazarlo en aquel momento. - tu madre es un sueño para mí. aquella madre que te apoya y te escucha para mi no existe. y tú. no sé qué pensar de ti, eres maravillosa y te metiste en mi cabeza, eres una migraña, maia, una hermosa y alegre migraña que me persigue hasta en los más horribles sueños, y ¿sabes que haces? los mejores, cuando apareces ya no es una pesadilla, se vuelve un hermoso sueño en el que soy normal, con estudios y que te hago feliz.
maia corrió hacia él y se colgó de su cuello. lo abrazó como nunca antes y escondió su cara en el cuello del chico. luke la apretó por la cintura y la levantó un poco, ella lo rodeó con las piernas y acarició su nuca.
- mierda luke. - rió nerviosa. - eres único, y... y te quiero con toda la tristeza que puedas cargar porque sé que no es para siempre y que es posible ser feliz. - se separó y lo miró. - y te quiero así. te quiero.
luke quedó paralizado frente a ella. no podía creer que algo así, de la nada, luego del gran desastre que había ocurrido en su casa, unas simples dos palabras podían llenarlo de alegría. sonrió.
- vuelve a hacerlo. - pidió maia.
- ¿qué cosa? - luke se sentó sobre la cama, aún con ella encima.
- sonríe. - besó la comisura de sus labios. luke se tiró hacia atrás y la dejó bajo su cuerpo. sonrió.
- ¿sabes qué? sólo quiero estar aquí contigo. te quiero, maia. te quiero demasiado. - la volvió a abrazar dejando caer su cabeza en el hueco de la clavícula de la morocha.
basta son muy lindos.
ro x
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sweets ;; lrh
Fanfiction[terminada] donde una chica alegre le regala dulces a chico triste.
