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El día comenzó temprano, con el sol apenas asomándose sobre el horizonte y bañando el oasis en tonos dorados y rosados. La servidumbre, siempre atenta, había preparado todo para una mañana tranquila en la playa, un respiro necesario para los reyes y su acompañante. Yoongi, como siempre, había sido el primero en sugerir la idea, y nadie osaba contradecirlo cuando de momentos de relajación se trataba.

Jungkook, Jimin y Taehyung se alistaron con ropa ligera, perfecta para el día soleado que se avecinaba. Taehyung, lleno de energía, no dejaba de hablar sobre los animales del mar que esperaba ver, mientras Jimin y Jungkook caminaban a su lado, sonriendo ante su entusiasmo.

Una vez en la playa, la calma del lugar envolvió a todos. El sonido de las olas, el olor a sal, la brisa suave acariciando la piel... Todo parecía detenerse por un momento, como si el mundo estuviera concediéndoles un respiro.

Taehyung, en su inagotable curiosidad, se fue rápidamente hacia la orilla, acompañado por Yoongi y otros sirvientes que lo seguían de cerca. Entre risas y juegos en el agua, dejaron que Jimin y Jungkook se quedaran más atrás.

—¿No quieres un poco de tranquilidad? —preguntó Yoongi, con su usual tono neutral, lanzando una mirada significativa a Jungkook.

El príncipe entendió al instante. Se volvió hacia Jimin, una leve sonrisa curvando sus labios.

—¿Vamos a caminar un rato? —sugirió Jungkook, con esa suavidad que empezaba a desconcertar a Jimin.

Sin pensarlo mucho, Jimin asintió. Los dos se alejaron del grupo, caminando por la arena húmeda. La marea subía lentamente, dejando huellas que el agua se encargaba de borrar en segundos. No hablaban mucho, pero tampoco era necesario. Había algo en el silencio compartido que los hacía sentir más cerca.

Jungkook lo miraba de reojo de vez en cuando, y Jimin lo sentía. Cada vez que sus miradas se cruzaban, ese cosquilleo familiar volvía a apoderarse de su estómago. Había algo en Jungkook, algo en la manera en que lo miraba, que hacía que su corazón latiera más rápido.

—Es un buen día —dijo Jungkook de repente, rompiendo el silencio.

—Lo es —respondió Jimin, sin saber qué más decir. No confiaba en su voz en ese momento, no cuando el aire entre ellos parecía cargado de algo que no podía describir.

El silencio volvió a instalarse entre ellos, pero ahora era diferente. Más pesado, más cargado de significado, ambos ahora miraban el horizonte donde solo habia mar. El viento se llevó sus palabras, y de repente estaban muy cerca, sus brazos se tocaban y eso no pudo ser ignorado por ambos.

Demasiado cerca.

Jungkook se detuvo, girándose para quedar frente a él. Jimin sintió su respiración atraparse en su garganta. El príncipe lo miraba con esa mezcla de ternura y algo más... algo que no podía descifrar, pero que lo hacía temblar por dentro.

—Jimin… —murmuró Jungkook, dando un paso más cerca.

El rubio sintió su corazón acelerarse, como si fuera a explotar en cualquier momento. No sabía qué hacer. Quería retroceder, pero sus pies no respondían. Quería decir algo, cualquier cosa, pero su voz estaba atrapada en algún lugar entre su pecho y su garganta.

Y entonces, sin previo aviso, una ola más grande de lo esperado chocó contra ellos, mojándolos las rodillas y parte de la ropa. Ambos saltaron hacia atrás, riendo sorprendidos por el inesperado chapuzón.

—¡Creo que el mar nos está diciendo algo! —rió Jimin, rompiendo la tensión, sus mejillas todavía sonrojadas.

Jungkook rió también, pero sus ojos no se apartaron de los de Jimin, como si aquel momento entre ellos no hubiera sido interrumpido del todo.

Destino Flechado ↑Kookmin↓Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora