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La melodía de los violines y el piano resonaban en todo el gran salón principal fastidiando en demasía la mente de Jimin.

Una hora había pasado desde que empezó sus clases de baile real, no lo malinterpreten, el jóven Jimin amaba bailar, aprendía los pasos en casi un tiempo récord y sin mencionar que sus movimientos hinoptizaban a cualquiera.

Pero todo se volvía patético cuando el instructor de danza, el cuál le sostenía de la cintura para coordinar los pasos y guiar a Jimin, le repetía que prontamente bailaría con su futuro marido aquellos bailes aprendidos, algo que martillaba más en la cabeza del muchacho poniéndolo de mal humor que aquella melodía creada por la pequeña orquesta.

Parecía que todo el reino al enterarse de que la vieja casamentera en las próximas semanas traería a hermosos y fuertes muchachos para el príncipe menor no dejaban de recordárselo todo el tiempo a Jimin, quién con una sonrisa falsa cambiaba de tema rápidamente.

— Increíble, mi Lord. Ya terminó de aprenderse el baile de Premiación, —.  Su instructor de danza dejo de sostenerle la cintura y su mano izquierda para empezar a dar pequeños aplausos manifestando su felicidad elogiandolo.- Acuérdense que en la parte final es un giro y luego reposar ambas manos en los hombros de su marido arrodillado.

— hmm.

Park Jimin, ya cansado de todo asintió con un carraspeo de garganta. Ya se había aprendido el baile, no necesitaba que se lo recuerden mil veces más, o más bien con quién tendría que bailarlo.

Cuando el instructor y las personas que tocaban los instrumentos se despidieron del Jóven Príncipe dejándolo sólo en la gran habitación de fiestas, el menor se permitió soltar un suspiro. No habían pasado ni tres días de la inesperada mención de su casamiento que su padre ordeno a que se le enseñace todo lo necesario para alguien casado, entre ellos era aprenderse los bailes reales.

En esos días Jimin no pudo siquiera ver a su yegua ni irse al bosque. Todo era enseñanzas, prácticas y más clases de modales.

Definitivamente necesitaba ir a su lugar preferido, además le daría la inspiración suficiente de pensar más a fondo sus pruebas para aquellos candidatos que todos esperaban que llegasen, menos él.

Jimin se dirigía a sus aposentos para vestirse más cómodo y botar sus ropas finas para luego buscar a Rain e ir juntos a sus prácticas innecesarias de arquería.

— Jimin, hijo. —. Pero antes de alcanzar su objetivo su padre se presenció llamándolo, el príncipe volteó a ver a su padre y lo saludó con una reverencia. - Veo que ya terminaron tus clases de baile.

— Así es, Padre. — Contestó sin más. — Justo ahora me dirijo a mis aposentos para descansar.

— En ese caso, hijo mío, me gustaría hablar sobre algunas cosas contigo.

Jimin no podía objetar, asi qué sin nada más dicho acompaño al Rey al aposento en dónde se servía el té y pasteles dulces. El Park menor tomó asiento en un sillón bajito y tapizado, frente a su padre.

— ¿Qué ocurre, Padre? —. El príncipe solo esperaba que no fue nada relacionado a aquello que le fastidiaba que le recordasen.

— Sólo quería saber cómo te van en las prácticas.

Aunque ya lo esperaba no pudo sentir la decepción dentro de él cuando su padre preguntó aquello, era obvio que solo le preocuparía cómo iba con sus prácticas para ser un buen esposo para su futuro marido.

— Bastante bien, — No dijo una mentira, la verdad es que a Park Jimin no se le complicó ninguna práctica. — De hecho, hoy terminé de aprender el baile real.

Destino Flechado ↑Kookmin↓Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora