18.

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Si hay algo que le gusta de pasar tiempo con Harry y sus hermanos, es que en realidad ninguno de ellos les ponía la suficiente atención, no si Sirius podía evitarlo.

—Deberíamos salir —sugiere casi casualmente, su brazo acomodado estratégicamente por encima de los hombros de Harry, no exactamente sobre ellos, más bien sobre el respaldo del sofá donde ambos se encuentran sentados, pero es bastante cercano, un movimiento y podría abrazarlo como tanto quería.

—¿Cuando? —el ojiverde pregunta distraído, más concentrado en comer su trozo de tarta y ver la película que se reproduce frente a ellos.

—Este fin de semana.

—¿A donde? —pregunta esta vez, atento a la escena que se desarrolla en la televisión.

Regulus está a nada de apagarla y así conseguir verdadera atención del contrario—. Podríamos ir a este parque acuático mágico, después podemos ir a cenar a un restaurante que está cerca, es bastante bueno.

—Mhm —tararea—. ¿Con quien?

Su entrecejo se frunce, tomando una pequeña respiración—. Conmigo.

—Si, ¿con quien más? —pregunta esta vez, como si la simple idea de ir juntos solo ellos dos a un lugar fuera imposible.

Luego de unos segundos se da cuenta de que ni siquiera lo está considerando, directamente asumió que hablaba de una salida grupal—. Nosotros dos, solos —aclara, ignorando el hueco en su estómago por los nervios.

No se está convirtiendo en un idiota, es directo y nunca ha temido decirle las cosas a Harry, no comenzaría a hacerlo ahora.

—Oh, si quieres —asiente, aún con la vista pegada en la pantalla frente a ellos.

Regulus ha tenido suficiente—. Bien, basta de esto —toma el plato casi vacío del ojiverde y dobla ligeramente una pierna para colocarse de costado, luego tira de la mano del contrario para que esté también le mire, aunque desde que le arrebató el resto de su tarta tiene toda su atención—. Te estoy invitando a una cita, no como amigos, no con los idiotas de nuestros amigos y sin duda quiero que aceptes siendo consciente de a que te estás metiendo.

Harry parpadea, una vez, dos veces, tres veces, cuatro veces, y luego hay un bonito y sutil rubor subiendo sus mejillas y asentándose sobre sus pómulos.

—Está bien —asiente, dándole una pequeña y casi tímida sonrisa. Bastante diferente a las descaradas que solía darle normalmente. Le gusta, esto no era uno de sus juegos, esto era real, se siente real—. Pero no era necesario quitarme mi tarta.

—No me estabas escuchando —no se está quejando y sin duda no con un tono que encontraría lamentable y patético en cualquier otra persona. Porque no es esa clase de chico.

Pero Harry tiene una sonrisa más segura ahora, y sabe que no engaña a nadie—. Awww, pero si no eres lindo —se inclina, besando su mejilla de esa forma ruidosa que hace tan solo unas semanas le habría hecho quejarse y aventarle lejos.

En cambio esta vez le provoca una ligera sonrisa que se borra de forma inmediata apenas escucha una risa tras el.

Ese idiota.

—Pero si se están tomando de forma demasiado literal en ser unas copias de nosotros —Sirius se burla, con las manos en las mejillas fingiendo ternura.

—Pero sin ser un idiota que no puede pedirle una cita al chico que le gusta...

Y eso equivale a unos buenos 5 minutos de una pelea entre ambos jóvenes Black, que los chicos Potter ignoran felizmente mientras comparten una mirada de reconocimiento.

Con sabor a piña colada.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora