Capítulo 5

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Estuvo dando vueltas en su habitación. Miraba, pero no procesaba, aunque no se sentía solo, era como estar en casa.

Estando solo con sus pensamientos le hizo querer entender más a Nile, todas sus emociones se combinaban, él tenía algo de miedo, por lo que le depararía, pero su cuerpo se encontraba tranquilo y quizás hasta feliz porque se encontraba en un lugar familiar. Era como vivir con alguien más en el mismo espacio, pero la otra persona poco a poco iba desvaneciéndose.

Se conmovió y hasta se entristeció porque no quería que Nile perdiera su vida, y porque si ese sentimiento de convivir con alguien más desaparecía pronto, significaría que ya no habría vuelta atrás para él.

No podía hacer nada, aunque tuviese la nube, porque esto era algo abstracto, entonces, aunque quisiese encapsular esa presencia no había nada que pudiese hacer. 

Se le ocurrió de golpe ––si existiera la posibilidad de crear una copia de este cuerpo, ¿tendría vida? ¿podría almacenar los restos que quedaba de la existencia de Nile? ––era riesgoso intentarlo, podría crear en el intento, bien intencionado, una abominación (como ha visto en las muchas películas de ficción que existen).

No había nada que perder... Podría eliminarlo cuando quisiese ya que seguiría siendo la nube, incluso si pusiese todas sus fuerzas en realizar la copia. Sería más que nada un envase temporal.

Bien... Primero hay que generar una reserva, un lado sería el depósito del don que utilizaría en su día a día, pero como generaba un montón de este podría almacenarlo o mejor condensarlo para que cuando sienta que esta en su límite pueda crear la mejor copia que pueda, sin algún posible error letal.

Ya teniendo su primer plan trazado en mente, decidió hacer surgir la reserva, para no utilizarla por error o que se disipe cuando no este concentrado. Siempre dicen que lo más difícil de un plan es el principio, era crucial que le diera buena forma para evitar posibles fugas o errores parecidos más adelante.

Así se puso manos a la obra, agarró un papel y pluma e hizo varios bocetos que no lo convencían, creyó que si lo hacía con un modelo 3D (la nube) entonces tendría mayor certeza.

Viendo a su alrededor por inspiración, encontró cristales que le parecieron espléndidos. Mientras les daba vueltas por curiosidad se le encendió el foco, si su meta era condensar el don para crear un ser vivo, ya que imitaría hasta sus emociones en su copia si es que era posible, primero tendría que crear un filtro, quizás el don no siempre iba a ser puro como en la Sede, y no quería ninguna variable en el resultado.

Luego de eso podría utilizar un objeto físico para imitarlo con el don, pero este objeto tendría que ser gigante para que siga acumulando mientras se seguía filtrando el aura, y todo esto sería solo visible para él hasta que terminara de reunir lo justo para hacerlo aparecer en el mundo concreto.

Era el mejor plan, se sintió muy inteligente, como un gran inventor en el planeta Tierra.

Ahora bien, tendría que averiguar cuál sería el objeto que tomaría de base, ciertamente tenía que ser creación humana ya que no podía replicar la misma naturaleza, como una montaña, por ejemplo.

Lo más grande que podía imaginarse era un castillo, aun así, tenía dos opciones, escoger a la Santa sede o el Palacio Real de Eternia. Acá no había internet ni tenía recuerdos sobre eso, así que tendría que preguntar. Estaba tan entusiasmado por dar el primer paso para volver a su mundo que no podía esperar la respuesta de Su santidad a la propuesta que le había hecho.

De todos modos, tendrían que buscarlo para darle la carta de respuesta.

Entonces se puso en marcha a buscar la biblioteca, era en lo que podría confiar por ahora, incluso quizás encontraría lugares más inmensos.

Salió al pasillo y creo nuevamente una nube donde se sentó y dejó que lo guiara.

En el camino se sentía incomodo ya que de rato en rato se encontraba con personal del lugar y personas que al parecer eran importantes, se le quedaban viendo, él simplemente fingió que no le importaba y seguía con su carácter sereno, pero aun demostrando confianza. Los demás se inclinaban y esperaban a que se alejara.

Mientras trataba de obviar tal situación, seguía observando los impactantes umbrales de cada sala por la que pasaba, y ocasionalmente se podía ver algo lejano el jardín tan brillante en donde había despertado.

Llegó a la puerta de la biblioteca, y se preguntó realmente si no era un condominio antiguo de su mundo original, aunque estaba encapsulado, supuso que para proteger toda la información.

Tenía la duda de si este tipo de manto la gente ordinaria podía verlo.

Entró con una duda imperceptible al gran salón donde, luego de que lo saludaran con pretensión, los encargados le indicaron que, si requería ayuda, solo golpeara cualquier libro tres veces.

Asintió y se alejó con pasos decididos para encontrar toda la información que necesitaría para regresar a su mundo. 

EL JOVEN QUE QUIZO SALVAR A LA SANTA DE UN MUNDO DE FANTASÍADonde viven las historias. Descúbrelo ahora