Después de un día de camino sin parar siquiera a ingerir alimentos. Red habló con Dan al respecto. Necesitaban tomar un descanso debido a que las señoritas se encontraban cansadas y hambrientas. Al igual que la poca guardia que los acompañaba.
Aidán miró a su alrededor, sopesando sus opciones. Accedió a detenerse para levantar un campamento, y cazar un poco. Los asaltantes, que no habían caído en el ataque. Huyeron llevándose la mayoría de los víveres.
Mientras los guardias y Red instalaban el lugar donde iban a acampar. Aidán se internó en el bosque con su arco y espada. Llamó con un chiflido a Félix, su felino amigo. El lince llegó después de unos minutos a su encuentro. Se desplazaron a una zona boscosa para poder descubrir ciervos. Esta vez no hubo ningún grito que ahuyentara su presa. Recibió como recompensa un ejemplar grande. Llegó hasta el ciervo. Lo cargó sobre sus hombros para equilibrarse.
Se dirigía de nuevo al campamento con la caza del día. Escuchó el murmullo del agua desplazándose por las rocas. Llegó hasta el lago. Se quedó oculto entre los árboles. Su intención era desollar y lavar la presa junto a la corriente y así dejarlo listo para cocinarse. Eso evitaría que animales salvajes siguieran el rastro de la sangre y terminaran atacándolos. No salió de su escondite. La vista era perfecta. Frente a él estaba la joven guerrera bañándose en sus enaguas. Las cuales se transparentaban dejando muy poco a su imaginación. La mujer era hermosa. No solo de rostro, también contaba con un cuerpo tentador que incitaría a cualquier hombre santo a pecar. Ella chapoteaba confiada de que nadie la veía. De repente se sintió un tanto mal por espiar a la prima de su prometida. Se levantó de su escondite y caminó hasta hallar un lugar apartado para trabajar con su presa.
Al regresar al campamento. La joven guerrera ya estaba vestida y alimentándose. La dama se acercó a él y le ofreció de la pierna que engullía con una sonrisa en la boca.
—Lord Dan, que gusto que llegó. ¿Le apetece darse un festín con las perdices rojas que cacé para todos? Le juro que están exquisitas.
Aidán vio la sonrisa de autosuficiencia que portaba la joven. Más no le afectó el comentario de la misma forma, que ver la voluptuosidad de sus labios. No pudo dejar de pensar si serían tan suaves, tal y como los imaginaba. Eran parecidos a los melocotones maduros y jugosos que se encuentran listos para disfrutar.
—Debí deducir que aparte de guerrera era una cazadora. Lo mejor de todo es que además de poseer esas habilidades es una mujer muy bella. Estoy seguro de que tiene a los hombres vueltos locos por usted.
—Por lo menos a mi padre y a Red sí. Los caballeros que me conocen no les gusta que realice labores que no son propias de mi género. Creo que se sienten un tanto intimidados por mis habilidades. Ya que los suelo opacar con ellas.
—Me imagino que es porque solo trata con burdos nobles que pretenden que sus criados les aten las agujetas.
—¿Me está diciendo acaso que usted no se encuentra intimidado?
—En realidad estoy más que entusiasmado de que me permita conocerla íntimamente.
La joven enrojeció al escucharlo y en vez de hacer lo propio de una dama. Terminó propinándole un puñetazo directo en el ojo derecho.
—¡Esto es lo más íntimo que me va a lograr conocer!
Todos los presentes escucharon los gritos sin sentido de la joven. Su prima se acercó hasta ella tomándola del brazo para evitar que terminara haciendo un numerito frente a todos.
—¿Estás loca de remate? Sí nos disculpa, lord Dan. Es momento de que charle unas palabras con mi prima.
Aidán quedó sorprendido. Había tirado la carnada para ver si podría gozar de la compañía de lady Mary. Al parecer no era tan liberal como se estuvo dejando ver desde que la conoció. Sabía que podría haber dicho que no, pero no pensó que terminaría siendo atacado por la joven.
—Adelante lady Bethany. Yo me dedicaré a preparar el animal para la cena.
Las damas desaparecieron en lo espeso del bosque. Él se dirigió hacer lo pertinente con la presa. No sin antes cortar un buen pedazo y llevárselo a Félix.
Por la noche Dan se alejó de la fogata. Se encontraba sentado en las raíces gruesas de un árbol, sacándole filo a su cuchillo de caza. Lady Mary se acercó a él con cara avergonzada.
—¿Puedo charlar con usted?
En cuanto la vio parada junto a él. Sintió el deseo primitivo de besarla. No sabía qué le pasaba. Esa mujer lo trastornaba por completo. Hacía que su cuerpo se comportara como el de un jovencito que no podía controlar sus impulsos. Guardó su cuchillo en su funda de cuero. Se paró a la par de ella. Estaba tan cerca que sentía el calor que emanaba de su delicado cuerpo.
—Claro bean-uasal.
—Pensé que había dicho que era inglés. Pero me acaba de decir dama en gaélico.
—Yo casi aseguraba que también era británica. Sin embargo, supo lo que le dije.
—Eso es porque donde yo vivo, lo hablan y terminé por aprender.
—Usted misma se acaba de responder lo que me cuestionaba. No se necesita ser de cierto lugar, para instruirse en cosas nuevas. O es acaso que estamos condicionados a solo aprender lo que nos comparten en nuestro lugar de origen.
—Lo siento, tiene razón. No estoy aquí para conversar de eso. Me temo que por la tarde no supe cómo controlar mi genio. Mi prima habló conmigo y cree que estoy obligada a darle una disculpa por lo ocurrido.
—¿Lady Bethany le dijo eso?
—Sí.
—¿Y usted qué opina?
—Que una dama no se debe de portar de esa manera. — «Y un caballero jamás me habría insultado de la forma en que procedió usted, canalla». «Me alegro de que su ojo se amoratara por mi golpe» la joven pensaba a la par que contestaba.
—Y si eso es lo que piensa. ¿Por qué lo hizo?
—Porque confundí las palabras y sus intenciones.
Aidán la tomó del brazo y la arrinconó contra el tronco del frondoso árbol.
—Mi lady me temo que no las confundiste.
Se acercó besándola en los labios. Ella se mantuvo quieta por un momento, pero después de unos minutos aprendió como besar y se acopló a sus labios. Fue tan inesperado para la muchacha que solo se dejó llevar, por lo que la hacía sentir el caballero que tenía frente a ella. Nunca había experimentado una conexión tan profunda con un hombre. Le gustaba tanto que no quería que acabara. A pesar de que en el fondo de su corazón sabía que estaba mal. Ya que su destino tenía rumbo y no podría existir nada con ese varón.
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COMPROMISO TORMENTOSO
HistoryczneAidán, laird de un castillo, descubre que su padre acordó con el rey que desposará una dama británica, a sabiendas de que él desprecia ese tipo de mujer. Que tan dispuesto estas a someter tu felicidad, con tal de mantener tu honor y propiedades a sa...
