Capítulo 26

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Luego de jugar por un par de horas con Franz, Nil se sentía realmente derrotado, de reír y correr tanto se sentía cansado, pero era un cansancio que se sentía realmente bien.

Nadie podía quitarle esa sonrisa de la cara.

Cuando se aseó, ni bien llegó a su dormitorio, se echó a su cama y sus ojos se cerraron sin chistar.

Veía a la Santa, aunque tenía una visión borrosa, la sensación que tuvo la primera vez era la misma.

Luego sintió una punzada en su pecho, lo observó y casi sentía correr el aire a través de él. A través del hueco con hilos de sangre. Quería gritar y llorar, pero no salía nada de él, era como morir.

Volvió su tembloroso brazo hacia la Santa, pero esta tenía una cara analítica. En sus manos se hallaba un corazón de cristal o escarcha, el cual palpitaba.

Nil sentía su cabeza latir potentemente y se sentía desamparado.

En eso, vio como la Santa apretó fuertemente el corazón y sintió sus lagrimas caer, y pudo soltar un jadeo. Luego más y más.

La Santa lo volvió a hacer, pero quitándole la mirada a Nil, quien estaba en su cuerpo original, y este soltó un grito desgarrador que ni si quiera en películas se hubiese imaginado haber escuchado.

Como pudo avanzó hacia ella, pero tropezó. A punto de caer sintió una masa, casi como una nube, amortiguar su caída. Se dio vuelta como pudo y solo observó a la joven mientras trataba de tranquilizarse.

––Nil, ¿a dónde fuiste? ––Nile parecía indiferente a los ojos de Nil, y eso le daba un poco de miedo–– luego de que saltamos hacia aquel vórtice, no te vi más, y ahora, de repente, encontré este corazón en el piso. Parece ser tuyo...

––Ayú-dame primero ––Nil sentía que se le iba la respiración por cada palabra que decía.

La Santa Rafeaste rellenó el hueco del pecho de Nil con su don, mas no puso su corazón de vuelta. Solo lo sostuvo con más delicadeza.

––Gracias... ––Nil trató de levantarse al ya no sentir dolor, pero todavía se sentía débil, por lo que disimuló y se reclinó de nuevo en la nube.

Luego de respirar profundamente prosiguió.

––No entiendo qué pasó, no sé si esto es un sueño, pero te voy a explicar que es lo que creo que está sucediendo.

––Primero, como sabrás, de repente un día hice una transición a tu cuerpo, de mi mundo al tuyo. En resumen, cuando desperté estaba en el jardín de la Sede, y el cardenal Sandri me llevó al despacho de su Santidad, donde se me informó que me tenía que casar con el príncipe de Eternia, yo acepté porque me convencieron, pero como sabrás, hay varias contras de aceptar tal contrato.

––Por supuesto, estoy siendo prácticamente utilizada como una moneda de cambio. De seguro es por la guerra, ¿no? ––la Santa se veía indignada, Nil solo respondió.

––Eso es lo que entendí también luego de enterarme sobre todo el panorama en tu mundo, aunque, no soy quién para dudar, pero, creo que hay una razón más grande que esa. De todas maneras, ideé un plan para retrasar el matrimonio y lo que le sigue negociando las cláusulas del matrimonio, y después de conversarlo con el príncipe, su Santidad y los reyes de Eternia, me concedieron algunas cosas.

––¿Negociaste con todos ellos? ––Nil asintió lentamente luego de que Nile utilizase un tono incrédulo–– tú, de verdad, sí que tienes suerte y quizás la suficiente astucia para ser alguien de otro mundo. ¿Qué pediste u qué les ofreciste a cambio?

––Pues... primero retrasé el matrimonio hasta el final de la guerra, pero sí o sí se va a firmar el compromiso ––hasta ahí no notó una mala reacción de la Santa, por lo que prosiguió––, les pedí que me dieran luego de la guerra dos meses más para conocer al príncipe mejor, pero en realidad los utilizaré para viajar y ver si me encuentro con un sabio o algo parecido que pueda devolverme a mi mundo. Y, lo que realmente es lo más relevante es que, a cambio me comprometí a participar en la guerra, para que se entendiese que la Sede apoya a Eternia.

Nile estaba mirando fijamente a Nil, por lo que este se puso nervioso, pero se mantuvo callado.

––Entonces, ¿hasta ahora no le has contado sobre nuestro intercambio de almas a nadie? ––Nil negó rápidamente y Rafeaste continuó–– Bien, no puedes confiarle a nadie nuestro asunto, ¿entendiste? ––Nil asintió muchas veces, pero luego se detuvo.

-––Espera, pero ¿por qué? ¿Acaso no hay nadie a quien podamos acudir? ––La Santa solo lo miraba seria, pero sus labios parecían indecisos–– La otra vez me dijiste que tendría que haber recurrido a Su Santidad, ¿te estás contradiciendo porque estas confundida o hay algo que no me estés diciendo?

––Nil, no te atrevas a cuestionarme

––No somos del mismo mundo, de todos mod- ay ay ––Nil miró hacia la mano rígida de la Santa y la miró de nuevo.

––Tienes razón, no somo del mismo mundo, de todos modos. Pero recuerda que yo soy quien tiene ahora tu corazón ––.

La Santa realmente parecía enojada.

EL JOVEN QUE QUIZO SALVAR A LA SANTA DE UN MUNDO DE FANTASÍADonde viven las historias. Descúbrelo ahora