Jungkook sintió el peso del mundo en sus hombros en el instante en que cerró la entrada del pasadizo. El eco de los gritos de Jimin aún resonaba en su mente mientras sus dedos permanecían un segundo más sobre la piedra fría. Cerró los ojos y respiró hondo, dejando que el dolor lo atravesara, pero sin permitir que lo debilitara.
Había algo devastador en la forma en que Jimin lo había mirado, con esos ojos llenos de miedo, de amor, de súplica. Pero también sabía que no había otra opción.
Si algo le pasaba a Jimin, si lo perdía… No, no podía siquiera pensarlo. No ahora.
Se giró con rapidez, mientras desenvainaba su espada con una precisión que hablaba de años de entrenamiento y disciplina. Corrió, sus pasos firmes y veloces, siguiendo al guardia que lo había alertado. El palacio temblaba con el estruendo de la batalla. Cada sonido —el entrechocar del acero, los gritos de advertencia, el crujir de la madera rota— le helaba la sangre, pero también encendía en él una furia imparable.
Descendió por los pasillos iluminados por antorchas, su cuerpo moviéndose con la certeza de quien conoce cada rincón de su reino. No pensaba en su seguridad. No pensaba en su título. Solo pensaba en proteger lo que amaba.
Cuando llegó al salón principal, lo golpeó la visión del caos.
Guardias del palacio luchando con todo lo que tenían, escudos rotos, espadas ensangrentadas. Incluso algunos nobles, con el rostro desencajado por la desesperación, empuñaban armas para defender su hogar. El mármol blanco del suelo estaba manchado de rojo. Las ventanas rotas dejaban entrar la brisa nocturna, helada como la amenaza que los rodeaba.
Los invasores eran numerosos y desconocidos, vestidos con ropas oscuras y sin escudos que revelaran su origen. Iban directo al corazón del palacio, y eso solo podía significar una cosa: sabían a quién buscaban.
Jungkook apretó los dientes.
Corrió hacia el conflicto sin dudar, su hoja encontrando a los enemigos con precisión letal. La furia lo guiaba, pero también la responsabilidad. Cada golpe que daba era por su pueblo.
Las botas del nuevo rey de Mandeok resonaban contra el mármol manchado de sangre mientras avanzaba por el salón principal, su espada aún caliente por los últimos cuerpos que había derribado. Respiraba con dificultad, pero sus ojos, oscuros como la tormenta que se avecinaba, no perdían enfoque. No había lugar para el cansancio. No mientras su reino ardiera.
Fue entonces que lo sintió.
Una presencia detrás de él, rápida y despiadada.
Se giró justo a tiempo, levantando su espada para bloquear el golpe de un atacante vestido con telas oscuras, el rostro cubierto hasta los ojos por una máscara desgastada. Sus movimientos eran torpes pero brutales, como si la rabia lo guiara más que el entrenamiento. Jungkook desvió la hoja de la espada, retrocediendo apenas medio paso, cuando una segunda figura emergió de entre los escombros de una columna caída.
Dos contra uno.
El rey no vaciló.
—¿Creen que pueden con el trono de Mandeok? —escupió con furia, su voz grave cortando el aire como su espada.
El primero atacó de nuevo con un grito salvaje, y Jungkook giró su cuerpo, esquivando por centímetros mientras contraatacaba con un golpe que atravesó la defensa del enemigo, cortándole el costado. El hombre cayó con un gemido gutural, pero el segundo no le dio tiempo a respirar.
Un nuevo tajo. Jungkook lo bloqueó. Otro, y otro más. Las espadas entre chocaban como relámpagos, y cada golpe era un intento de vida o muerte. Jeon usó su entorno a su favor, empujando una mesa rota con el pie para hacerlo tropezar y, con un rugido, lo atravesó justo en el pecho. Cayó inerte a sus pies.
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Destino Flechado ↑Kookmin↓
FanfictionPark Jimin, un doncel considerado rebelde es obligado a comprometerse con algunos de los candidatos presentes. Jeon Jungkook un príncipe que debe comprometerse para asumir su rol como futuro Rey. Dos príncipes negados a casarse pero con una obligaci...
