16.

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Ser amigos no es algo fácil, no después de todo lo que han vivido, ni con los sentimientos de Regulus incitándole a no esperar y hacer algo.

Tiene que detenerse a sí mismo antes de arruinarlo. Porque sabe que Harry no dudará dos veces antes de golpearlo, y su propio temperamento podría arruinar las cosas.

Empiezan conociéndose.

Siempre creyó que sabía todo de él. Lo conocía tanto que podía adivinar cómo se sentía con solo observar la inclinación de sus labios. Pero ahora, conviviendo con el de forma regular y amistosa se da cuenta de que se ha perdido de muchas cosas.

El tiempo desperdiciado por la inmadurez es algo que no recuperará y de lo que siempre estará arrepentido.

—Uhm, ¿y desde cuando horneas? —pregunta, sentado en la silla alta que Harry consiguió para él para evitar que metiera mano a lo que cocinaba.

—Desde los 13 —responde, añadiendo un poco de vainilla a su mezcla.

—¿Por qué?

—Porque me gustan los postres, y sabes que cocinar me relaja.

—Pero nadie nunca mencionó nada sobre que también hicieras postres.

—No pusiste atención quizá —se encoge de hombros, añadiendo nuez y la zanahoria rallada.

Regulus se queja en voz baja, siente que ni siquiera le está prestando atención por hacer aquello. Eran sus momentos a solas, se suponía que debían fortalecer su relación.

—Si alguien lo hubiera mencionado me habría enterado —niega bajando de la silla—. Te ayudaré, ¿que más tienes que hacer?

—No.

—¿No? —eleva una ceja.

—No sabes cocinar siquiera algo salado, no quiero que arruines esto, o te quemes, o hagas un batidero innecesario —niega, apartándole con una mano cuando intenta acercarse—. Ve a jugar con Sirius y James.

Regulus en realidad se ríe—. No tengo cuatro años, y quiero ayudarte, si crees que no puedo entonces enséñame.

—¿Para qué quieres aprender? No eres fanático de las cosas dulces y menos de la cocina —voltea a verle. No trae puestos sus lentes oscuros, por lo que es perfectamente capaz de apreciar el tono verde de sus ojos.

—Porque a ti te gusta —responde simple. Y tú me gustas a mi.

—Uhm —duda, pareciendo considerar sus opciones—. Haremos galletas, podrás ayudarme con eso.

Harry tiene razón. No le gusta la cocina y tampoco es fan de las cosas dulces. Pero disfruta hacer esto con el, y si finge (no tanto) no saber como amasar la mezcla y hace que el ojiverde le ayude y sus manos permanezcan juntas es solo una táctica simple.



Sirius y James son cursis de una forma que hace que ambos hermanos menores hagan muecas asqueadas.

Usualmente ambos son pegajosos y molestos juntos, pero de eso a qué se la pasen dándose besos y con toques no destinados a que otras personas vean, es demasiado.

—Te culpó por hacer que salgan juntos ahora —Harry le dice, concentrado en la pantalla frente a ellos.

—No me espere ver esto.

—Debiste imaginar que tu hermano no quitaría las manos de encima del mío.

—¿Saben algo? —Sirius atrae su atención, dejando de darle besos en la cabeza a James a favor de mirarles—. Físicamente por lo menos nos parecemos, Reg y yo, James y tu Harry.

—¿Si? ¿Dedujiste eso después de tantos años vivos? ¿Tu solito? —Regulus se burla, no entendiendo que se supone que deben aprender de eso. Y no le interesa, en realidad.

Hasta que Sirius continúa.

—Somos un espejo de ustedes —añade, sonriendo burlón—. Podrían ser esto —y como si sus palabras no fueran suficiente besa los labios de su novio.

Harry se aleja unos centímetros más de él, entendiendo a que se refiere. Su entrecejo fruncido y sus mejillas rojas en algo que no parece ser vergüenza, sino más bien molestia.

Le molesta que los compare, le molesta que se burlen, pero sobre todo parece molestarle que sugiera que podrían ser pareja.

Eso hiere los sentimientos del Black, no en una escala sumamente grande. Sabe que hay un sentimiento mutuo, Harry lo ha dicho, por lo menos estando ebrio. Sin embargo no parece querer/esperar que algo suceda.

Pero el no es su hermano, por lo menos en actitud. Y no se rendirá tan fácil como este lo había hecho.

Si Harry había aceptado ser su amigo era solo el primer paso para ser pareja.

Así que no tan disimuladamente vuelve a acercarse a él. Sus hermanos han vuelto a su burbuja empalagosa, así que apenas y les ponen atención.

El ojiverde le mira sin embargo no dice nada. No hasta que Regulus se pega a su costado, piernas caderas y brazos juntos—. ¿Pasa algo? —le pregunta.

—No.

—Pareciera que si.

—Pero no —se encoge de hombros, pero luce tenso junto a él.

Es divertido—. A qué te lo imaginaste.

—¿Eh?

Ser amigo de Harry también incluye molestarlo de vez en cuando. Incluso si es en relación a ambos—. Nos imaginaste, siendo como nuestros hermanos.

—¿Idiotas?

—No. Románticos, cursis, y enamorados —dice, besando su mejilla de esa forma que Harry suele implementar para molestarle, especialmente cuando se llevaban mal.

El ojiverde salta a su lado, sorprendido y asustado. Ahora el suave rubor de sus mejillas se intensifica, bajando por su cuello.

—Eres idiota —dice empujándole, pero no suena molesto.

Regulus le deja hacer, no queriendo jugar demasiado con su suerte.

Con sabor a piña colada.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora