Dos días después de lo ocurrido con los desterrados en el reino de Mandeok, el palacio entero parecía respirar más lento.
El cielo estaba cubierto por una capa de nubes pálidas que apenas dejaban pasar la luz, como si incluso el sol hubiese decidido esconderse para acompañar el luto del reino.
En los patios interiores el viento arrastraba con suavidad los estandartes negros que habían sido colgados en los balcones y murallas, y el sonido de las telas agitándose era lo único que rompía el silencio solemne que dominaba el lugar.
Ese día se celebrarían los funerales.
Los hombres que habían luchado por su rey, por el nombre de los Jeon y por la protección de Mandeok, serían despedidos con honor.
En los aposentos del consorte real, el ambiente no era diferente.
Las ventanas estaban abiertas, pero ni siquiera la brisa de afuera lograba aliviar el peso que se sentía en el aire.
Las sirvientas se movían con pasos suaves, casi inaudibles, como si temieran perturbar algo frágil dentro de la habitación.
Jimin permanecía de pie en el centro del cuarto.
Silencioso.
No había pronunciado una sola palabra desde que las mujeres habían comenzado a prepararlo.
Una de ellas acomodaba con delicadeza la tela de su vestimenta mientras otra ajustaba los pliegues del traje oscuro sobre sus hombros. El conjunto era completamente negro, una prenda ceremonial reservada únicamente para los días de duelo del reino. La tela era pesada, de caída elegante, y contrastaba con la palidez de su piel y el tono dorado de su cabello.
Parecía más pálido que de costumbre.
Como si en esos dos días el cansancio hubiese encontrado la manera de quedarse en su rostro.
Una sirvienta colocó con cuidado un broche en el pecho de la prenda, asegurando la capa que descansaba sobre su espalda. Otra deslizó en sus dedos un anillo oscuro, la piedra negra brillando tenuemente bajo la luz gris que entraba por la ventana.
Las joyas eran pocas.
Sutiles.
Todas del mismo tono profundo, como si cada detalle hubiese sido elegido para acompañar el luto que envolvía al reino.
Nadie hablaba.
Solo se escuchaba el roce de la tela, el leve tintinear del metal y el susurro del viento entrando por los ventanales.
Afuera, el mundo parecía compartir la tristeza de Mandeok.
El cielo seguía cubierto y pesado, y en los patios del palacio los soldados se reunían en filas silenciosas para la ceremonia que estaba por comenzar.
Jimin bajó la mirada por un instante mientras una de las sirvientas acomodaba la última pieza de su atuendo.
Sus manos descansaban a los costados de su cuerpo.
Quietas.
El doncel de Mandeok debía estar presente.
No solo como consorte del heredero del reino, sino también como representante del reino Jeon en ausencia de su Rey.
Por respeto, por deber y por el honor que se les debía a quienes habían luchado y muerto por su rey, Jimin asistiría a la ceremonia junto a los padres de Jungkook para despedir a los hombres que habían dado su vida por Mandeok.
Las sirvientas terminaron de acomodar la última pieza de su vestimenta y retrocedieron en silencio.
Jimin respiró hondo.
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Destino Flechado ↑Kookmin↓
Fiksi PenggemarPark Jimin, un doncel considerado rebelde es obligado a comprometerse con algunos de los candidatos presentes. Jeon Jungkook un príncipe que debe comprometerse para asumir su rol como futuro Rey. Dos príncipes negados a casarse pero con una obligaci...
